No se porqué me hice puta
Por Gemma Lienas
26 Sep. 2004Un amigo mío me envía un anuncio por palabras que ha encontradon el a prensa. Dice: “Sheila, bellísima, irresistible, pechos de primera, bombón de oro, escultural, nivel universitario, políglota, educadísima, super cariñosa... Tengo tantas cualidades que no se porqué me hice puta”.
La consejera de Interior, Montserrat Tura, visitó ayer algunos prostíbulos del Empordà en horas nocturnas, las horas en que los puteros llegan en masa. En una iniciativa muy loable y singular se interesó por la higiene de los locales y por las condiciones de trabajo de las chicas. No creo, sin embargo, que les preguntara por que razón se habían hecho putas. Entre otras cosas porque ellas habrían podido contestarle que no tenía porque conocer sus motivos para elegir una profesión u otra. Seguramente -y lo digo en base a los reportajes que he visto o leido sobre la prostitución- el principal por no decir el único móvil es el económico. Ello suponiendo que hayan tenido la libertad de elegir, claro, que no es la situación más frecuente. Ni elige la chica de la Europa del este que deja su país deslumbrada por una oferta de trabajo fantasmagórica, ni eleige la colombiana que, incapaz de prolongar uno o dos años más el alejamiento de los hijos que le esperan en Colombia, decide ganar dinero de forma más rápida que limpiando casas, ni elige, sin duda, la que ha estado introducida por fuerza o la que ha estado impulsada por un ambiente familiar que invitaba a muy pocas cosas más. Algunas de las prostituidas -me atrevo a decir que una minoría- dicen que han llegado a ello libremente, y también ellas confiesan una razón económica: quieren ganar dinero rápido. Y sin mucho esfuerzo, añade alguien.
¿Sin esfuerzo? ¿Os imaginais la obstinación que debe necesitarse para ir a la cama con un tipo calvo, con barriga y con halitosis, que, encima eixte un beso negro? ¿Y entrar en un hotel de mala muerte -o no- al lado de un tipo con un aspecto de tal manera que el de Jack Nickolson en pleno delirio psicopático resulta una expresión angelical?. Mucho esfuerzo creo yo que es necesario.
Por otro lado a mi lo que me habría gustado es que la consejera investigara las motivaciones de los clientes. Claro, la más evidente la entiendo y la comparto: deseo, necesidad sexual. Pero ¿comprar el sexo? Resulta una manera extraña de relacionarse con otro cuerpo. Inevitablemente indica una relación de poder: yo estoy por encima tuyo y te compro. Seguramente, sin embargo, la mayoría de clientes no deben ser conscientes de este juego extraño y poco recomendable que establecen cuando se van a la cama con una puta, de manera que no habrían podido contestarle a Tura: lo hago proque me gusta tenerla a mi disposición, saber que soy dominante.
Y finalmente, habría sido extraordinario conocer las razones con las cuales se habrían justificado los proxenetas. ¿Se habrían presentado como ETTs? ¿Como ONGs de ayuda a las inmigrantes? Estos si que lo tienen fácil: no arriesgan la salud ni la vida como ellas, ganan millones sin hacer excesivo esfuerzo y, además, ahora que sus colegas europeos lo tienen crudo por las ilegalizaciones se forran abriendo puticlubs cerca de la frontera.
De manera que no sabemos porqué Sheila se hizo puta, pero es fácilmente comprensible porqué los proxenetas han elegido este, digamos, oficio.
Fuente: Mujeres en Red

Meneame
del.icio.us











