La prostitución legal en Las Vegas*
Por Bob Herbert
Septiembre 11, 2007Debo haber tocado un nervio. Mientras que en Las Vegas la semana pasada, entrevisté al alcalde Oscar Goodman, quien con entusiasmo explicó cómo la legalización de la prostitución y la creación de una serie de “magníficos burdeles” podrían ser una bendición para el desarrollo de su ciudad.
Las Vegas ya es un paraíso de proxenetas, johns** y pervertidos, y yo acusé al alcalde en una columna anterior de haber marcado el tono “para la degradación sistemática e institucionalizada” de las mujeres.
Al señor Goodman no le complació eso. Mostrando hostilidad ante la prensa local, dijo que él no tenía uso alguno para mí, y agregó: “Tomaré un bate de béisbol y se lo romperé en la cabeza si alguna vez viene aquí”.
El alcalde, quien se hizo de un nombre como abogado defensor de mafiosos, realmente disfruta al ponerse en los zapatos de una personalidad bufonesca del tipo duro. (Nunca permite que nadie olvide que él tuvo una aparición como él mismo en la película "Casino"). Sin embargo, detrás de sus alardes estridentes, hay un tema serio que debe abordarse.
Muchas personas más consideradas que Oscar Goodman creen que la prostitución debería legalizarse como una manera de proteger y empoderar a las mujeres que van al comercio sexual. Yo ya he perdido la paciencia con esos argumentos, no importa qué tan bienintencionados sean. La prostitución en el mundo real, en cualquiera de sus formas, no se parece en absoluto a las fantasías de empoderamiento que los defensores de la prostitución proponen. Yo nunca he visto mujeres tan vulnerables e impotentes como las que hay en el comercio sexual, ya sea legal o ilegal.
En el Rancho de Sheri, burdel legal aproximadamente a una hora de Las Vegas, las mujeres tienen que responder como el perro de Pavlov a una campana que pudiera sonar a cualquier hora del día o de la noche. Puede ser las cuatro de la madrugada, y quizás la mujer esté durmiendo. O quizás no se esté sintiendo bien. Ni modo.
Cuando suena la campana electrónica, ella tiene cinco minutos para llegar al área de reunión, una gran habitación en la que se alineará con otras mujeres, prácticamente desnudas, y someterse a una humillante inspección por parte de cualquier cliente potencial que ande casualmente por ahí.
“No es divertido”, me susurró una de las mujeres durante un recorrido por el burdel.
Lo primero que hay que entender acerca de la prostitución, incluída la prostitución legal, es que el elemento de coerción casi siempre está presente. Pese a la ficción de que ellas son “contratistas independientes”, la mayoría de las denominadas “prostitutas legales” tienen proxenetas; los proxenetas aprobados por el estado que administran los burdeles y, en muchos casos, un segundo proxeneta que controla todos los demás aspectos de sus vidas (y toma la mayor parte de sus ingresos legales).
Ellas difícilmente tienen poder. Años y años de estudios han demostrado que la mayor parte de las prostitutas son empujadas al comercio en los primeros años de su adolescencia por hombres adultos. Un gran porcentaje son víctimas de incesto u otras formas de abuso sexual infantil. En su mayoría viven en la pobreza extrema. Muchas son drogadictas. Y en su mayor parte están plagadas por niveles devastadoramente bajos de autoestima.
Y luego están los ejércitos de mujeres y niñas que son traficadas para el sexual por parte de criminales organizados, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Es una atrocidad que una ciudad, un estado o cualquier otra entidad del Gobierno de Estados Unidos pueda legalmente autorizar la degradación sexual de mujeres y niñas bajo cualquier circunstancia, ya no digamos aquellas que son sumamente vulnerables. Y si usted no piensa que la prostitución legalizada tiene que ver con la degradación, considere la “habitación de citas” en el Rancho de Sheri. Se trata de una pequeña habitación en la que se puede servir una cena para dos. Debajo de la diminuta mesa hay un par de toallas y un cojín para que la mujer se hinque.
El único que tiene poder en esa situación es el john.
Con todo y el concepto de magnificencia del alcalde Goodman, los burdeles legales de Nevada no son lugares agradables. “El único lugar en el que alguien me apuntó alguna vez con un arma fue un burdel legal”, dijo Melissa Farley, psicóloga e investigadora que ha estudiado el comercio sexual en Nevada desde hace dos años y medio.
Farley, quien ronda los 60 años y tiene la apariencia de una profesora universitaria, fue amenazada a punta de pistola por un proxeneta legal al que no le gustó su actitud. “Intenté cambiar la mirada en mis ojos, de inmediato”, dijo.
Cualquier investigación honesta de los hechos sobre la prostitución, a diferencia de las teorías abstractas -en cualquier forma- revelaría un espectáculo de horror. Es por eso que las autoridades de tantos otros países del mundo que oficialmente le han dado luz verde a la prostitución, incluidos Alemania y Holanda, han estado reexaminando sus políticas.
La prostitución legal tiende a aumentar la prostitución ilegal, en parte al crear un clima más amigable para la demanda. Tiende a incrementar, no reducir, el tráfico sexual. Además, la reciente explosión de prostitución en todas sus formas promueve la sexualización de niñas a edades cada vez menores.
Oscar Goodman debe ser considerado como una llamada de alerta. Como sociedad, deberíamos ofrecer ayuda a los muchos miles de mujeres que desean escapar de la prostitución, y ofrecer alternativas a quienes están en peligro de ser atraídas hacia ella.
Fuente: NYT
* Título original de este artículo: "Fantasies, Well Meant"
** Johns = Puteros o prostituyentes ("clientes" para los reglamentaristas)

Por Bob Herbert
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