La prostitución y las iglesias
Extracto del Capítulo 5: "Los parásitos de la prostitución", del libro "Ninguna mujer nace para puta" de Sonia Sánchez y María Galindo.
El libro es una conversación entre las autoras.
Las Iglesias
Padre nuestro si estás en los cielos,
líbranos de curas sermoneros, de obispos hipócritas
y de dedos y poderes que condenen a las mujeres.
Sonia: A las Iglesias las siento también como una ONG. Hacen sus proyectos para trabajar con las putas, pero desde la culpa. Al punto que para aprender computación teníamos que llegar una hora antes y rezar. O asistir a la misa que daba el padre Grassi, un sacerdote acusado de pedofilia y al que enviaron especialmente a esa iglesia de Flores porque tenía que trabajar con las putas. En Pascuas les lavaba los pies. Parece un detalle, pero es un ejemplo de cómo se parte de la culpa. Imagínate: nuestro punto de partida era decir "nosotras no somos culpables", y la Iglesia trabajando nuestra culpa. Es por eso que no te plantean integrarte de otra manera en la vida social. Lo que se hace desde la Iglesia con las mujeres en situación de prostitución es un proceso de domesticación basado en la culpa.
El horario, por ejemplo, el disciplinamiento que ejercen desde allí; te atrasabas dos, tres minutos y te cerraban la puerta en la cara.
Luego está también el lenguaje. A las monjas les llamábamos "hermanitas", imponen un respeto supremo.
Otro punto es que apelan a la caridad. Ellas lo que tienen contigo es caridad, dándote de comer cuando vas allá, a recibir la donación de Caritas, la ayuda de los evangelistas, todos construyen desde ese lugar.María: Nosotras trabajamos con un grupo de monjas y me llevé muy bien con ellas, porque pudimos hacer algunas cosas de cambio hasta que el obispo mandó parar la cosa. Pero definitivamente eran una excepción. Ellas entendían su lugar como una transgresión dentro de la propia Iglesia. Creo que en el tema de la Iglesia está la cuestión del asistencialismo. El asistencialismo sí que es un mecanismo que te mantiene donde estás, que te hace sentir que tú eres incapaz, que recibes un bien, que debes sentirte culpable.
Sonia: La culpa trabaja al mismo tiempo sobre el concepto de arrepentimiento. Nos instalan un discurso de autoculpabilización y de sumisión. Después de ese proceso las compañeras que venían a la organización, si estaban en alguna Iglesia, no entendían nada de lo que nosotras decíamos, estaban completamente confundidas.
La Iglesia usa a la puta como única gran pecadora, como "la más sucia" y en ese discurso jamás puedes levantar la cabeza, siempre vas agachada y avergonzada.María: ¿Cómo opera el asistencialismo en las mujeres en situación de prostitución?
Sonia: Opera sobre la vulnerabilidad. Eso es lo que leo.
Es agarrarte de la mano y llevarte de la mano, no soltarte.
Y en la otra Iglesia, en la evangelista, primero tienes que pasar por dos o tres oficinas; en una rezas, en otra firmas papeles, y recién retiras medio kilo de azúcar, medio de yerba, medio de lo otro. Te enseñan a depender, a que siempre tienes que depender de otro. Y eso es asqueroso.
Yo dije: "Basta. Si ustedes van a las monjas y dicen 'vamos con las monjitas' con mucho cariño, cuando vienen acá, ¿qué dicen? '¿vamos con las putitas?'. Basta de monjitas: son monjas y punto". Yo sentía que las compañeras lo decían desde ese cariño, esa cosa de mucho respeto. Pero en el fondo no sé si ese respeto es miedo.María: Entonces es un parasitismo el de la Iglesia que fomenta la culpa, que está basado en el asistencialismo y una relación jerárquica; una cuestión de respeto que no es respeto: es pleitesía.
Sonia: Pleitesía, sí, es una buena palabra. La pleitesía es justamente eso, que el otro está por encima de ti y es superior a ti, es intocable, es algo que casi baja del cielo.
Bajan del cielo para seguirse metiendo en tu cama con la culpa y la vergüenza.

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