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Prostitución y feminismo (lecturas)

21/11/2007 GMT -6

Prostituirse no es una opción, es una desgracia

piezasdeaocho @ 19:42

 

PROSTITUIRSE NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA DESGRACIA

Por Elvira Siurana *

 

En los años de la lucha contra la esclavitud muchas voces se alzaron advirtiendo que la abolición sería un disparate y que consistiría una desgracia para los esclavos, ya que éstos quedarían sin casa y sin trabajo al perder a los amos que mal que bien los amparaban.

 

No todas las voces provenían de los sectores más retrógrados y puedo aceptar que no carecían de razón, ya que en los años posteriores a la guerra que se desencadenó en los Estados Unidos, entre el norte abolicionista y el sur esclavista, la promulgación de la abolición no supuso que todos mejoraran de vida. Sucedió que a algunos sirvientes que antes tenían techo y comida, la dignidad de pasar de ser esclavos a ser ciudadanos libres les sumió en la miseria. Sin embargo hoy en día ninguna mente progresista, o simplemente sensata, se plantearía defender que la esclavitud era necesaria para que la gente viviera mejor.

 

Un número importante de esclavos afroamericanos luchó en esa guerra en contra de su derecho a ser libres y a favor de sus amos que defendían la perpetuación de la esclavitud. Todos estaríamos de acuerdo en analizar ese fenómeno como un caso típico de alienación.

 

Sin embargo en aquel momento histórico los argumentos de ambas partes parecían razonables. Existía una compleja legislación al respecto. La tenencia y la compra de esclavos estaba reglamentada y algunos proponían mejoras a ese reglamento. Hoy sabemos que defender el mantenimiento de una sociedad esclavista es inadmisible. Porque los seres humanos merecemos ser tratados dignamente y el hecho de ser esclavo, es en sí mismo degradante.

 

El paralelismo con el debate que ahora nos planteamos, entre la abolición o legalización de la prostitución es diáfano. En realidad la prostitución es un vestigio de las prácticas esclavistas que en el caso de las esclavas mujeres incluían la disponibilidad para ser usadas sexualmente por los amos.

 

Tienen razón las voces que advierten que abolir la prostitución supondría privar de su medio de vida a muchas mujeres y puede que tardaran tiempo en reinstalarse en otra manera de vivir. Es cierto que durante algún tiempo, -no toda la vida-, algunas -no todas- de las mujeres que ejercen la prostitución pueden ganar bastante más dinero que una obrera, o una empleada. Y quizás un chapero pueda comprar algunas cosas más, y tomar mejores copas que un obrero. Pero con un criterio de izquierda, ¿debemos defender que si se gana más dinero ser chapero es mejor opción que ser obrero? ¿Acaso el valor del dinero es lo único a tener en cuenta?

 

En el momento que la izquierda lucha en el mundo contra la globalización del capital, y se opone al reinado absoluto del libre comercio ¿vamos a defender que prosiga el comercio de seres humanos? ¿O alguien sigue pensando que las mujeres no son exactamente seres humanos? El cliente que compra un servicio sexual ¿ve a la servidora sexual como su igual? ¿Acaso las mismas palabras “servicio” sexual, o “servidora” no nos remiten a un mundo medieval de siervos y amos?

 

Demasiadas veces la izquierda ha errado sus posturas en lo concerniente a las mujeres. El feminismo era un fenómeno burgués. A las mujeres no debía dejárseles votar porque lo harían mal. Ahora algunos sindicatos obreros, están otra vez eligiendo la opción equivocada al pedir la legalización de la prostitución.

 

La prostitución no favorece el derecho a elegir libremente el uso del cuerpo. El amor libre que pregonaban nuestros mayores nada tiene que ver con la compra mezquina de la mamada que se le exige a una mujer sin opciones. Es todo lo contrario.

 

El cliente del prostíbulo tiene rasgos muy parecidos a los del terrateniente que mientras existía el esclavismo lo utilizaba en su beneficio. No estamos tan lejos y no hemos cambiado tanto. Pero el propósito de la izquierda es cambiar el mundo y sus miserias. Y la prostitución es producto de la miseria. Es comprensible que una mujer en la necesidad de sobrevivir o de sacar adelante a su familia se prostituya. No es tan comprensible que el cliente no sea capaz de ver que esa mujer se somete a sus deseos sólo porque necesita el dinero que‚ él le paga. Ese abuso de poder ¿es ceguera, o es fascismo?

 

¿Se puede defender que la prostitución es una profesión tan digna como otra cualquiera? ¿La queremos para nosotros o nosotras? ¿Para nuestros hijos o hijas? ¿Es una profesión? Si es una profesión ¿Debemos plantearnos seriamente que los trabajadores de los astilleros que ahora van a ser despedidos pueden reconvertirse, contratándose en un prostíbulo para ejercer esa profesión? ¿Es una opción deseable? ¿Es eso lo que defiende Comisiones Obreras cuando pide la equiparación de los/las trabajadores/as del sexo al resto de los trabajos? ¿O solamente en el caso de que sean mujeres? ¿O quizás sólo en el caso de que sean mujeres emigrantes?

 

¿Es realmente progresista y liberador que se legalice el comercio sexual, se reglamente su compra-venta, se organicen prostíbulos semejantes a supermercados, se recalifique a chulos y proxenetas como los nuevos empresarios? Empresarios dispuestos lógicamente a sacar el máximo rendimiento a su mercancía. ¿Se tiene en cuenta que la mercancía son seres dotados de sensibilidad, inteligencia, sueños, deseos y preferencias?

 

Siguiendo el reaccionario argumento a menudo esgrimido, de que es una realidad y mientras exista es mejor que se haga en buenas condiciones podemos justificar cualquier barbaridad. Por ejemplo la venta de órganos y su comercialización. Es algo que existe y está en manos de mafias. ¿Sería mejor reglamentarlo y poder hacerlo en mejores condiciones? Los riñones se extirparían en un quirófano, con anestesia. Se haría un buen seguimiento al paciente. Eso impediría contagios al receptor y quizás una mejor recuperación al vendedor. Y las clínicas que más riñones vendieran, y de mejor calidad prosperarían y cotizarían en bolsa. Y sus médicos y gerentes serían empresarios prósperos. Seguramente sus hijos no tendrían que vender los riñones, pero sí podrían comprarlos con garantías. No habría problemas. ¿Realmente la lógica del capital va a llevarnos a eso?

 

Que no nos confundan. La prostitución, como la esclavitud, es una antigua y lamentable práctica de explotación de seres humanos en su grado máximo. Es un lamentable vestigio del pasado, es una forma de tortura física y psíquica. No es una cuestión negociable. Hay que abolir el comercio sexual y exigir para todos los seres humanos el derecho a gozar del sexo en libertad.

 



* Elvira Siurana es secretaria del Partido Feminista de Cataluña, coordinadora de la revista Poder y Libertad, y editora de Vindicación Feminista Publicaciones.

 

Este artículo fué publicado en la revisa Poder y Libertad en su N° 34, dedicado a la prostitución (no tiene enlace directo).

 

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