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Movimiento Feminista por la Abolición de la Prostitución (lecturas)

22/07/2007 GMT -6

La prostitución “forzada” frente a la prostitución “libre”

piezasdeaocho @ 18:09

Extracto sacado del "Informe para el Relator Especial sobre Violencia Contra la Mujer", de Naciones Unidas. Puedes descargar el informe completo haciendo clic aquí o en la dirección que está al final de esta lectura.

Por Janice G. Raymond, Coalición Contra el Tráfico de Mujeres.

janice_g_raymond.jpg La distinción entre prostitución “forzada” y “libre” es precisamente lo que la industria del sexo quiere, porque dará a la industria mayor seguridad y estabilidad legal de lo que siempre ha tenido. Será virtualmente imposible para las mujeres, especialmente las mujeres de los países en desarrollo, demostrar que ellas fueron forzadas a la prostitución o sexualmente explotadas en contra de su voluntad, si la definición de forzar es limitada y comenzamos a hablar sobre “prostitución forzada” solamente.

Notamos con preocupación que el Informe de Relator Especial parece implicar que un número significativo de mujeres en la prostitución “se convierte en prostitutas a través del ejercicio de la elección racional”. De los testimonios orales históricos recogidos de las mujeres en prostitución, muy pocas de ellas realmente eligen entrar a la prostitución[7]

Mucha prostitución es mantenida a través de la fuerza premeditada y el abuso físico pero, a menudo, este es el resultado del abuso sexual y emocional previo, privaciones y desventajas económicas, marginalización, pérdida de identidad, reclutadores depredadores, engaños y trampas, manipulación y decepción. La falta de programas que ayuden a las mujeres a dejar la prostitución y las dificultades que enfrentan las mujeres en salirse significa que solamente las más determinadas y afortunadas pueden salirse. Aún incluso aquellas pocas mujeres en la prostitución quienes no son controladas por alcahuetes no son libres en el sentido de que tienen que someterse a las demandas de los hombres quienes las compran a cambio de sexo.

Muchas mujeres en la prostitución no hacen una “elección racional” de entrar o quedarse en la prostitución. Debemos diferenciar entre condescendencia y consentimiento. La mujer prostituida condesciende con las demandas de los clientes. Su complacencia es requerida por el solo hecho de tener que adaptarse a las condiciones de desigualdad que son fijadas por los clientes quienes pagan para que ellas hagan lo que ellos quieran. El hecho de que un cliente pague dinero a una mujer o niño simplemente redefine como prostitución, a la violación, el abuso sexual y las lesiones que él comete.

Seguramente, la pregunta no es por qué las mujeres eligen entrar en la prostitución, sino por qué muchos hombres eligen comprar mujeres y niños en la prostitución. Es su “elección racional”, su derecho a hacer lo que ellos quieran con el cuerpo de otra persona –no la elección de ella o sus derechos- que son promovidos en la prostitución. Hay que tener cuidado y estar consciente que los derechos de los hombres son disfrazados como los derechos de las mujeres. Nosotros recomendamos que el Informe del Relator Especial se enfoque más en el rol y la responsabilidad del cliente en crear demanda por la prostitución. Si este asunto de la elección debe ser discutido, déjelo ser discutido en el contexto de que es el hombre quien compra el sexo de la prostitución. ¿Por qué los hombres eligen comprar los cuerpos de millones de mujeres y niños llamándolo sexo?.

Hay quizás un pequeño número de mujeres que “eligen” entrar en la prostitución. No dudamos que algunas mujeres dicen que ellas lo han elegido, especialmente en contextos públicos orquestados por la industria del sexo. De la misma manera, algunas personas eligen tomar drogas peligrosas como la heroína, bajo condiciones que ellos no eligieron originalmente y que no debieran elegir ahora tampoco, si le ofrecieran algo diferente.

Sin embargo, aún cuando una persona elige tomar drogas peligrosas, reconocemos que el uso de las drogas es dañino. En esta situación, es un daño a la persona, no al consentimiento de la persona, que es el estándar gubernamental. No podemos permitir a la industria del sexo, e incluso a las organizaciones no gubernamentales, racionalizar la existencia de la prostitución basada en ese uso oportunista del consentimiento y la negación del daño a mujeres y niños.

Aplicando las palabras “forzada” y “libre” a la prostitución, se proponen crear categorías sin contexto y distinciones sin significado. La industria del sexo no distingue entre “forzado” o “libre” mientras alienta a otros para hacerlo. Esas categorías promueven la visión de la prostitución como un acto individual de una mujer individual y esconden el papel de una enorme industria global que empuja a mujeres y niños a la prostitución. Tales distinciones delinean la responsabilidad para la modificación sexual de mujeres y niños tanto de los hombres que las compran, la industria que las recluta y la sociedad que tolera tales explotaciones sexuales.

Esas etiquetas tratan a la prostitución como una elección personal, ignorando la explotación sexual de la prostitución mientras que al mismo tiempo anuncian que la peor cosa acerca de la prostitución es la estigmatización. Pero la peor cosa de la prostitución es la violación y la violencia en contra de mujeres y niños.

Mientras enfatizamos el daño que es hecho a las mujeres reales y a los niños en la prostitución, debemos también notar que la explotación sexual en la prostitución es un daño para todas las mujeres. La violación sexual de cualquier mujer es la degradación sexual de todas las mujeres, privando a las mujeres de libertad de movimiento, y amenazando la seguridad de las mujeres. En un nivel más amplio, la prostitución define qué significa ser una mujer y lo que las mujeres tienen que hacer cuando cualquier otra alternativa fracasa. Limita las posibilidades de todas las mujeres. La prostitución manda el mensaje que las mujeres y niños son sólo productos sexuales, que los cuerpos de las mujeres son para venderse, que el acoso sexual es una manera aceptable y natural de tratar a las mujeres y niños cotidianamente, especialmente cuando los hombres pagan por ello.

No hay Convenciones de las Naciones Unidas que empleen el lenguaje de “prostitución forzada”. El artículo 8 de CEDAW, por ejemplo, se refiere a “todas las formas de tráfico de mujeres y explotación de prostitución de mujeres” –no de “prostitución forzada”. ¿Hablaríamos de “esclavitud forzada”, “genocidio forzado”, “violación forzada”, “tortura forzada”, “apartaheid forzado?”. No, no lo haríamos, simplemente porque el significado de fuerza está inherente en las palabras mismas. Igualmente, iría en contra del espíritu de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, siglos de activismo en derechos humanos, y del intento de muchas Convenciones de las Naciones Unidas y conferencias para restringir la violación de la prostitución a “prostitución forzada”.


[7] Vea testimonio oral citado en “Prostitution is Cruelty and Abuse to Women and Children”, Feminist Broadcast Quarterly, Primavera, 1993 por Susan Kay Hunter. Hunter es la Coordinadora de Operaciones para el Consejo de las Alternativas a la prostitución. También vea testimonios orales históricos recogidos de mujeres en prostitución de WHISPER, 3060. Bloomington Ave. So. Minneapolis, MN 55407 USA. Selecciones citadas en Evalina Giobbe, “Prostitution: Buying the Right to Rape”, en Ann Wolbert Burgess, (New York: Garland Publishing, Inc.),1991.
 

FUENTE: http://action.web.ca/home/catw/attach/Informeparaelrelatorespecial19951.doc

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