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Prostitución y feminismo (lecturas)








"En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo 'plazas',
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu
esquina, les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen 'trata'."


--Sonia Sánchez, coautora del libro "Ninguna mujer nace para puta""





“La prostitución tiene que ser entendida como violencia sexual contra la mujer” --Feminismo Radical

Categoría: Testimonios

02/10/2009 GMT -6

La cruz de la puta

piezasdeaocho @ 13:39

28 de septiembre de 2009

Al leer el mail sobre del nombramiento de personalidad destacada en DDHH, me hizo recordar un llamado de teléfono hoy a la tarde a mi casa, era para avisarme que “Luisa”, mujer que esta siendo prostituida desde sus 15 años hasta ahora que tiene 60 años, en plaza flores, esta con una anemia galopante (palabras textuales y graficante),.
“Luisa” no solo tiene anemia, tiene chagas, tiene problemas de corazón, tiene VIH/sida hace más de 9 años, y la prostituye, la viola, la tortura, el hambre, la pobreza, la omisión, la indiferencia y el “trabajo sexual”.
“Luisa” hoy 28 de septiembre 2009 no esta hospitalizada (necesita transfusión de sangre urgente) porque no hay cama en el hospital del bajo flores donde apenas puede llegar después de tomar dos colectivos desde su casa. No hay una cama para ese cuerpo atravesado de violencia y enfermo pueda curarse, pero sí estaba un banco vacío esperándola en plaza flores para que ejerza de puta.
Plaza flores esta siendo el cementerio de muchas mujeres prostituidas, que no pueden huir de ese campo de concentración a cielo abierto, donde solo encuentran la libertad cuando mueren.
“Luisa” habla despacio, camina lento, su cuerpo es flaco y frágil, cuando le dan el alta en el hospital, ella no tiene el privilegio de ir a su casa, tiene que venir a la plaza flores, allí la están esperando sus violadores–torturadores para prostituirla, porque saben que ella no puede decir NO, que ella es una mujer hambreada.
¿Puedo yo contarle a “Luisa” que van a premiar a la mujer que fortalece, promueve, incentiva, la tortura que ella esta padeciendo?
¿Puedo yo contarle a “Luisa” que la señora legisladora Gabriela Alegre, que nunca la vio caminando por la plaza flores premia a los torturadores–prostituyentes de ella?
Qué la señora legisladora Gabriela Alegre y a las demás legisladoras/es nunca le dijeron la frase que “Luisa” como puta y viviendo con VIH/sida escucha a diario ¿“cuanto sin forro”? ese forro que el sindicato le da como única respuesta a todas sus necesidades.
En este campo de concentración (prostitución) los cuerpos no solo es el campo de acción directo de torturas, sino que además son psicológicas, por ellos el 90%, de las mujeres prostituidas terminan alcohólicas, empastilladas, inducidas al suicidio, y asesinadas.
Argentina tiene como practica la desaparición de personas, la mutilación de los cuerpos, y ahora la premiación a la tortura.
Decir que la señora Elena Reynaga es premiada es equivocarnos, los premiados son los torturadores, los violadores que además son prostituyentes, premian a una central de fiolos argentinos, premian a la violación masiva de mujeres, premian los derechos humanos de los torturadores.
Me pregunto ¿para cuando los premios a Masera, Videla, y a Astid?, para cuando el premio como persona destacada en los derechos humanos a Adolfo Hittler señoras y señores legisladores?,
Ante este premio solo me queda por decir:
“aun muerta el cuerpo me sigue doliendo”
Sonia Sánchez
Ninguna mujer nace para puta

Fuente: Blog de Sonia Sánchez

14/07/2009 GMT -6

Entrevista a Sonia Sánchez: "La puta es el reflejo de la base de sometimiento de todas las mujeres"

piezasdeaocho @ 20:55

La siguiente entrevista a Sonia Sánchez, coautora del libro "Ninguna mujer nace para puta" fué realizada el 26 de noviembre, un día después del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Sonia Sánchez es coautora, con María Galindo, del libro Ninguna mujer nace para puta. Es brutal cuando se refiere al tema. Fue prostituta y participó de las dos organizaciones que las nuclean (AMMAR y AMMAR Capital), pero se fue de ambas, con el deseo de organizarse no sólo entre putas y discutir el tema con toda la sociedad. Charlamos con ella porque coincidimos en que hombres y mujeres debemos discutir la prostitución para desnaturalizarla. Nos conmovió refiriéndose a la reciente muerte de una mujer de Flores en situación de prostitución. Eva padecía VIH. Sonia la entrevistó hace dos años.

Haz clic en el triángulo para escuchar

Fuente: La Retaguardia - am 770

10/05/2009 GMT -6

«La mayoría de los hombres no compran sexo para obtener placer, sino para sentirse poderosos» | Sara, ex prostituta

piezasdeaocho @ 17:30

12/9/2008

Aunque hoy en día casi todas las prostitutas que tienen su área de acción en Galicia proceden del extranjero, muchas son las gallegas que, en su momento, se vieron en la necesidad de vender su cuerpo para salir adelante. Sara tiene 48 años y nació en Vigo, lugar donde ejerció la prostitución durante 12 años. Comenzó en el oficio a los 17, después de que su madre la echara de casa porque quedó embarazada y no quiso abortar. En un principio comenzó de camarera en un local de copas y, tras nacer su hija, empezó a prostituirse porque el sueldo no le alcanzaba para mantenerla. Dejó la prostitución hace 18 años cuando conoció al que hoy es su marido. Parte del trabajo actual de Sara consiste en orientar a las chicas que ejercen la prostitución en las calles y en los locales de alterne.

Ella confiesa que en muchas ocasiones fue objeto de vejaciones y humillaciones. «La mayoría de los hombres compran sexo no para obtener placer, sino para sentirse poderosos. Los hace felices poder comprar a una mujer. Saber que ellos mandan y que una obedece», asegura. Según su experiencia el cliente medio es machista e intolerante. Aunque prefiere olvidar ciertos episodios de su vida, aún recuerda con angustia las agresiones sexuales que padeció. «Yo era joven e ingenua, confiaba en la gente sobre todo en una ciudad tan tranquila como Vigo. En una ocasión le pedí a unos clientes que me acercaran a casa y me llevaron a otro lado para abusar de mí».

Sara considera que cada vez son más los adolescentes que buscan los servicios de las prostitutas. «Muchos chicos de 15 años guardan la paga para comprar sexo. Es aberrante. Crecen con una idea errónea de la sexualidad y de la mujer», afirma.

Aunque no justifica la prostitución, entiende que muchas veces las mujeres que vienen de otros países se vean obligadas a vender su cuerpo para sobrevivir. «Para ellas todo es más difícil porque tienen que mandar dinero a sus familias. Aquí se abusa mucho de las inmigrantes sin papeles. Conozco muchos casos de chicas que, por no tener una libreta de ahorros o un aval bancario, pagan hasta 800 euros por el alquiler de un piso que no vale ni la mitad», dice Sara, quien se siente satisfecha de haber dejado el oficio. «Luché mucho para ganarme el respeto de la gente -señala- y hoy soy solo una vecina más. Tengo el cariño de mi marido, de mi hija y de mi nieto». Aunque al principio no fue fácil, los que fueron sus clientes la insultaban en la calle «cuando iban solos -aclara- porque cuando iban con la mujer sí que agachaban la cabeza».

Fuente: La Voz de Galicia

24/12/2008 GMT -6

In memorian de E.

piezasdeaocho @ 01:01

Lo siguiente es una entrevista a "Eva" publicada el 23 de agosto de 2006 en la agencia de noticias lavaca, y republicada el 25 de noviembre de 2008 en su memoria.

Eva: la cruel verdad

La mujer que llamamos Eva, en su cama del hospitalLa historia de la mujer que aquí llamamos Eva simboliza la situación de prostitución y humillación que forma parte del paisaje urbano, pero que muchos omiten mirar. Tiene 64 años, se inició como prostituta a los 20 en el Chaco, luego en Flores y Once, y ahora está internada en el Hospital Álvarez con diagnóstico de VIH. Sonia Sánchez, de Ammar Capital, la entrevistó obteniendo este excepcional testimonio para lavaca. Pobreza, discriminación, familia, el valor del dinero, clientes, golpizas, la vida cotidiana de la prostitución, los sueños, las confesiones susurradas, para comprender parte del mapa de la exclusión.

In memorian de E.

La mujer que aquí llamaremos Eva está en una cama del Hospital Álvarez, llagada, con un brazo roto, y pasó algunos días empapada ya que las enfermeras no querían atenderla al conocerse el resultado positivo de su examen VIH. Además, le diagnosticaron sífilis. Eva tiene 64 años, y se prostituía para poder comer. Sonia Sánchez, una de las fundadoras de Ammar Capital, ha estado largas horas acompañándola y compartiendo con ella sus dolores, en días que –irónicamente– los medios comerciales informaban profusamente sobre un congreso global en donde expertos de todo el mundo debatían acerca del Sida y la prostitución. Así nació la idea de esta entrevista para lavaca, como una forma de describir el rostro real del sida, su origen, y la situación que nadie parece querer mirar: miles de mujeres paradas en la calle para combatir la pobreza a fuerza de la humillación y la prostitución.
La relación con la familia, las golpizas de los clientes, la discriminación, el sentido práctico de la palabra “luchar por la vida”, el significado de los sueños. De eso y mucho más trataron Sonia, y la mujer que aquí llamaremos Eva, en una conversación con luces y sombras, de confesiones por momentos casi susurradas, junto a una cama del Álvarez.

-¿Dónde naciste?
-En Chaco, en Barrio Vernet. Y fui a Resistencia cuando tenía 18 años y tuve a mi primer hijo. A los 19 tuve al segundo y bastante después al tercero.
-¿Cómo empezaste a prostituirte?
-A los 20 años. En Resistencia, Chaco. Porque estaba sola con mis hijos, no me alcanzaba la plata del trabajo, mis hijos pasaban hambre, mi mamá pasaba hambre. Y bueno. Ahí, a los 20, yo ya fui (dice la palabra susurrándola, como si contara un secreto) prostituta.
-El hambre te empujó.
-El hambre, la pobreza me llevó a la prostitución. Porque en ese tiempo que te cuento, cuando mis hijos eran chiquitos ¿qué te pagaban por un trabajo? Dos pesos con cincuenta, cinco pesos. Claro, era plata, y no era plata: no me alcanzaba. Una vez hablando con una amiga, ya la tenía cansada pidiéndole plata. Me dijo: ¿querés ganar plata? Yo me reía, le pregunté cómo. Y me dijo: yo hago esto y esto. No digo que me llevó. Fui porque lo decidí yo.

>>> Uno o dos pases

-¿A qué edad llegaste a Buenos Aires?
-Acá hace 30 años que estoy. Mi hijo más grande tenía 7 años, el otro 6. Yo tenía mi casita en el Chaco, pero me trajo una hermana mía a vivir en un departamento de ella, para que se lo cuide, y de paso podía hacer atender a mi segundo hijo, porque tenía parálisis infantil. Ya tuvo cuatro operaciones. Yo vine con dos chicos y mi mamá. Y trabajaba por hora. Cuando llegué acá dejé la prostitución y trabajé en fábrica de costura, de planchado. Me llevaba al departamento para planchar y para coser: amanecía y anochecía así. Y por ahí, pegaba una salida, ¿entendés?
-Sí.
-Y hacía un pase o dos pases (N de R: con la palabra “pase” alude a tener sexo a cambio de dinero) antes de ir a mi casa, y era plata que me alcanzaba para mantener a la familia. Yo era el sostén de la casa.
-Después, volviste a Chaco.
-Y ahí sí me largué a trabajar a la calle.
-¿Fuiste detenida alguna vez?
-Sí, la detención era de 15, 20 y 30 días, y si te portabas mal, caías de nuevo. Yo estaba 30 días, salía y a los dos días caía 15 días más. Dos días, y volvían a darme 20.
-¿En ese momento sabías de los profilácticos, de las enfermedades de transmisión sexual?
-No, en ese tiempo no se sabía nada. Pero a las mujeres detenidas las llevaban al médico, y si la mujer estaba enferma no salía aunque cumpliera su condena.

>>>La batalla en el hotel Fénix

-¿Y qué pasó cuando empezaste a pararte en Flores y en Once?
-No me gusta mentir. Yo vine a laburar, y no me querían en la plaza porque no me juntaba con nadie. ¿Por qué? Porque miraba y si veía a la policía me piraba a mi casa, me rajaba, porque tenía a mi mamá enferma.
-Era la época de los edictos policiales.
-Claro, pero nunca fui detenida. Acá entraba y salía, entraba y salía. Nunca fui al asilo, yo sabía del asilo donde internaban a las que caían, porque las chicas contaban. Pero lo mío era unas horas, media hora, una noche. Nada más.
-¿Cuánto tiempo estabas en la calle?
-Tenía que estar siempre, como siempre. Por ahí tenía suerte, llegaba y la suerte me acompañaba, pero por ahí me pasaba toda una mañana desesperada por todos lados para poder hacer algo. No fue fácil.
-¿Tenías miedo?
-Nunca tuve miedo.
-¿Nunca, o te lo empolvabas, y lo disimulabas de otra manera?
-Yo no tenía miedo a nada, sabía todos los peligros. Cerraba los ojos y me iba. Yo era, te diría, sin conciencia. Si me tenía que hacer el peso, yo me hacía el peso. Pero a mí me han pegado, me han castigado, me han puesto cuchillo en la garganta.
-¿Quién, el prostituyente?
-Sí, yo me a acuerdo que ya había fallecido mi mamá, y estábamos muy pero muy pobres. Empecé a trabajar en limpieza otra vez. Pero bajaba de noche y me quedaba en la calle. Vine a Flores y empecé a trabajar bien. Todo salía bien. Llevé a un tipo al hotel, y me cagó a palos (se ríe), me pegó muchísimo. Primero me pagó lo que yo le pedí, pero después cuando estábamos en el cuarto me quiso sacar la plata. Me amenazaba, que le tenía que dar la plata porque había una mujer que era la que lo mandaba. Y que si no le daba la plata, esa mujer me iba a hacer matar. Yo le dije que no tenía miedo. Empezó a pegarme y yo también peleé, como un hombre. El tipo me quería encerrar en el baño, y yo no lo dejaba. Fui a abrir la puerta y le tipo viene corriendo y me pega un sopapo. Pero cuando levanta la mano yo aproveché para pegarle acá abajo, con tanta suerte que se cayó, y salí disparando. Fue ahí, en el Fénix al lado de Plaza Flores. Gracias a Dios no me sacó nada. Era lo de todo el santo día: ciento y pico de pesos me quería robar. Era la primera vez que me aguantaba las trompadas así, en la calle, trabajando. Quedé toda lastimada, pero no le di la plata. Pero te quiero decir: yo dejé de trabajar en la calle.

>>> Un peso, sesenta y cinco centavos

-¿Y de qué vivías últimamente?
-De lo que trabajan mis hijos, de lo que ustedes (por Ammar Capital) me ayudaban. Fui a lo de las monjas de Flores y ellas me daban mercadería. Empecé a estudiar corte y confección, a coser, y vivía de eso. Por ahí, si encontraba a algún amigo, algún conocido, podía ser, pero ya es distinto.
-No te ibas a parar todo el día. ¿Pero qué pasó con tu brazo, hermana?
-Yo venía una mañana a la oficina de Ammar Capital, iba caminando y me tropecé. Porque ese día no vine en colectivo. ¿Sabés por qué? No tenía plata. Tenía un peso y sesenta y cinco centavos. Les había dejado un peso a mis hijos para que compraran pan. Y cuando iba a tomar el colectivo, no venía, no venía, y dije “voy caminando y así me compro pan sin sal, todavía es temprano y voy a llegar bien”. Vine caminando medio apurada, me resbalé y me caí.
-¿Cuál es tu lucha ahora? Vos contabas que antes era mantener a tu familia ¿Cuál es hoy?
-Luchar por mi vida. Porque yo el año pasado tuve un derrame, que gracias a Dios quedé bien, pero después me hice todos los estudios y me dijeron que tenía VIH.
-¿Cómo fue ese momento?
-Fue muy amargo, cuando la doctora me lo dijo. Me avisaron que el análisis había salido mal. Al otro día me levanté a las 5 de la mañana, me vine de Merlo a Flores, y le digo a la doctora: ¿qué pasó? Me dijo:
“Salió mal el análisis de VIH, te vamos a hacer otro”.
Vine unos días después. Yo soñaba todo el tiempo con eso. Y me dijo de nuevo que había salido mal. VIH positivo. Reactivo decía, pero yo no entiendo. ¿qué es esto?
“Que tenés VIH. Pero además tenés sífilis”.
Y yo me largué a llorar. Y le dije:
“Doctora, ¿qué hago ahora? ¿Cómo hago?”
Porque además, me tienen que operar del corazón, me tienen que poner una válvula. Lloraba como una condenada. Me dijo:
“No sé, te voy a mandar a una infectóloga”.
Cuando salí lloré, lloré, y hablaba sola en la calle. A mí la enfermedad no me va a poder, de mis hijos no me va a quitar. Yo me voy a curar. Porque te voy a ser sincera, en ningún momento pienso que tengo realmente eso.
-¿Será una forma de protegerte?
-Puede ser, Sonia, todo puede ser.

>>> “No me toque ni la ropa”

-¿Esto que te pasa no s resultado de cuánto sin forro? Es un contagio, cuando sabemos cómo cuidarnos.
-Totalmente. Pero lo que yo no termino de entender es algo. Yo te dije que trabajaba de chiquita. Yo no sé con cuántos yuyos me fui a bañar para poder estar con mis chiquitos y sacarme el olor que tenía, porque yo me iba con cuanto borracho hubiera tirado por la calle si tenía plata. Fue años atrás. Yo me cuidaba de otra manera, no con preservativo. Yo nunca usé preservativo en ese tiempo. Yo usé preservativo hace menos tiempo cuando empezaron todas las campañas.
-El 98.
-Desde entonces usé preservativo. Pero antes no tuve nada, ni un contagio de nada. No es que me mande la parte. Una vez me dolía el vientre, impresionante, y yo pensé “acá me pudrí” como se decía antes. Fui al doctor y al día siguiente me vieron que tenía casi cortado el cuello de la matriz, por un animal que me agarró. Lo acepté por la plata, ¿entendés? Pero fue tan grande que me lastimó. Yo soy estrechita, y tengo la matriz baja. Por eso me lastimaron muchísimas veces.
-¿Sentís que además, ahora al estar aquí, hay discriminación?
-Sí que hay, acá me discriminaron. Cuando me interné hace unas dos semanas, estaba toda brotada, toda impresionante, y nadie me quería atender. Vino mi hijo y esa noche ni al baño pude ir. Estaba como ahora, con el suero y el yeso. Y empapada de hacerme pis. Y me miraban y decían: “ahora venimos”, pero se fueron. Nadie me trajo ni la chata, ni una toalla. A la mañana vino una enfermera que me dijo: “No me toque, por favor no me toque ni la ropa”.
-¿Contestaste algo?
-No, esos primeros días yo era como un perrito, me sentía muy mal, muy dolorida. Lo único que hacía era rezar y pedirle a Dios que me ayude, que yo lo necesitaba. Pero no me daban bola y yo no tenía ni ganas de discutir. Siempre soy contestadora. Pero no quería ni hablar. Pero a esa enfermera yo le dije otro día: “usted no me quiso atender”. Ahí vino mi hijo que se puso re mal y dijo “yo la voy a llevar a mi mamá al baño” y las enfermeras entonces dijeron “no vos andate tranquilo. Al final vinieron toda la noche a preguntarme si me sentía bien y me atendieron de maravilla, pero le tuvimos que hacer frente. Recién ahí me atendieron. Hasta me habían puesto un barbijo, yo no tengo problema, si lo tengo que usar lo uso. Pero vino el doctor y me lo sacó de un tirón.

>>>No hay que hacer hijos

-Si pudieras ver al ministro de Salud ¿qué le dirías, qué le reclamarías como persona de 64 años que estás luchando por tu vida con VIH?
-Yo pediría que me ayuden con una pensión porque yo no tengo nada, y me corresponde. Yo estaba haciendo los trámites para que digan cuánto de invalidez tengo por lo del corazón. Porque ya no sirvo para trabajar. Y ahora menos que menos tengo de qué vivir. Porque hasta hace unos meses yo me mantenía haciendo almohadones, manoplas, y las vendía. Aparte de las changas. Tengo un hijo que no consigue trabajo y vive de changas. Ellos tampoco tienen. Porque si tuvieran, yo no necesitaría nada, los obligaría a que me mantengan porque si yo luché tanto por ellos, ellos tienen que hacer algo por mí. Me dan lo que pueden, pero el día que yo no consigo un kilo de azúcar o un pedazo de pan para comer, no come nadie. Y mi hijo es un hombre grande, ya tiene 46 años el mayor. El más chico va a cumplir 31 años. Él es pensionado. Porque él no ve. Si se enteran que es pensionado, me tiene que mantener con la pensión de él que es de 300 pesos, poco más.
-¿Y el resto de tu familia sabe lo que te pasa?
-No, no lo sabe, no quiero que sepan. Mi hermana es viejita, y ella nunca se ocupó de mí. Fui discriminada por mi familia.
-¿Por qué?
-Por lo que yo hice. Por prostituta. Mi hermano era policía, sargento primero retirado, se retiró por enfermedad. Él y mi hermana jamás me ayudaron, ni cuando yo atendía a mi madre. Ellos tenían toda una obligación de familia, que no cumplieron, y me la hicieron cumplir a mí que era la más chica. Cuando iba a tener a mi hijito más chico mi hermana me dijo: “Vos tenés que dejar de hacer hijos, y acomodar esta casa para que mamá viva como la gente”. Una vez estábamos en el Chaco, hacía dos días que no comíamos. Cuando me dejó mi marido. Mi hermano vivía a dos cuadras. Mi mamá fue a pedirle fiado a la señora del almacén, Jacinta. Un kilo de azúcar, mortadela, quesitos, yerba y panes. Mi mamá no podía comer eso porque era enferma del corazón, pero cuando no teníamos nada comía cualquier cosa. Y después fue a verlo a mi hermano Oscar. Me dijo: “mirá hija, estás haciendo un gran sacrificio, hiciste una casa como la gente, yo estoy con todas las comodidades, hoy porque tenés un hijo y no podés ir a trabajar, nos estamos muriendo de hambre. Voy a hablar para que nos ayude”. Hacía 40º de calor y ella fue a ver a mi hermano. Y él le dijo, te juro Sonia: “así que querés comer? Sentate que te doy un plato de comida. Porque lo que es a tu hija no vas a llevarle ni un pedazo de pan ni para ella ni para los guachos que tiene, porque para tener un hijo hay que tener dignidad”.
Pero no me estaba negando a mí, le estaba negando a la madre. Entonces mi mamá lloró, lloró, y le dijo: “Está bien Oscar, mirá lo que te voy a decir: ustedes por hijos de mil puta que son tanto vos como tu hermana, no van a tener la suerte de verme en el cajón”. Yo no tenía idea de venir a Buenos Aires, y mi mamá me trajo.

>>>Clientes de años

-Decías que la enfermedad no va a poder con vos. ¿Estás pensando cómo seguir adelante?
-Yo no pienso en la enfermedad. Yo sé que estoy enferma, sé que me tienen que operar del corazón. Y cuando me componga voy a seguir con mi costura, voy a seguir adelante. Así tenga que ganar dos pesos, en ningún momento dejo de pensar que tengo que trabajar. Y que me tengo que curar.
-¿No pensaste quién pudo haberte contagiado?
-No, porque no tengo idea de cómo me pasó esto. Yo, contando bien pero bien, hace más o menos dos años que no trabajo. Alguna vez después me iba con clientes que conocía, clientes de años que me pagaban muy bien. No lo voy a negar. Pero no sé quién fue. Ahora hace poquito que estoy tomando las pastillas.
-¿Y tus hijos?
-A ellos les conté. Les dije “yo les pido mil perdones por lo que me pasa, por Dios, les pido perdón”. ¿Y qué te pasa? “Tengo VIH” ¿Estás segura, por qué nos pedís perdón? Sí, les pido perdón por haber llegado a lo llegué. Pero me daba mucha vergüenza que después de 64 años me pasara esto, una vieja como yo. Bah, yo no me siento vieja, me sigo sintiendo joven. Pero a esta edad...
-¿Ellos sabían que te prostituías?
-De chicos no. Cuando los grandes ya tuvieron 18, 19 años, los llamé: “Les quiero decir algo, yo me mantengo de la prostitución. Si ustedes quieren rechazarme están en todo su derecho, y yo estoy del lado de ustedes si tienen vergüenza de una madre prostituta. Pero yo les pido mil perdones y si ustedes quieren irse de mi casa ahora que se pueden mantener solos, pueden irse. Pero yo soy, y voy a seguir siendo, de esto no me saca más nadie. Yo igual los voy a tener en mi corazón porque ustedes son mis hijos siempre, de acá a los siglos. Pero si quieren despreciarme tienen todo su derecho”.
-Qué momento. ¿Qué te llevó a decirles la verdad?
-Soy una mujer que no sé mentir. No quería que se enteren por otro lado. Un día me iban a decir: “¿Mamá, qué hacés vos?” Cuando yo caía presa les hacíamos creer que estaba en la casa de una amiga, pero ellos se sentían como abandonados por mí. Un día me cansé. Les dije: “No puedo más este silencio. Porque yo me tengo que acostar con un tipo para traer un plato de comida a mi casa”.

>>> ¿Prevenir el sida, o prevenir el hambre?

-Vos sabés que en Toronto hubo un congreso mundial de sida, estuvieron desde Bill Gates que es súper millonario, Elton John, los presidentes, todos diciendo que van a trabajar sobre el VIH. Hay ONGs, de todo. Vos, como persona con VIH, ¿qué les dirías a esas personas que van a traer todo ese financiamiento para trabajar en el tema. ¿Qué sugerirías? ¿Qué pensás que se puede hacer?
-Que tienen que ayudar a las personas que están enfermas. Porque las chicas jóvenes, que tienen VIH, que están completamente fulminadas, yo veo que piden en la calle. Trabajan en la calle. Porque les dan los remedios, pero no les dan trabajo. Y a personas grandes como yo, que ya no puedo hacer un trabajo por mi edad, yo pienso que tiene que haber una ayuda. Porque hay gente que no come. Y así no se puede mantener, ¿y cómo hacés para que una chica joven busque otra manera de vivir? Tienen que hacer eso para que haya prevención.
-¿Pero puede haber prevención por más que repartamos preservativos cuando hay hambre, cuando no sabés leer o escribir?
-No, la gente no tiene que comer y tiene que mantenerse. Me parece que tienen que entender que esto es una enfermedad, no es un negocio. No es una propaganda. Lo que hay que hacer es ayudar a la gente que está con este problema. Mentalizarla para que tenga un trabajo, y si no puede trabajar, que le den un subsidio, que le den una plata para que se puedan mantener. Porque el que es rico que tiene esto, tiene como mantenerse. Y el pobre no puede ni comprarse el pan. La gente que está con eso y usa droga, es para encontrarse más fuerte. Pero así no luchan para vivir, luchan para morir.
-¿Y el gobierno? Una vez por mes mandan la caja de Política Alimentaria.
-Ah, no, yo te voy a decir una cosa. La caja te ayuda, pero si vos no tenés una plata para comprar pan, ¿de qué vas a vivir, a pura arveja, arroz, fideos, polenta? ¿Todo hervido, y que te alcanza para una semana? Después te queda yerba, azúcar, y no tenés más nada. Entonces tiene que haber plata, porque sin plata no comés, hermana, no te sirve. No podés comprar carne, ni verdura. Pero en este país es al revés: le dan la plata al que no necesita. Y no hay trabajo.
-¿Tus hijos no tienen trabajo fijo?
-Mi hijo se recibió de operador de computación, matriculado, con certificado, se fue con una carptetita y le decían ¿tenés experiencia? ¿Y cómo va a tener si nunca le dieron una oportunidad? Si no tenés un padrino, morís sin flores. Si no te ayudan para ir a un Coto, a un Carrefour, no entrás. Y te quedás afuera.
-¿Tuviste algún plan social?
-No, solo el de microemprendimientos, con ustedes.
-Que duró seis meses.
-Fue lo único. Porque yo tengo una casa, que no es de lujo, pero hay de todo. Tengo una eladera, una mesa como la gente, un televisor. Cuando vino la asistente social ¿sabés qué me dijo? Ah, señora, usted tiene la cama, el ropero, y viene a pedir...
-¿Tendrías que vivir en el suelo?
-En una cucha. Le dije de todo. Yo tengo cositas porque alguna vez trabajé. Me lo gané. Pero entonces ahora tengo que explicar que no tengo ninguna entrada, y que tengo la invalidez del corazón.

>>> El voto comprado

-¿Y qué pensás de las jubilaciones de privilegio que tienen muchos ex presidentes?
-Y bueno, se las dan porque ellos tienen plata, hermana. Esas son figuras. Ahora salió esa pensión que te podés jubilar de ama de casa, pero tenés que llevar 50 pesos en la mano para que te puedan hacer los papeles. Y si no tenés, no te lo hagas. Y tenés que pagar el abogado, esto y aquello. Y después te dan la jubilación. Pero vas a cobrar y te sacaron ya todo. ¿Cuánto cobrás, 50 pesos, 100, 150? Entonces ¿Cuál es la ayuda del gobierno?
-Una burla.
-Eso. Una burla, ¿sabés por qué? Porque yo te digo: a mí, cuando iba a haber las elecciones, los políticos me dieron una pensión por la tercera edad.
-¿De cuánta plata?
-De 120 pesos cada dos meses. Tengo el recibo, que puedo mostrarlo. Encima ahora no me pagan porque yo estoy enferma, y la única que puedo cobrar soy yo. A mí me da vergüenza. Eso no es pensión. Eso es una cosa que los políticos me dieron para que yo sea del lado de la política, para que vaya a votarlos.
-Te compraron el voto.
-Sí, y como me compraron a mí compraron a un montón de viejitas, pobrecitas, que están peor que yo. ¿Y sabés qué más tuve que hacer? Tuve que negar a mis hijos, decir que vivía solita, que no tenía absolutamente nada. Yo tuve que negar a mis hijos para una mierda, que me perdonen, de 120 pesos que no me alcanza, en la provincia.
-¿Cómo se llama lo que vos cobrás?
-La pensión de la tercera edad. Ahí tengo el recibo, sacá y mirá. Encima, voy a cobrar en el banco y mis hijos se ríen. “No vas a ir sola” me dicen, porque el banco está enfrente de una plaza, ahí se ponen los chorros, y a cuántas viejas les han roto la cabeza por 120 pesos. Ah, y después a fin de año te dan pan dulce y dos turrones.
-¿Dónde vivís, hermana?
-En Merlo. El único beneficio que tengo es un bono para viajar gratis desde las nueve de la mañana hasta las cinco y media de la tarde. El problema es que si me vengo a atender y termino a las seis de la tarde, tengo que esperar hasta las nueve de la noche para poder viajar con ese bono.
-Ese tren que vos tomás está privatizado y tiene subsidio del gobierno.
-Yo no sé qué pensar. Todo es una burla. Pero yo necesito ir, venir, trabajar, porque si no me muero de hambre. Yo siempre luché con mi trabajo. Yo no viví en la calle ni pedí en la calle. Me sudó el lomo para tener un mango. Hasta ahora. Nunca fui a pedir en una parada de colectivo. Y cuando agarré una moneda, es porque me la gané. Y yo pago impuestos. Porque si no pago la luz, la cortan. Agua no, porque tengo bombeador. Esa es la pobreza de la gente. Cuando mi hijo que está sin ver fue a pedir una pensión para mi, ¿sabés qué le dijeron? ¿Por qué no trabajan de cartoneros? Porque los cartoneros ganan bien. Pero yo no tuve hijos para cartoneros. No es un trabajo. Ojo, no es una deshonra, y no estoy discriminando. Pero tenés que tener mucho... como nosotras, que somos putas. Para ser puta tenés que tener mucho, y habrá mujeres, pobrecitas, que están sufriendo en la vida porque no se animan ni siquiera a ser putas. ¿O no? Eso pasa. Pero yo no estoy discriminando al cartonero.

>>> ¿Qué muestra una prostituta?

-Estás contando cómo ves la realidad.
-Ellos, el hombre que es cartonero y que vive muy bien ahora, y llegó a ese coraje…
-Pero el cartonero tampoco vive bien.
-Poné una suposición, que por ahí no le falta plata, no le falta nada, pero tiene que estar todo el día y la noche en la calle. Tiene que andar juntando cartón. Yo no tuve hijos para que sean cartoneros. Yo les di estudio a mis hijos. Yo me rompí, porque yo era analfabeta redonda, tenía que andar sacando las cuentas con los dedos: cuando compraba con 10 pesos las cosas, tenía que sacar con los dedos las cuentas para que no me fueran a joder, porque esos 10 centavos que me quedaban me hacían falta. Me rompí el alma, vendí el alma al diablo, cosa que nadie va a saber eso. Vendí mi alma al diablo, y perdí la vergüenza, y mi dignidad. Porque la mujer prostituta pierde la vergüenza, A ninguna mujer le gusta estar parada en una esquina, llena de pintura y mostrando lo que vos no sos, o algo que no es tuyo. Porque la mujer prostituta muestra lo que no es de una. Y si vos te tenés que ir a acostar con uno y con otro, perdés la vergüenza. Por eso somos discriminadas. Pero nosotras tenemos que hacer eso, porque de algo tenemos que vivir, y nunca tuvimos una ayuda del gobierno para que salgamos de eso. Yo, cuando tuve una entrada, cuando tuve una entrada del gobierno, dejé la calle, con unos tristes 200 pesos que me daban, con los microemprendimientos productivos. Pero fueron seis meses nada más. Esa fue una ayuda que no nos sirve, tampoco, hermana. No nos sirve. Yo tengo el corazón hecho pelota, como quien dice. ¿Y cómo voy a vivir con eso? ¿Qué ganan con darles remedios a las personas que ni siquiera nos podemos mantener?

>>> Lo que hay que hacer por diez pesos

-¿Qué le pasó a tus dientes?
-Mirá, se me rompieron a sopapos de los tipos. Un tipo me volteó todos los dientes a sopapos. Yo después me hice la prótesis, pero viste que adelante me faltan. Es porque otro tipo a sopapos me rompió la prótesis y nunca más la pude arreglar. ¿A vos te parece eso? ¿Quién dice eso? Las mujeres cuentan de otra forma las cosas. Yo cuento cómo es y no me avergüenzo, y si lo tengo que gritar en el medio de la gente, no me importa que haya un público, y voy a decir lo que dije hoy, lo voy a decir siempre.
-Porque cuando una entra a esa habitación no sabe con quién entra. Puede ser un excelente padre de familia.
-Pero aparte porque nosotras ya somos discriminadas. A mí me han dicho “Ay, pero qué te pasa, que te venís a hacer la… si sos una puta. Si a vos te gusta esto". Si me trataba mal, yo decía: “Pará, hermano, si yo soy un ser humano”. “Pero a vos te gusta, qué decís que no”. Porque la gente está equivocada, cree que una lo hace porque le gusta. “Que haceme esto, que haceme aquello, haceme…” ¿Qué tenemos, cara de trapo, tenemos nosotras? ¿Que vamos a ir a poner en todos lados el cuerpo de ellos en nuestra cara, porque total nuestra cara no vale y nuestra boca no vale? ¡Por favor! Porque es así. Vos tenés que ir a poner la cara, olerle todo, que ni se lavan y no se quieren lavar, “qué te hacés la delicada, si a vos te gusta”.
-Porque te pagan.
-Ellos piensan, la mentalidad del hombre es así. Vienen y te pagan porque en la casa no se los hacen, ellos piensan que uno lo tiene que hacer porque te pagan. Pero lo que pasa es que antes era muy perverso el hombre.
-Pero ahora también, de otra manera.
-Sí, fijate que un día me voy con un viejo que no podía ni caminar, viejo hijo de puta. Y estaba ahí, que “escuchame, hacé algo, dale, porque yo no puedo”. Y yo le digo “Y a mí qué me importa que vos no puedas”. “Sí, te importa, para cobrar…” ¿Y cuánto me dio? Diez pesos. Y me fui por diez pesos porque lo necesitaba. Y después tres horas estuvo para sacarse la ropa. Y yo necesitaba los diez pesos. Te da risa, pero es así. Y después al viejo que no se le paraba. Y dale, y dale… “Pero por favor, le dije yo, pero por qué no te vas”. Y me dice: “yo te voy a cagar a trompadas, si vos sos una puta, tenés que hacer lo que yo diga… Para eso te pagué.”
-La humillación...
-Sí. ¿Sabés lo que es eso? ¿Sabés cómo te duele? Como te arranca la piel eso, es un dolor que, mirá…, no tiene explicaciones, cuando te están tratando de esa forma. Y encima me quería pegar. Yo le daba un soplido y lo mataba. Si lo agarro bien lo mato al viejo. Yo disparaba y no quería que me pegue, porque si me agarraba a mano me pegaba. Porque te pagan diez pesos vos tenés que aguantarle dos horas, tenés que ayudarlo, total el pito es limpio y mi boca es una porquería, así que yo puedo poner el pito de él en la boca, no hay problema. ¿Qué problema puedo tener yo, si no soy un ser humano, soy una puta? Y el viejo ni se podía mover. No te podés mover, le dije, pero bien que te gustan las mujeres. Como si sirvieras…

(Interviene una amiga de Eva, también en estado de prostitución, y ha estado escuchando callada)
-Es como si fueras una máquina. Es una frialdad que tienen, vas con un tipo, chin, chan, y una llega a la casa, tenés una frialdad, no sentís. Yo, en mi caso tengo mi marido, pero me fui a mi médico, porque realmente me asusté, no sentía.
-¿Y qué te ha dicho?
-El médico no sabe lo que yo hago. Entonces me dijo si yo sentía con él amor, si lo amaba. Dije “amar no lo amo, lo quiero”, pero yo calculo que como mujer, yo estoy con él, por ejemplo tranquila, relajada, sin pensar que es un cliente, no siento, no tengo sensación, no tengo…
-Estás adormecida.
-Orgasmo no tengo. Hace ocho años. Te juro por mis hijas. Te juro que estoy pensando en ir a un psicoanalista, algo, porque al ginecólogo voy y me da cosa…
-Pero no le estás diciendo la verdad.
-No, pero el problema soy yo. ¿qué puede decirme el médico?

>>>La cuenta pendiente

(Vuelve a hablar en voz muy baja Eva, desde su lecho de enferma).
-Yo por ejemplo dejé a mi marido cuando nació mi hijo, que tiene 31 años, y nunca más pude tener pareja. Nunca me pude enamorar más. Yo le veo al hombre, por ahí hay un muchacho que a mí me gusta, porque yo soy una persona, y ha habido personas que me han gustado muchísimo. Yo digo uyyy, por ahí me engancho con esa persona, y hablo y todo con esa persona, y sólo pensar que tengo que ir a la cama con él… Y yo hace 31 años que no tengo marido.
-¿Cómo te sentís?
-Bloqueada, estoy, bloqueada. Y yo digo siempre, que a ver si yo me arrepiento de decir por qué no tengo un marido, por qué no tengo a alguien al lado mío, un novio, una pareja. Sabés qué lindo es tener una pareja.
Yo estoy contenta con mis hijos, pero nunca puedo llegar a contarles todo lo que a mí me pasa, lo que a mí me gusta. Yo quiero tener un hombre a mi lado, un compañero, para salir… Hace 31 años que no salgo a un baile, que no me voy a rozarme con un hombre, sacado de lo que me rocé antes realmente, no es eso lo que yo quiero. Hasta ahora yo digo, me encuentro sola. Yo quiero charlar, hablar pavadas.
-Disfrutar de otra manera.
-Yo no siento nada por un hombre. Pero hay momentos, ahora, teniendo 64 años, ha habido momentos en que me hubiera gustado estar con un tipo que me bese, que me abrace, que me haga mimos, que tenga un cariño para mí, que me toque. Pero si me llega a tocar esa situación, no me permito. Hubo hombres que bueno, que yo les he gustado por mi manera de ser, por todo eso, y he tenido citas, pero jamás he ido a esa cita, porque el solo pensar que tengo que llegar a eso... Yo siento que tendría que haber tenido una pareja. Soy joven todavía, aunque tenga 64. Pero no es el momento del sexo, sino de tener alguien que te abrace, que te bese, que vayamos a un lugar solos, que hablemos pavadas, y si tenemos que tener sexo, que lo tengamos, pero conmigo no va a tener suerte, porque llego a eso y… nada. Pero es lindo tener un hombre cerca, ir a comer un choripán, charlar.
-Tu cuenta pendiente es esa, hermana, buscar el amor.
-No sé si voy a llegar a eso. No soy una mujer para que digan “esa viejita”. Todavía estoy bien. Pero no me enamoro de nadie. Miro a los hombres y no me gustan. A veces estoy sintiendo algo, pero cuando llega la verdad, es como que ya le tengo bronca. Y me pierdo. Y nunca más me ve.

Fuente: lavaca

*Nota relacionada: Los que viven de la prostitución

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01/11/2008 GMT -6

La prostitución y las iglesias

piezasdeaocho @ 17:52

Extracto del Capítulo 5: "Los parásitos de la prostitución", del libro Ninguna mujer nace para puta de Sonia Sánchez y María Galindo.

El libro es una conversación entre las autoras.

Las Iglesias

 

Padre nuestro si estás en los cielos,
líbranos de curas sermoneros, de obispos hipócritas
y de dedos y poderes que condenen a las mujeres.

 

Sonia: A las Iglesias las siento también como una ONG. Hacen sus proyectos para trabajar con las putas, pero desde la culpa. Al punto que para aprender computación teníamos que llegar una hora antes y rezar. O asistir a la misa que daba el padre Grassi, un sacerdote acusado de pedofilia y al que enviaron especialmente a esa iglesia de Flores porque tenía que trabajar con las putas. En Pascuas les lavaba los pies. Parece un detalle, pero es un ejemplo de cómo se parte de la culpa. Imagínate: nuestro punto de partida era decir "nosotras no somos culpables", y la Iglesia trabajando nuestra culpa. Es por eso que no te plantean integrarte de otra manera en la vida social. Lo que se hace desde la Iglesia con las mujeres en situación de prostitución es un proceso de domesticación basado en la culpa.
El horario, por ejemplo, el disciplinamiento que ejercen desde allí; te atrasabas dos, tres minutos y te cerraban la puerta en la cara.
Luego está también el lenguaje. A las monjas les llamábamos "hermanitas", imponen un respeto supremo.
Otro punto es que apelan a la caridad. Ellas lo que tienen contigo es caridad, dándote de comer cuando vas allá, a recibir la donación de Caritas, la ayuda de los evangelistas, todos construyen desde ese lugar.

María: Nosotras trabajamos con un grupo de monjas y me llevé muy bien con ellas, porque pudimos hacer algunas cosas de cambio hasta que el obispo mandó parar la cosa. Pero definitivamente eran una excepción. Ellas entendían su lugar como una transgresión dentro de la propia Iglesia. Creo que en el tema de la Iglesia está la cuestión del asistencialismo. El asistencialismo sí que es un mecanismo que te mantiene donde estás, que te hace sentir que tú eres incapaz, que recibes un bien, que debes sentirte culpable.

Sonia: La culpa trabaja al mismo tiempo sobre el concepto de arrepentimiento. Nos instalan un discurso de autoculpabilización y de sumisión. Después de ese proceso las compañeras que venían a la organización, si estaban en alguna Iglesia, no entendían nada de lo que nosotras decíamos, estaban completamente confundidas.
La Iglesia usa a la puta como única gran pecadora, como "la más sucia" y en ese discurso jamás puedes levantar la cabeza, siempre vas agachada y avergonzada.

María: ¿Cómo opera el asistencialismo en las mujeres en situación de prostitución?

Sonia: Opera sobre la vulnerabilidad. Eso es lo que leo.
Es agarrarte de la mano y llevarte de la mano, no soltarte.
Y en la otra Iglesia, en la evangelista, primero tienes que pasar por dos o tres oficinas; en una rezas, en otra firmas papeles, y recién retiras medio kilo de azúcar, medio de yerba, medio de lo otro. Te enseñan a depender, a que siempre tienes que depender de otro. Y eso es asqueroso.
Yo dije: "Basta. Si ustedes van a las monjas y dicen 'vamos con las monjitas' con mucho cariño, cuando vienen acá, ¿qué dicen? '¿vamos con las putitas?'. Basta de monjitas: son monjas y punto". Yo sentía que las compañeras lo decían desde ese cariño, esa cosa de mucho respeto. Pero en el fondo no sé si ese respeto es miedo.

María: Entonces es un parasitismo el de la Iglesia que fomenta la culpa, que está basado en el asistencialismo y una relación jerárquica; una cuestión de respeto que no es respeto: es pleitesía.

Sonia: Pleitesía, sí, es una buena palabra. La pleitesía es justamente eso, que el otro está por encima de ti y es superior a ti, es intocable, es algo que casi baja del cielo.
Bajan del cielo para seguirse metiendo en tu cama con la culpa y la vergüenza.

03/09/2008 GMT -6

Carta abierta a las expertas y expertos en trata

piezasdeaocho @ 10:29

Por Sonia Sánchez*

En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo "plazas",
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu esquina,
les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen "trata".
Me dicen mucho de la doble moral
de ustedes y del maquillaje
y del uso que hacen de nosotras.

Este gran circo al que llaman
"lucha contra la trata" y del que ustedes son dueños,
me dice mucho sobre la creación
y el fortalecimiento de una
nueva "zona roja".
Y de ese hacer para no cambiar nada.

Así como sostengo que
debatir la prostitución sólo entre putas
es sostener nuestra vulnerabilidad
y exculpar al fiolo y al prostituyente,
también les digo: dejen de hollywodensear
el tráfico de mujeres para la explotación sexual.
sabemos y somos conscientes, todas y todos, de:
que es el hambre la que nos "trata";
que es la falta de trabajo la que nos "trata";
que es la falta de un hogar la que nos "trata";
que es la falta de educación la que nos "trata".

Por eso las putas no necesitamos
más leyes, talleres, forros.
Necesitamos que las que ya
están se cumplan.

Necesitamos un shock de políticas sociales serias,
para nosotras y nuestras familias.

Necesitamos que se visibilice,
persiga y criminalice
al prostituyente-torturador,
que vive en sus casas.

Necesitamos que nos saquen
un poco las manos de encima.
Necesitamos que ustedes trabajen
en sus hipocresías y mentiras.
Traten.

Sonia Sánchez, Periódico MU/Julio 08 de Cooperativa Lavaca

*Ex integrante de AMMAR-Capital,
co-autora del libro "Ninguna mujer nace para puta"

Lo leí en: Desobediencia y Felicidad

Fuente: Periódico MU/Julio 08

25/08/2008 GMT -6

La soledad de la puta

piezasdeaocho @ 02:55

Por Sonia Sánchez

Quiero hablar y reflexionar con ustedes de la soledad de la puta, hablar de esa soledad tan desigual que ya es obscena.

Soledad que es atravesada por relaciones de poder sobre ese cuerpo y subjetividad; para que no puedan pensarse y verse por fuera del ejercicio de expropiación y explotación a la que están sometidas.

¿Alguna vez lo pensaron eso?, esta soledad que viene acompañada y sostenida por la omisión de muchas y muchos, por programas incompletos, por programas de prevención. ¿Prevención de qué? ¿de salud? ¿de tráfico? ¿de violación?

No, no se puede hablar de prevención cuando hay hambre, cuando hay necesidad de un trabajo, de un techo propio, cuando no se sabe leer ni escribir, cuando se quiere vivir dignamente y la señora burocracia y miles de requisitos les dice no, cuando no se es libre.

Cómo trabajar el tema de explotación, de prostitución, cuando a estas personas no se las escucha, no se las ve, cuando gran parte de esta sociedad tiene un rol silente y a la vez verdugo ante esta situación.

Cómo trabajar la fragilidad en estas mujeres, cómo despertar esa fragilidad en las personas que tienen un puesto de poder, en lugares claves, para que haya un cambio.

Es distinto leer un libro sobre la explotación a escuchar una persona que lo fue, leer sobre la prostitución cuando hay putas que quieren vomitar tanto dolor verbalmente, y se les tapa la boca con forros, y con una caja de alimentos.

Con el hambre no se negocia, no hay negociación posible. Y de eso las putas y en particular las mayores lo saben, lo padecen, y lo viven a diario.

Rostros surcados por el tiempo, cuerpos avejentados, gastados, golpeados, atravesados por el miedo, la vergüenza, y hoy por el sida.

Dios, si ya era brutal ser puta, y vieja ¿te imaginás con sida? No, no hay imaginación posible que pueda transportarte a ese lugar. Todo mi ser se convierte en un cuerpo vibrátil mirando la realidad sin maquillaje, sin ese polvo que suaviza y tapa. Pero no basta con ello, se necesita de más, se necesita trabajar los prejuicios de cada uno y una, de políticas de empleos capaces de contener y fortalecer una subjetividad más libre.

Mi fragilidad estalla en mil gritos, en impotencia, en rabia, y bronca. Siii, sólo le cuesta 5 pesos al sida ser uno más que ocupa, usurpa, expropia, y abusa de ese cuerpo hambreado, para seguir enmudeciéndolo.

Mirando la cara del hambre prostituido, no puedo seguir callada, menos cuando las/os legisladoras/es quieren reglamentar esta esclavitud, convertirlos en empresarios a los proxenetas, cuando el Ministerio de Salud bonaerense (Claudio Mate) apoya y fomenta guetos sanitarios para las prostitutas, cuando sindicalistas, ONGs, hombres y mujeres apoyan esta esclavitud, explotación sexual como trabajo y profesión, a ellos les digo ¿cuando comiencen los talleres de formación profesional para ser putas?, ¿se lo recomendarían a sus hijas como una profesión más, como ser abogada, doctora, enfermera, maestra, periodista...?

Todos estos neoliberales junto con los usuarios son los que te educan para ser una puta productiva y sumisa, hoy en esta sociedad que tiene como eje central el consumo y la comunicación, a las putas se las aísla y se las mantiene a todas juntas, sin posibilidad de crear nuevas relaciones, de gozar de los beneficios que tienes como ciudadanas (ejem los hospitales) eso hacen las/os fiolas/os, no dejan que hables, que te relaciones con otras personas (en el mundo de la prostitución le llamamos a estas otras, locas sueltas, no tienen fiolos), de esta manera el control que se tiene sobre ese cuerpo es absoluto.

A partir de ese control se obtiene toda la información para armar proyectos, para vivir de la prostitución ajena, para hacer una introspección sobre sus miedos, deseos, angustias, porque hoy ya no alcanza con sólo estudiar la vagina de la puta.

Leído en: Desalineadas

Fuente: Periódico MU/Diciembre 06

15/07/2008 GMT -6

Not for sale

piezasdeaocho @ 01:03

Haz clic en la imagen para ver el video.


 

26/06/2008 GMT -6

Mujeres en situación de prostitución concluyen capacitación como estilistas

piezasdeaocho @ 19:02

Fuentes de empleo seguras, pide la dirigente al GDF

Por Susana Trejo de Jesús

México DF, 30 mayo 08 (CIMAC).- Ante la inminente reubicación de sus áreas de trabajo, el grupo de trabajadoras sexuales autodenominadas Independientes y Autónomas pidieron al jefe de Gobierno capitalino, Marcelo Ebrard Casaubón, una mesa de diálogo donde se les se tome en cuenta como un grupo dispuesto a hablar y se les garantice una fuente segura de empleo.

Maclovia Lucero Ambrosio, trabajadora sexual desde los 15 años y dirigente de Independientes y Autónomas, gestionó ante el GDF dos cursos de capacitación en cultura de belleza para integrantes del grupo, mismos que hoy finalizaron. Por ello, manifestó en entrevista con Cimacnoticias, apelan al discurso que maneja el Jefe de Gobierno, quien “se mueve en un discurso de equidad y democracia”, para mejorar su situación laboral.

Fueron 20 las mujeres que, después de dos cursos intensivos de uso de herramientas y técnicas para desarrollarse como estilistas, terminaron su capacitación, donde aprendieron con mucha dedicación, afirma la directora del Instituto Mexicano de Estilistas, María Elena Becerra Acosta, a manejar la navaja, corte de cabello, colorimetría para aplicar tintes y los distintos modos de trabajo con cera para depilar.

Les preocupa su futuro laboral, señaló Eulalia Meneses, una de las beneficiarias del programa, porque han bajado los ingresos considerablemente y porque hay incertidumbre sobre el lugar y las condiciones en que trabarán, ya que hace dos meses recibieron un aviso de reubicación a quienes trabajan en el mercado de la Merced, Zócalo y las circundantes del Metro Candelaria y Centro Histórico.

Ante el aviso, dos trabajadoras acudieron al Departamento de Programas Delegacionales, donde las informaron que la decisión se había tomado debido a la remodelación del Centro Histórico. Hasta ahora no han tenido más información.

LA CAPACITACIÓN

Maclovia Lucero explicó que desde septiembre de 2007 iniciaron el programa que, en primera instancia, detalló, se desarrolló gracias a un acercamiento con la encargada del departamento de Participación Ciudadana de la Delegación Cuauhtémoc, Juana Vera. La funcionaria, al escuchar que muchas de las mujeres son el sostén de la familia y sus ingresos se veían reducidos, le sugirió acercarse con Alejandro García Ponce, funcionario perteneciente al Departamento de Fomento al Trabajo en el Distrito Federal.

En esa oficina les ofrecieron un programa de capacitación, algo que les remunerara, indica Maclovia, porque anteriormente otros funcionarios ofrecían talleres para realizar manualidades que no eran redituables. Esta capacitación, enfocada para obtener un empleo, consistió en enseñanzas básicas durante su primera etapa, de septiembre a octubre de 2007.

El Gobierno capitalino otorgó un subsidio aproximado de mil 200 pesos por alumna al Instituto Mexicano de Estilistas para que proporcionara a las 20 alumnas inscritas en el curso todos los materiales que requerían. “Desde un pasador, hasta las tijeras y las pestañas postizas se les daban aquí”, dice Elena Becerra.

Además, las estudiantes percibieron, por cada uno de los dos meses que duró el entrenamiento, 2 mil 300 pesos como un incentivo para que no dejaran de asistir al curso.

Para la segunda etapa que inició el mes de abril de este año, la ayuda económica aumentó a 3 mil 300 pesos por cada mes de enseñanza. Aunque el dinero, dice Eulalia Meneses, era lo de menos, pues se les dio el conocimiento de una profesión que en un futuro le ayudará a obtener ingresos económicos.

El cambio de vida y hábitos que requirieron estas mujeres de entre 18 y 55 años para la capacitación no fue fácil, apuntó Meneses. “En ocasiones llegaban muy tarde y, aunque fuera de diez minutos su retraso, eso ya significaba un retardo, y cuando juntaban tres se les daba de baja. Todas ellas fueron constantes en las clases”, que duraban cuatro horas diarias de lunes a viernes, de nueve a una de la tarde.

OPERATIVOS, MALTRATOS…

Cuenta Maclovia a Cimacnoticias, que desde los años ochentas ha luchado por mejorar sus condiciones laborales. Esto “ha significado trabajar en medio de operativos y maltratos por parte de las autoridades, y tocar puertas para que las compañeras tengan el acceso a una vida laboral diferente”.

Eulalia Meneses, de 55 años, dice que también ella ha tenido que pasar por malas experiencias cuando una o un dirigente se les acerca para ayudarlas a exigir sus derechos laborales al Estado: “primero quieren nuestro apoyo para que obtengan el registro como organización, y luego olvidan sus compromisos”.

Y denuncia que los dirigentes incluso llegan a maltratarlas si se niegan a sus peticiones o se rebelan. Para algunas de sus compañeras, esto les ha significado la cárcel, porque las o los dirigentes “usan el tráfico de influencias para que nos encarcelen” denuncia Eulalia.

Las mujeres Independientes y Autónomas reconocen la labor de Maclovia, quien desde 2005 ha tocado puertas sin ningún interés personal, para que aprendan otra forma de ganarse la vida.

Hoy que concluyeron su curso de capacitación, dice la Directora del Instituto Mexicano de Estilistas, están contentas y satisfechas porque descubrieron que tienen las habilidades para trabajar en otro campo. Y para ella fue una experiencia enriquecedora. Junto con el GDF, dice, seguiremos de cerca los resultados del programa y lo que sigue es su colocación (laboral).

Fuente: cimacnoticias

12/10/2007 GMT -6

Testimonio de una joven en la Comisión de Prostitución del Estado Español

piezasdeaocho @ 15:19

Sesión, 11 julio 2006 (tarde)

Tercer compareciente:

MEDIADORA SOCIAL: Es muy importante para mí estar aquí. No voy a hablar de la prostitución en su conjunto, lo voy a hacer de una historia particular, mi caso personal, el mío y el de muchas mujeres que están en la misma situación, situación que a veces ignoramos, fijándonos solo en lo que se ve desde fuera, pero llegar hasta dentro es muy diferente.

Soy albanesa, tengo 24 años y vine a España con el ahora mi ex marido y embarazada hace cinco años. Decidimos venir en busca de un futuro mejor para la familia pero nada más llegar mis planes se truncaron. Resultó ser uno de esos hombres que se dedicaba a la trata y explotación de mujeres, me obligó a abortar y a prostituirme. Era uno de esos hombres que afortunadamente no conocen muchas mujeres. Me encontré sola en un país del que desconocía el idioma, las costumbres y cómo salir adelante. Mi mayor decepción fue, cuando después de buscar fuerzas para encontrar una solución, se me cerraron muchas puertas al decidir dejarlo todo, pedi recursos y ayuda en diferentes asociaciones que me fueron denegadas al no denunciar a mi ex marido ya que no cumplía los requisitos. Esto es bastante duro porque la situación era muy difícil, al mismo tiempo están amenazando a tu familia y seres queridos. Yo nunca llegué a denunciar esa situación. Me encontré con la asociación donde trabajo ahora -Apramp- a través de la página web que tienen en Internet.

En un primero momento no me atrevía a acercarme, tenía miedo de salir a la calle y fue un antiguo cliente mío que luego pasó a ser amigo quien pidió la información. Cuando por fin me atrevo a salir a la calle y explicar a alguien mi situación -cosa que para mí fue muy difícil- en un primer momento lo que más impresión me dio fue la cara, las manos, la sonrisa y los ojos de la persona que te está escuchando en ese momento. Notas que te escuchan, que no te dan una solución inmediata pero por lo menos no te juzgan. Al ser, o al haber sido, una prostituta te persigue la idea de que la gente te va a reconocer, que sabe lo que eres y te va a juzgar por ello.

Desde el primer momento en Apramp me dieron optimismo, me brindaron el apoyo que necesitaba en uno de los momentos más duros de mi vida, me dieron apoyo sanitario, psicológico y social desde el momento en que llegué. Empecé con ellos con los cursos de castellano y con los talleres de formación, después vi que estaban haciendo cursos para mediadores sociales y como me interesaban los seguí y ahora estoy trabajando con ellos como mediadora social, acudiendo a los lugares donde las mujeres -y también los hombres y los transexuales- ejercen la prostitución. Ahora mismo atendemos a una media diaria de 270 personas que se dedican a la prostitución, sea en calles, en lugares cerrados, en saunas, en casi todos los sitios.

Cuando oigo, a través de los medios de comunicación, hablar de regular y abolir me pregunto ¿y mientras que se de una solución qué va a pasar con esas mujeres que no tienen un pasaporte, con las mujeres que están constantemente acosadas y no denuncian por miedo a represalias hacia ellas y hacia sus familias?, ¿no se han vulnerado sus derechos o no están explotadas?, ¿vamos a seguir ignorándolas para siempre? Es un colectivo que existe, parece que los chulos ya no existen pero sí están. Cuando yo estuve en la Casa de Campo había muchas mujeres, yo no he visto en mi vida tantas juntas, ahora ya no, esas mujeres han pasado a sitios cerrados debido al intento de hacerlas invisibles en cierta manera, pero es impresionante la cantidad de pisos, de saunas, de lugares cerrados que nadie conoce que se han abierto, son los anuncios.

Desde Apramp se atiende a esas mujeres, estoy hablando especialmente de las mujeres que están en situación de trata, aunque no tengo la carrera formo parte de un equipo de profesionales, de trabajadores sociales, de psicólogos y abogados, donde me siento orgullosa porque no solo se va a escuchar mi opinión, se va a intentar encontrar una solución para esas mujeres para cuando te lo piden. Llevas hablando mucho tiempo con ellas, entablando una confianza. Yo, personalmente, noto cuando una mujer está en esa situación, y normalmente todas las del Este lo están, pero el que ellas se expresan lleva un tiempo, se suelen abrir cuando les dices que has estado en su situación, entonces te piden una solución porque no quieren seguir, quieren trabajar normalmente, como todos. ¿Qué le dices? No tienen papeles, yo he tenido un problema muy grave con la documentación porque no tenía un permiso de trabajo y residencia -solo hace unas semanas que lo tengo- y nadie me contrataba, he trabajado en limpiar pisos, en cuidar ancianos, con becas de contraprestación en los talleres de Apramp, es decir, intentan salir pero no ves ninguna salida principalmente porque eres ilegal, aunque quieres con todas tus fuerzas salir de la prostitución te ves cerrada. De lo que más me siento orgullosa es de poder, por lo menos, expresar y hablar no solo en voz de la asociación sino de todas esas mujeres que de verdad existen.

SEGUNDO TURNO / RESPUESTAS DE COMPARECIENTES A LAS PREGUNTAS DE LAS/LOS DIPUTADOS:

Tercer compareciente:

MEDIADORA SOCIAL: No es muy agradable escuchar hablar de prostitución como un trabajo, ¿se puede considerar como un trabajo? Es absurdo. Un trabajo es un lugar donde te sientes segura, honrada, donde la gente te agradece el trabajo, los tuyos están orgullosos del trabajo que haces y si hablamos de prostitución no veo ninguno de estos aspectos por ningún lado, y menos como trabajadora del sexo.

En cuanto a abolir o regular, estamos entre dos extremos y parece que no hay nada en medio. Regular, la mayoría de las mujeres -un 90 por ciento ellas- son extranjeras, del 10 por ciento de las españolas la mayoría de ellas son toxicómanas y de las extranjeras un 80 u 85 por ciento están indocumentadas. Con la palabra regular ellas entienden es regular su situación, tener un carné de identidad, un permiso de trabajo y residencia, cotizar y ya está, pero en el momento que le explicas las consecuencias que eso tiene, una mujer que está en situación de trata, tiene que mandar dinero a sus hijos, tiene treinta y pico años y te dice que es mejor regularlo, que lleva tres años aquí y no tiene papeles, y cuando le explicas las consecuencias que eso tiene, en principio va a ser trabajadora del sexo, una puta, a nadie le gusta porque no es un orgullo serlo y trabajar en eso, a nadie le gustaría que un día sus hijos vinieran a decirle que han encontrado un trabajo en la prostitución. Cuando intentas explicarle eso lo primero que te dice es que no. Realmente no están muy bien informadas, hay algunas mujeres que parece que quieren estar ahí, yo he sido la primera que he dicho en la calle con una sonrisa muy bonita que quería estar ahí, cuando solo yo sabía la situación y todo el mundo pensaba que yo quería estar ahí. Cuando a las cinco de la mañana -me acuerdo muy bien y lo voy a contar porque es una experiencia personal que me afecta mucho, y más cuando se habla de clientes- sobre 14 ó 15 de diciembre de 2003, en la Casa de Campo de Madrid, estaba cayendo agua-nieve, hacía mucho frío, estaba sola en ropa íntima y me sentía como los árboles que estaban alrededor mío, no sentía el cuerpo, me quemaba, no había nadie en la calle, no había coches, solo había chicas hablando y en un momento determinado para un coche y bajando la ventanilla me dice: ¡Hay que ver las ganas que tienes ¿eh?! Esa cara no la voy a olvidar en la vida, es la cara del cliente del que tanto se habla y al que se protege como una víctima social.

En cuanto a las mujeres que están en situación de trata y explotación ¿denunciar o no? Yo lo he pensado mucho. ¿Cuáles son los recursos que no vas a tener si no denuncias? Que no entras en un piso de acogida y no vas a obtener una tarjeta de residencia y trabajo. Una mujer que está en trata y explotación va a escapar, no tiene donde vivir, trabajar y de qué comer, empezamos en ese punto.

Denunciar es muy complicado, yo conozco muchos casos de mujeres que han denuciado y no se si por culpa de la legislación o por qué las personas que han detenido a los pocos meses han salido a la calle. No estoy hablando de un caso aislado, integrantes de la misma red en la que yo estaba estuvieron casi tres meses en la cárcel por la denuncia de dos mujeres rumanas compradas, hablamos de una red albanesa que salió a los tres meses con una carta de expulsión y volvieron a su país. Una mujer no quiere denunciar porque no vale la pena, van a salir a la calle a los pocos días. Hay que tener en cuenta que te están amenazando, estás todo el tiempo bajo una gran presión y en esos momentos no puedes pensar ni en recursos ni en soluciones, tu presión es que no te queda otro remedio que hacerlo, de otra forma te matan, le ponen una pistola en la cabeza a tu hermano o van cada semana a saludar a tus padres, es muy complicado. ¿Por qué para ellas no hay recursos?, ¿no están igual de explotadas?, ¿por qué hay que poner una barrera, o denuncias o no hay nada? En otros casos, en los que les retienen el pasaporte para que no se escapen, la policía lo que hace es expulsarlas, darles una carta de expulsión perjudicándolas más. En mi caso, cuando empecé con los trámites de mis papeles lo hice con un abogado que me estafó, me hizo comprar una oferta de empleo que no existía de una empresa que no existía, pagaba una cantidad enorme de dinero por una estafa y mi documentación fue denegada y tuve que empezar otra vez de nuevo, no denuncié tampoco en ese momento porque estaba sin papeles y en ese momento lo que necesitaba era legalizar mi situación, no meterme en más líos para complicarme la vida.

Las secuelas, sigo en tratamiento psicológico una vez por semana. Lo superas, lo dejas atrás sin borrarlo porque no se puede, siempre hay algunas secuencias en la vida que te recuerdan cosas. Hagas lo que hagas ese el resultado. Afecta en las relaciones con la familia, en relaciones sociales, en tu trabajo, te sientes demasiado humilde, te han dicho tantas veces que no vales...y no solo los proxenetas, los clientes también te dicen: te he pagado y te aguantas, supongamos que a un hombre eso se le puede pasar por la cabeza que si acude a esos servicios. La igualdad de género de la que tanto hablamos no existe en esos momentos, parece que el hombre acude a esos servicios solo porque está buscando el ser macho, el tener a una mujer a tus pies y que haga de todo porque lo has pagado. También hablo de personas buenas, pero todas acuden a eso para que, a cambio de dinero, aguantes, aunque luego cambian las situaciones dependiendo de las personas. Con esto resumo un poco el tema de la violencia de género porque lo considero como tal; están pagando a una mujer que no quiere estar con ellos por gusto, porque ninguna mujer, aunque esté por voluntad propia -quiero hacerlo y punto- aguanta eso. Aguantar a más de diez hombres no es por gusto.

 

FUENTE: http://www.lourdesmunozsantamaria.cat/article.php3?id_article=34

 

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