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Prostitución y feminismo (lecturas)








"En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo 'plazas',
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu
esquina, les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen 'trata'."


--Sonia Sánchez, coautora del libro "Ninguna mujer nace para puta""





“La prostitución tiene que ser entendida como violencia sexual contra la mujer” --Feminismo Radical

Categoría: España

15/10/2009 GMT -6

Qué hacer con la prostitución

piezasdeaocho @ 19:54

Por Lidia Falcón
09 Oct 2009

Mi abuela, Regina de Lamo, era música y escritora y anarquista. Nació en 1870, de familia liberal, y abrazó la causa de la defensa de los oprimidos con la pasión que caracterizaba a aquella generación de luchadores idealistas. Desde su juventud luchó por organizar a los trabajadores en defensa de sus intereses y contra las explotaciones del capital a través del cooperativismo y el sindicalismo. Defendió en tiempos del más reaccionario oscurantismo el amor libre, el aborto, la eutanasia, la eugenesia y la abolición de la prostitución. Coincidió en su sacrificado y duro camino con los líderes sindicales y políticos de la izquierda, luchando por una educación laica con la Institución Libre de Enseñanza, organizando el cooperativismo y el sindicalismo con Companys, batallando contra la prostitución con Mujeres Libres, y sintió que se había alcanzado uno de los más necesarios objetivos cuando Federica Montseny, la que fue primera ministra de Sanidad, anarquista y catalana, abolió legalmente esa infame esclavitud y creó los liberatorios de prostitución. Después llegó el horror fascista. Setenta años más tarde, esa infame actividad se considera un trabajo que debe ser legalizado, como una profesión «igual a cualquier otra» para las mujeres.

La brutalidad de las imágenes de las prostitutas de La Boqueria que nos proporcionó un periódico molestó a la población bienpensante y provocó, nuevamente, durante unos días, declaraciones de vecinos y tertulianos, protestas en los medios de comunicación y hasta una moción en el Parlamento para legalizarla. La defiende el diputado Joan Tardà, que afirma preferir que desaparezca, pero que, mientras tanto, hay que aceptarla. Y el señor Tardà es un hombre honrado.
Al parecer, como no hay más remedio que asumir que en España 300.000 mujeres –número que aumenta cada día– se prostituyen en todas nuestras ciudades, es mejor que lo hagan al amparo de una legislación que las redima de la calle y las recluya en burdeles. Santo Tomás argumentaba de igual manera. Los prostíbulos, decía, eran necesarios para desahogar las necesidades de los hombres, evitando con ello las violaciones de las mujeres honradas, del mismo modo que las alcantarillas servían a las ciudades para expulsar los excrementos. Y Santo Tomás también se trataba de un hombre honrado.

Según esta visión del problema, mientras los hombres sigan necesitando mujeres para liberar a todas horas sus irreprimibles instintos sexuales, será bueno que haya prostitutas. Y como los vecinos de los barrios afectados están hartos de que los clientes se sirvan de aquellas en plena calle, habrá que estabularlas en burdeles y prostíbulos, fuera de la visión de niños y gentes de orden. Lo que el señor Tardà defiende es lo que explicaba también Santo Tomás, que organizaba la ciudad con barrios específicos donde se confinaba a las rameras, porque mientras no se proceda a su desaparición la prostitución presta un servicio social. Y los dos, tanto el señor Tardà como Santo Tomás, son hombres honrados.
Por eso, mientras tanto, es bueno que sigan existiendo mujeres que estén disponibles para los hombres que las requieran a la vez que el Estado se beneficia de sus impuestos y de sus cuotas de la Seguridad Social. Y, mientras tanto, damos por supuesto que las africanas, las latinoamericanas, las europeas del Este, se pasean por nuestras calles y se ofrecen en los clubs libremente porque eligieron esta opción, contentas de tener un puesto de trabajo. Y también, mientras tanto, aceptamos que hay unas mujeres que sirven para eso –que, por supuesto, no somos ni nosotras ni nuestras madres ni nuestras hijas–, porque los hombres necesitan carne femenina para sus desahogos sexuales y nadie debe inmiscuirse en las transacciones consentidas entre las personas en un país de libre comercio.
Como, de momento, la prostitución no se va a abolir, sin que por lo menos yo entienda por qué, mientras tanto, podemos habilitar enormes edificios donde encerrar a las prostitutas para que su presencia no sea visible, hacerles pasar controles sanitarios semanales, cobrarles impuestos y cuotas de la Seguridad Social y dejarlas inermes a la disposición de proxenetas, chulos y clientes, allí donde nadie sabrá qué les sucede. Buena solución para la mala imagen de la ciudad, que ya el Ayuntamiento de Barcelona está habilitando, y que colmará los mejores deseos de las mafias de la prostitución.

Y ya que, según el Gobierno, es imposible aprobar la abolición que el feminismo exige en España desde hace 150 años (en tal reclamación llevamos mucha anticipación a Suecia –aunque nuestro esfuerzo haya obtenido menos resultado–, cuando desde Concepción Arenal hasta mi abuela esa era la única opción posible para los defensores de la libertad de todos los seres humanos), es mejor que, mientras tanto, las mujeres prostituidas entren en el censo de los trabajadores y quizá hasta se creen cursillos de formación profesional como para otros oficios. Así lo defiende el señor Tardà, y el señor Tardà es un hombre honrado.
Me alegro de que mi abuela haya muerto únicamente porque así no puede oír semejante propuesta de quien se cree de izquierdas.

Fuente: elPeriódico.com

24/05/2009 GMT -6

EL País (diario) inserta una media de 800/900 anuncios clasificados de servicios de prostitución en cada uno de sus números

piezasdeaocho @ 17:11

Insertar la palabra ‘zorra’ o la palabra ‘viciosa’ cuesta 0.49 euros + 16% de IVA en la sección de Relax de los anuncios clasificados de Sur, el más leído de Málaga

EL OBSERVADOR
07/11/2008

¿Qué credibilidad tiene cualquier noticia acerca de la prostitución que se publique en el mismo medio de comunicación que anuncia por doquier servicios de prostitución y obtiene suculentos beneficios con ello? ¿Cómo controla un periódico que la “culona, rajita peluda, morbosa que recibe sola” tiene efectivamente 20 años? ¿Cómo sabe que a las dos tailandesas de “caras angelicales que hacen francés natural y lésbico” no les ha robado la documentación el proxeneta de turno? ¿Por qué diarios como 20 Minutos, Público, Avui, La Gaceta de los Negocios han eliminado la sección Relax de los Anuncios Clasificados y otros como La Opinión, Málaga Hoy, Sur, ABC o El País siguen lucrándose de las prostitutas? ¿Por qué esto ocurre en España y no en el resto de Europa? ¿En qué ha quedado la petición del Congreso de los Diputados para que desaparezcan estos anuncios? ¿Saben ustedes cuanto pagan las prostitutas de Málaga cada día a estos diarios?

A nivel local. Sur, el diario más vendido de Málaga, en su edición de ayer jueves 6 de noviembre, las páginas 51, 52, 53 y 54 albergaban entre 400 y 450 anuncios de sexo de pago de todos los gustos y colores: jovencitas, maduras, travestis, gays, exclusivas, sexys, explosivas, cachondas, lésbicas, ardientes, viciosas, universitarias, zorras, viudas, divorciadas… Cada una de estas palabras en la sección de Relax cuesta 0.48 euros de lunes a sábado con un mínimo de 10 palabras, más un 16% de IVA (los anuncios de Relax son más caros que el resto). Para un anuncio clasificado de unas cuatro líneas y 18 palabras hay que pagar por tanto 10 euros y dos céntimos. Conclusión: Sur cobró ayer entre 4.000 y 4.500 euros a las prostitutas de la provincia. Anécdota: en la página 54 una publicidad de Amnistía Internacional con la leyenda: “si tú no haces algo, otros lo harán”.

Pero esto no es cuestión de una sola cabecera. La Opinión de Málaga y Málaga Hoy también ganaron ayer miles de euros provenientes del que está considerado el tercer negocio ilegal más rentable del planeta tras la venta de armas y el narcotráfico.

El País, anteriormente conocido como ’El Diario Independiente de la Mañana’, hoy ‘El Periódico Global en Español’, cabecera del mayor grupo mediático nacional, Prisa, referencia periodística indiscutible en España y buena parte de Latinoamérica, medio de comunicación laureado en muy diversos foros, reconocido, prestigioso, el periódico más leído de España… inserta una media de 800/900 anuncios clasificados de servicios de prostitución en cada uno de sus números, lo cual se traduce en 13.000 euros al día, lo cual supone cinco millones de euros al año. A la zaga, El Mundo unos 800 anuncios, El Periódico: 600, La Vanguardia: 500, ABC: 400 y La Razón: 250... hagan cuentas de lo que supone la esquina más rentable de los medios impresos nacionales.

Una de las personas que no se ha cortado en denunciar esta situación ha sido la diputada Elena Valenciano que en su blog escribió este breve artículo al que tituló ‘Elena madurita-caliente sexo sin límites’: “Leí hace poco, en un diario de tirada nacional, un excelente reportaje sobre la trata de mujeres que contenía una descripción exhaustiva sobre el tipo de vida que ellas llevan: cómo son explotadas por dos duros, la violencia que las rodea, la separación de sus familias y su situación de ilegalidad que las hace tan vulnerables, la vinculación del negocio de la prostitución con el de las drogas y otro tipo de delincuencia, el miedo a denunciar, el chantaje, las enfermedades… al girar la página de ese gran trabajo de investigación periodística, estaban los anuncios: Elena, ucraniana, recién salida del colegio, ya sabe hacer de todo (Visa, Mastercard, American Express). ¿No se les cae la cara de vergüenza?”

La prensa española es la única en todo el ámbito europeo que mantiene entre sus páginas los anuncios de contactos. La Asamblea de Mujeres Periodistas de Andalucía es una de las instituciones que exige la desaparición de estos espacios recogiendo una propuesta que surgió de un informe sobre la prostitución emitido por el Congreso de los Diputados. A la misma se han sumado varias asociaciones de mujeres, el Instituto de la Mujer y organismos profesionales a la vez que se han mantenido reuniones con sindicatos y otras instituciones para ganar apoyos. La campaña, de momento, no tiene resultados evidentes.

Leído en: APRAMP

Fuente: Revista El Observador

10/05/2009 GMT -6

«La mayoría de los hombres no compran sexo para obtener placer, sino para sentirse poderosos» | Sara, ex prostituta

piezasdeaocho @ 17:30

12/9/2008

Aunque hoy en día casi todas las prostitutas que tienen su área de acción en Galicia proceden del extranjero, muchas son las gallegas que, en su momento, se vieron en la necesidad de vender su cuerpo para salir adelante. Sara tiene 48 años y nació en Vigo, lugar donde ejerció la prostitución durante 12 años. Comenzó en el oficio a los 17, después de que su madre la echara de casa porque quedó embarazada y no quiso abortar. En un principio comenzó de camarera en un local de copas y, tras nacer su hija, empezó a prostituirse porque el sueldo no le alcanzaba para mantenerla. Dejó la prostitución hace 18 años cuando conoció al que hoy es su marido. Parte del trabajo actual de Sara consiste en orientar a las chicas que ejercen la prostitución en las calles y en los locales de alterne.

Ella confiesa que en muchas ocasiones fue objeto de vejaciones y humillaciones. «La mayoría de los hombres compran sexo no para obtener placer, sino para sentirse poderosos. Los hace felices poder comprar a una mujer. Saber que ellos mandan y que una obedece», asegura. Según su experiencia el cliente medio es machista e intolerante. Aunque prefiere olvidar ciertos episodios de su vida, aún recuerda con angustia las agresiones sexuales que padeció. «Yo era joven e ingenua, confiaba en la gente sobre todo en una ciudad tan tranquila como Vigo. En una ocasión le pedí a unos clientes que me acercaran a casa y me llevaron a otro lado para abusar de mí».

Sara considera que cada vez son más los adolescentes que buscan los servicios de las prostitutas. «Muchos chicos de 15 años guardan la paga para comprar sexo. Es aberrante. Crecen con una idea errónea de la sexualidad y de la mujer», afirma.

Aunque no justifica la prostitución, entiende que muchas veces las mujeres que vienen de otros países se vean obligadas a vender su cuerpo para sobrevivir. «Para ellas todo es más difícil porque tienen que mandar dinero a sus familias. Aquí se abusa mucho de las inmigrantes sin papeles. Conozco muchos casos de chicas que, por no tener una libreta de ahorros o un aval bancario, pagan hasta 800 euros por el alquiler de un piso que no vale ni la mitad», dice Sara, quien se siente satisfecha de haber dejado el oficio. «Luché mucho para ganarme el respeto de la gente -señala- y hoy soy solo una vecina más. Tengo el cariño de mi marido, de mi hija y de mi nieto». Aunque al principio no fue fácil, los que fueron sus clientes la insultaban en la calle «cuando iban solos -aclara- porque cuando iban con la mujer sí que agachaban la cabeza».

Fuente: La Voz de Galicia

Los puteros no tienen crisis

piezasdeaocho @ 16:29

Por Violeta Tristán
29 Enero 2009

Leo, primero con sorpresa, luego con estupor y más tarde con absoluta indignación un artículo publicado por El Mundo titulado La crisis provoca un aumento de prostitutas españolas. Como subtítulo: La situación saca del negocio a las meretrices extranjeras. Es decir, con el mismo tratamiento que si se tratara de la producción de automóviles en Barcelona o Tánger.

No deja de sorprenderme ese tratamiento de la prostitución como un “negocio” o “actividad económica” más. Es decir, ante la necesidad económica, cualquier mujer puede recurrir a vender su cuerpo, es una opción válida. No seré yo quien cuestione las libertades individuales ni mucho menos quien incorpore ningún tema moral todo lo contrario, lejos de esos planteamientos, lo que me sorprende es el grado de cinismo y desinformación. ¿Aún no sabemos que la inmensa mayoría -en torno al 90 por ciento- de las mujeres que ejercen la prostitución lo hacen atrapadas por redes mafiosas y grupos de trata de personas? ¿Aún nos creemos que “hacer un servicio” -menuda expresión- es lo mismo que tener una noche de pasión, un romance o simplemente echar un polvo con quien una quiera? ¿Aún desconocemos el trato que se les da a las prostitutas, en qué condiciones satisfacen los deseos de los tipos que abusan de su situación? ¿Estamos todos y todas pensando en caballeros bien vestidos, educados, que huelen bien y las tratan como si fueran el amor de su vida? Es decir, ¿de qué demonios estamos hablando, de Hollywood o de las calles, descampados y polígonos industriales de nuestro país?

Y si nos ponemos cínicas y hablamos en términos económicos ¿Cómo es posible? ¿Es que los puteros no tienen crisis? ¿Están sufriendo la crisis solo las mujeres? ¿Es que los señores continúan gastando el dinero en abusar de la situación de las mujeres y no en las necesidades de sus familias, empresas, sociedades…?

Decididamente, la prostitución es la cuestión sobre la que se habla con la mayor desinformación, impunidad y cinismo en nuestros medios y en nuestras sociedades.

Para rematar el artículo, el periódico pone como destacado: Entran amas de casa con necesidades económicas. ¿Todavía seguimos utilizando los tópicos y estereotipos? ¿Qué se quiere decir con amas de casa? ¿Es una categoría social, económica, psicológica; es que todas las amas de casa son iguales?

Hay días en los que una, al leer la prensa, no puede dejar de preguntarse quiénes son esos señores que escriben y dirigen los periódicos, para quién lo hacen y en qué mundo viven. ¿Algún día pensarán cinco minutos antes de teclear sin un mínimo de reflexión sobre tantas mentiras repetidas día tras día? ¿Cómo conseguiremos que no se permitan las informaciones sin rigor, sin cuestionamientos, sin dudas, sin contrastar, sin verdadera información, en definitiva?

Fuente: Diario de una feminista

12/12/2008 GMT -6

Prostituídas y prostituidores: dos psicologías enfrentadas

piezasdeaocho @ 16:02

Ponencia del filósofo y escritor Carlos París en el I Congreso Internacional sobre Explotación Sexual y Tráfico de Mujeres (2005).

Prostituídas y prostituidores: dos psicologías enfrentadas

Por Carlos París

Voy a imprimir un pequeño giro al tema que me ha sido propuesto por la organización del Congreso, “Prostituidas y prostituidores: dos psicologías enfrententadas”, para analizar más que los aspectos psicológicos- en que, por añadidura no soy experto- los roles o papeles de ambas partes. Pienso, en efecto, que las psicologías en cuanto fenómenos individuales, tanto del cliente como de la prostituída, pueden ser enormemente variadas, recorren un amplísimo campo de posibilidades, en cambio, sus situaciones objetivas, los papeles desde los cuales uno y otra se relacionan resultan susceptibles de una descripción comunitaria y representan el nudo del debate sobre la prostitución, así como de las políticas con que esta realidad debe ser afrontada. Y, como se trata de una relación dual, con funciones complementarias, me veré obligado a hablar de sus dos términos, no sólo el llamado “cliente” sino también de la mujer o prostituída. En esta perspectiva nos encontramos ante dos lecturas y valoraciones inversas: la que podemos designar como leyenda áurea o leyenda rosa de la prostitución y aquella que desvela la cruda realidad de los hechos.

Cliente y prostituta en la “leyenda äurea”

“Dos adultos mantienen una relación sexual tras convenir un precio”. ¿No constituye ello un acuerdo perfectamente aceptable? Puede ser repudiada semejante relación si es establecida con menores de edad, con personas sometidas a coacción, forzadas, o si entran en juego drogas ilegales. Pero no, si trata de una relación entre seres libres, en el ejercicio pleno de sus facultades. Así se explica la Asociación de Empresarios de Locales de Alterne, (ANELA) según reproduce Joaquín Prieto en una reciente colaboración publicada en El País. (1)

Consecuentemente, fuera de estos límites, condenar la prostitución únicamente tiene sentido desde posiciones que rechazan el sexo y su libre ejercicio, desde actitudes represivas ante la sexualidad. Ya sea por inmadurez y ñoñería ante nuestro cuerpo y sus pulsiones, por falta de capacidad para asumir nuestra plena realidad. Ya, según la doctrina católica oficial, por la ordenación de la sexualidad humana a la reproducción que permite su ejercicio exclusivamente dentro del matrimonio y sin el uso de medidas contraceptivas. Aunque, ciertamente los teólogos no hayan tenido empacho en considerar necesaria la prostitución, según la teoría del “mal menor”. Y, curiosamente, es esta teoría la que hoy vemos reaparecer, secularizada, en voces como la de la catedrática Mercedes García Arán, que, si bien no osan entrar a discutir éticamente la relación prostituyente, mantienen que su supresión generaría caóticos desordenes. (2)

Mas no es ésta teoría del mal menor, la visión expresada por la ANELA, y, en general, por las posiciones proclamadoras de la leyenda áurea. Según ellas, se trata de una relación en que un individuo, normal y mayoritariamente un hombre, requiere ciertos servicios y está dispuesto a pagar por su suministro, a quien se los proporcione. Estos servicios son de índole sexual. Pero nada los diferencia, a no ser que tengamos una concepción represiva de la sexualidad, de otros, tales como la limpieza del hogar, la atención del camarero o camarera a la mesa en que nos sentamos en una cafetería, el tratamiento por el médico de nuestras dolencias o la asistencia que el abogado nos proporciona en un trance jurídico. Y el individuo en cuestión busca y encuentra una mujer dispuesta a prestarle los servicios deseados. Lo hace libremente, de acuerdo con esta descripción, pero, sin duda -hay que reconocerlo- no por gusto, buscando su satisfacción propia, al modo del cliente. Ni mucho menos por amor, cosa imposible, tratándose, al menos en un primer encuentro, de un desconocido. Lo hace, y ello diferencia radicalmente esta situación de las habituales, normales, relaciones sexuales, para obtener unos ingresos que le permitan sobrevivir en los casos más necesitados o le posibiliten elevar su nivel de vida en meretrices acomodadas.

Entonces, su entrega y actividad ha de ser planteada como un trabajo. La prostituta es redefinida como “trabajadora del sexo”. Se aduce, para quitar  hierro al asunto, que incluso hay trabajos más duros y más explotadores que el suyo. Y, como los otros trabajadores,  la mujer dedicada a la prostitución debe obtener los derechos laborales que la actual legislación prescribe. Tal es la perspectiva de las relaciones entre cliente y prostituta defendida por los partidarios de la leyenda áurea y cuya  consecuencia práctica es que la prostitución debe ser aceptada y mantenida, sin más necesidad que la de regularla por parte de los poderes públicos.

La cruda y dura realidad de la relación

Es interesante observar el falaz juego de esta descripción punto por punto. Algunos detalles de importancia menor, no dejan, sin embargo, de ser significativos. Por ejemplo, he hemos hablado de “un individuo” y ello no siempre se ajusta a la realidad. No debemos olvidar que muchas veces la visita a los burdeles se realiza en pandilla. Como una juerga colectiva, por hombres cargados de alcohol- droga admisibe en la doctrina de la ANELA, pues no está prohibida- y en un clima supermachista, en el cual alguno llega a decir: “vamos a dar una paliza a las putas”. Si no siempre es tan alto el grado de brutalidad y actitudes primarias, en todo caso resulta normal la acumulación de clientes que, sucesivamente, en lamentable hilera, se satisfacen con una prostituta, en ocasiones hasta agotarla. Según Anita Sand se puede contar el número de cuarenta o cincuenta clientes por cada mujer prostituída. (3)

Pero lo decisivo, sin extendernos en comentar aspectos más accesorios, es el deslizamiento que se ha producido de la realidad a su idealización manipulannte. Y la tranquila aceptación de un mundo degradado. Las relaciones sexuales humanas son expresión bien del amor en los casos más nobles, bien de un deseo de goce libre y mutuamente compartido. Y tal es su normal realización. No debemos olvidarlo. En la prostitución asistimos a una radical transformación de estas relaciones. Degradadas y desiguales, se han convertido en “prestación de servicios”.

En términos lógicos reina una completa asimetría. Y dicha asimetría, expresada en su forma más suave, es la de un protagonista dominante y una sirviente. De un lado se sitúa activamente un hombre que experimenta la sexualidad como necesidad fisiológica y como voluntad de goce. Posee el poder del dinero y, aún podríamos añadir, el prestigio social. Actúa como soberano. De otro un sujeto pasivo, la mujer, o -si se quiere ampliar el campo hacia fenómenos más minoritarios- el ser prostituído, para quien la relación no tiene más razón y atractivo que el de los ingresos que le proporciona. Sólo éstos le dan sentido. Pero, entonces, se ha convertido, no ya en sirviente, sino en mero objeto, utilizado por el ser que goza de ella. Podemos decir que la mujer sumida en la prostitución no se ve en función de sí misma, sino en el espejo que es el ojo del cliente, como realidad que puede satisfacer a éste. Se ha borrado a sí misma, como ser personal, convertida en mercancía. Por supuesto, la terminología de cliente y prostituta, debe ser sustituída por la prostituidor y prostituída.

Patriarcalismo, mercantilismo  y racismo en la prostitución

El carácter patriarcal de la relación resulta evidente. Corresponde a un mundo en que el varón maneja el dinero y tiene derecho a satisfacer a gusto sus instintos. Son tan poderosos que no se les puede poner barreras. En otro caso se incendiaría el mundo. La mujer aparece como un ser necesitado, carente de posibilidades por sí misma y además es despojada de sexualidad propia. Aunque rizando el rizo de sus sumisión, simule un placer no experimentado, para gratificar la virilidad del prostituidor. Es el colmo de la farsa montada por la dominación patriarcal.

Significativo de este carácter patriarcal de la prostitución resulta el hecho de que el combate por la abolición de la prostitución es en su mayor parte librado por mujeres feministas. Por aquellas que promueven un mundo igualitario, roto el dominio del varón, mientras que tantos hombres se muestran partidarios de mantener la prostitución. Los que la defienden más encarnizadamente son beneficiarios económicos del fenómeno como empresarios o chulos, otros se complacen en frecuentar los burdeles y finalmente muchos poco sensibles para la liberación total de la mujer se muestran indiferentes o abogan por la regularización. Y, así, sólo se consiguió la prohibición y sanción de los clientes en Suecia, cuando el Parlamento resultó compuesto igualitariamente por hombres y mujeres.

Junto al patriarcalismo, se manifiesta el mercantilismo que ha dominado la historia humana y ha alcanzado su ápice en el capitalismo. Ambos en estrecha relación. Como acabo de escribir es el varón quien maneja el dinero. Compra a la mujer en la forma más extendida de prostitución. En nuestra sociedad capitalista en que el dinero constituye el resorte más importante de poder, su distribución entre sexos es aplastantemente desigual en todos los niveles sociales. De un lado la feminización de la pobreza, de otro la acumulación de la riqueza o la superioridad de ingresos en manos masculinas. Y a partir de aquí la mercantilización inunda todo el mundo que estamos analizando.

Conforme a una sentencia del Tribunal de Luxemburgo de 2001 la prostitución constituye una “actividad económica”. Para la OIT (Organización Internacional del Trabajo) el “sector sexo” debería ser incluido en el actual mundo industrial. (4) Y, evidentemente, estamos en presencia de una actividad económica. Según datos aireados por la portavoz socialista en la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo, Elena Valenciano, sólo en España mueve dicha actividad 40 millones de euros diarios y alcanza en el mundo la cantidad de 5 billones de euros anuales. (5) En algunos puntos del planeta este mercado del sexo alcanza proporciones extraordinarias. Según el informe de la OIT la prostitución constituye la principal fuente de ingresos en las economías deprimidas del sureste asiático (Malaisia, Indonesia, Tailandia y Filipinas). Ello ha exacerbado el reclutamiento de mujeres para dicha actividad. (6)

Y, en conjunto, se sitúa junto al mercado de armamentos y la droga entre los más cuantiosos negocios de nuestra sociedad. No deja de sorprender entonces el interesado y acendrado vigor con que la prostitución es defendida por sus actuales beneficiarios. Pero, aún se llega más lejos, cuando se proclama que su legalización suministraría importantes ingresos a las arcas de los Estados, gracias a la percepción de impuestos, como también defiende la OIT.

Mas semejante situación convertiría al Estado en cómplice y proxeneta. Consideración nada honrosa para un Estado que se pretende de Derecho. Al término despectivamente usado de “Estado bananero” habría que añadir ahora el de “Estado putero”. Y es que, evidentemente, el hecho de que la prostitución constituya una actividad económica explica el interés de sus beneficiarios, mas no justifica el mantenimiento de la misma. Como tampoco el del tráfico de armas y de drogas. Mas bien pone a la luz el carácter perverso de la prostitución, al transformar las relaciones sexuales en compraventa y al convertir en mercancía los cuerpos humanos, las mujeres, y su capacidad de servir de objeto de desahogo para los apetitos sexuales del varón. Como en Suecia propaló la campaña que condujo a la abolición de la prostitución, “comprar cuerpos humanos es un crimen”. Expresión justa, nada desmesurada, si nos percatamos de que, si bien la vida física de la prostituta no es suprimida -aunque en el límite de la violencia que, dígase lo que se quiera reina en este campo, se lleguen a producir verdaderos asesinatos (7)- en todos los casos, aún sin violencia física, se anula la condición humana y personal de la mujer prostituída, al tratarla como mero objeto, al modo del esclavo.

Y la intensa actividad que mueve la prostitución debe ser categorizada, consecuentemente, como “crimen organizado”. Con el cual el prostituidor colabora activamente, ya que sin él no sedaría. Tal es la realidad recientemente denunciada en otra oportuna campaña, esta vez, en Almería, mediante carteles cuyo texto afirma: “La prostitución atenta contra los derechos fundamentales de miles de mujeres y niñas en todo el mundo y existe porque tú pagas”.

Junto al patriarcalismo y el mercantilismo, también otra lacra de nuestra historia se manifiesta aquí: el racismo. El hecho básico es la desigualdad económica y de poder entre razas que arroja a la mujeres de las razas dominadas al ejercicio de la prostitución, tanto en sus propios países como en tierras a que, en el tráfico de carne humana, son llevadas. Pero, además florece cierta mitología de lo exótico y de ardiente sexualidad de las mujeres no blancas, como han analizado y documentado Laura Keeler y Marjut Jyrkinen. (8)

La pretendida libertad

En una relación patriarcal, mercantilizada y racista ¿se puede mantener la libertad de la mujer prostituída? En la descripción áurea de las relaciones entre cliente y prostituta se afirma la libertad de la prostituta como requisito para una relación lícita y, por ende, regulable. Aun en el supuesto de aceptar la conversión de la sexualidad en negocio mercantil, evidentemente todo contrato económico, para ser válido ha de establecerse en condiciones de libertad. Entonces debemos preguntarnos ¿existe verdaderamente esta pretendida libertad?

Al respecto, podríamos considerar tres grandes situaciones típicas en la mujeres que se encuentran sumidas en el orbe de la prostitución. En primer lugar aquellas que han sido literalmente forzadas, obligadas bajo poderosísima coacción a convertirse en prostitutas, cosa que -como no deja de ser natural- en modo alguno deseaban. Resulta que, en nuestros días, y en nuestro mundo industrial avanzado, constituyen la inmensa mayoría. Según datos de la Policía Nacional y la Guardia Civil, el 90% de las mujeres que actualmente ejercen la prostitución en España son extranjeras. Evidentemente no se trata de turistas que viajan desde países ricos y quieren compaginar nuestro sol y nuestras playas con la prestación de servicios al macho ibérico. Vienen de países de la Europa del Este, cuya incorporación al triunfante capitalismo globalizador les ha hundido en la miseria, también provienen del subdesarrollo creciente de naciones de Ibero-América, o de la abandonada África. Han sido traídas engañosamente con la promesa de ofrecerles un trabajo, que no se anunciaba precisamente como “trabajo del sexo”. Y, luego, llegadas a la tierra prometida, tras haberse endeudado hasta las cejas, son forzadas a ejercer la prostitución. Caen prisioneras, encerradas, a veces sin otra ropa que la erótica con que deben excitar a los clientes, pero con la cual no pueden salir a la calle. Amenazadas y sometidas al terror, en ocasiones, son, incluso, vendidas. Semejante tráfico de carne humana femenina, que adapta a los tiempos actuales el transporte de esclavos, no es un fenómeno marginal en la realidad que estamos considerando, como los voceros de la prostitución pretenden, define su situación aplastantemente mayoritaria. En la cual las mujeres son víctimas, tanto de la violencia y la codicia patriarcal, como de la que preside, en estrecha relación con ella, el actual orden económico mundial. Y el llamado turismo sexual -ahora con el aditamento de explotar infantes desvalidos- completa y redondea este siniestro panorama en que los varones ricos y poderosos del Primer Mundo satisfacen sus instintos en la carne de los países pobres, esperándola en su confortable mansión o viajando en busca de ella.

Es el tremendo espectáculo que ofrece un mundo interrelacionado y cruzado por las comunicaciones en una tecnología puesta al servicio no del desarrollo planaterio, sino de la voluntad y beneficio de los poderosos. Pero, no sólo la prostitución es ejercida por mujeres arrancadas a su patria, también es practicada, y así tradicionalmente lo ha sido, en el propio país, sin necesidad de salir de él, a veces con el desplazamiento de las zonas más pobres, rurales, a las grandes urbes. En este sentido se puede dibujar un recorrido que va del pueblo al servicio doméstico en la ciudad, y, en él, al abuso de los señoritos de la casa para acabar en la prostitución. ¿Es factible describir esta historia como un ejercicio de la libertad? En primer lugar, sin duda, cabe hablar de los hombres en cuyas manos esta criatura puede caer para ser explotada y manejada, de los chulos en pequeña escala y de los propietarios de locales y negociantes del sexo. Pero, aún prescindiendo de estas situaciones, imaginando una mujer que ejerce como prostituta por cuenta propia ¿en qué medida la decisión de vender su cuerpo es libre? Distingamos, al respecto, entre voluntariedad y libertad. Y, con arreglo a tal precisión, podríamos decir que en este caso la decisión es voluntaria, pero no estrictamente libre. Aunque arranca de la iniciativa personal, no de una directa coacción de un individuo dominador, está condicionada tal opción por un marco de posibilidades que la fuerzan. Por el acecho de la miseria, de la indigencia, de la penuria. La prostitución aparece como vía para sobrevivir.

En un reciente programa de televisión sobre el sexo en Brasil, una mujer que se ganaba la vida como prostituta así lo declaraba. No había encontrado otra posibilidad para sobrevivir y confiaba en que, ejerciendo la prostitución, conseguiría que su hija no se viera obligada a afrontar el mismo triste destino. Ciertamente no parecía muy satisfecha con su mal llamado trabajo.

Por encima de estos dos mundos, se encuentra el minoritario de la prostitución de lujo, o alta prostitución. Está integrado por mujeres que, supuestamente, han ingresado en este universo de servicio al placer masculino, no por el apremio de la necesidad ni por la fuerza y el engaño, sino por el puro afán de lucro. Refinadas, educadas, obtienen los más altos ingresos por su actividad. Si Lenin hablaba de la aristocracia obrera, aquí -aunque ello no signifique aceptar la idea de la prostitución como trabajo- podríamos hablar de la aristocracia de la prostitución. Y parecería, a primera vista, que en este nivel ciertamente la elección ha sido indiscutiblemente libre.

Examinemos críticamente esta presunción. Sin duda no han actuado las intensas coacciones físicas y económicas que hemos denunciado en los mayoritarios casos anteriores, pero, aún en esta realidad minoritaria, se acusa la presencia de presiones sutiles que cuestionan la pretendida libertad. En primer lugar, la escandalosa diferencia de retribución entre un trabajo productivo y los ingresos obtenidos por complacer los gustos del varón de alta posición. Situación sólo concebible en una sociedad dominada por el despotismo patriarcal, que rige su economía, y para el cual priman, sobre cualquier otra necesidad, los caprichos del hombre de las altas clases sociales. Y esta desigualdad estructural opera sobre mentes que han sido troqueladas por la mitología del consumo, por el acceso a lujos, a los cuales este hombre satisfecho por el servicio femenino abre puertas. Como vemos, la pretendida libertad de las mujeres dedicadas a la prostitución se esfuma, cuando la sometemos a crítica, y, al modo en que Diógenes buscaba al hombre verdadero, tendríamos que tratar de encontrarla con un candil.

La prostitución disfrazada como trabajo

Si hemos examinado críticamente la pretendida libertad de la mujer prostituída, no resulta menos importante atender, ahora, al intento de convertir su actividad en un trabajo. Quizá este planteamiento trate de basarse en el hecho de que la prostitución es una actividad económica, como hemos visto, y representa una fuente de ingresos para la persona que se dedica a ella. Pero, evidentemente, no toda actividad que genera ingresos para quien la ejerce puede ser categorizada como trabajo. En tal caso habría que considerar el robo o la estafa como trabajos, a veces de alta calidad y muy rentables. Y, ciertamente, así son expresados en el argot del gremio de ladrones o estafadores, pero no en el uso social y jurídico. Lo mismo cabría decir del juego, y a nadie se le ocurre que comprar un décimo de lotería y cobrar el premio, si éste es obtenido, se defina como un trabajo. En cambio, se dan verdaderos trabajos, como el llamado “trabajo voluntario”, que, hechos por altruismo, no revierten en ninguna compensación económica. Y en la histórica explotación de la mano de obra esclava asistimos, sin duda, a duros trabajos que no son retribuidos.

El concepto de trabajo, rigurosamente entendido, supone el desempeño una actividad encaminada ya a la producción de una obra, industrial, manufacturera, intelectual o artística, ya a la extracción de bienes naturales, como en la minería o la pesca, ya a la prestación de servicios. Es preciso insistir en la idea de “actividad”, como algo que pone en funcionamiento nuestras facultades físicas y mentales, según las destrezas que previamente hemos adquirido. Así el obrero en la sociedad capitalista, a cambio de un salario, vende su fuerza de trabajo al propietario de los medios de producción. Se puede hablar de explotación, en la medida en que el capitalista obtiene una plusvalía. Se beneficia del trabajo y aumenta su riqueza. Y, ciertamente, el sistema capitalista no representa la forma más justa y humana de organizar la producción, que encontraría en la propiedad colectiva de los medios de producción una fórmula más alta y racionalmente equitativa. Pero, indubitablemente, lo que el proletario vende es su fuerza de trabajo. Algo exterior, no se vende a sí mismo. No vende su cuerpo, ni su intimidad. La mercancía que sitúa en el mercado laboral es su capacidad productiva externa, no su realidad personal, como el esclavo o la esclava que son vendidos y comprados en su entera realidad, en un mercado de carne humana, despojados de la condición de personas.

Y algo análogo podemos decir de otros trabajos, en que una actividad, sea la propia de una profesión liberal, sean servicios manuales, logra una retribución. Un cliente de un restaurante no se permite derechos sobre el cuerpo de quien le sirve. Y el camarero o camera consideraría un ultraje ser manoseada por dicho cliente. Tampoco una persona que se vale de los servicios de un médico o de un abogado adquiere el derecho de imponerle sus ideas o aspirar a que realice acciones que contradigan la ética del profesional. Y es que, aunque en ocasiones se afirme que en nuestra sociedad todo se compra y se vende, aún el más descarado mercantilimo tiene sus límitres. Y, entre ellos, debe figurar la prohibición de comprar algo tan íntimo, personal y noble, como es la sexualidad y su realización.

Frecuentemente se dice, con justo repudio, que en la prostitución se compra el cuerpo de la mujer o del ser prostiuído. Ello es verdad, pero aún tal decir constituye una expresión demasiado débil, respecto a la intensidad de la venta. Porque el cuerpo no es algo exterior, que posee un yo angélico, como pensaba Descartes o ha expresado Gabriel Marcel. El cuerpo es nuestra realidad personal, inseparable del yo, es aquello que nos define, con que hacemos nuestra biografía. Constituye nuestra identidad. Vender el cuerpo es venderse a sí mismo. Y si es alguien exterior quien realiza la venta, como, por desgracia, ocurre con notable intensidad en el tráfico de mujeres es un vendedor de esclavas, como los antiguos negreros.

Conceptualmente, no es posible, por todo lo que acabo de argüir y han argumentado muchas voces, categorizar a la prostitución como un trabajo, sin incidir en grave confusión. Pero, además, debemos pensar en las consecuencias lógicas, a que conduciría la inclusión de tal actividad en el mundo laboral, si se desarrolla estrictamente. Como ha puntualizado Lidia Falcón, en tal caso, habría que pensar que a una prostituta sin trabajo le correspondería ir al INEM a solicitar un burdel y se abriría una bolsa laboral con la oferta de puestos de prostitución. Entonces cabe –prosigue Lidia Falcón– que “a cualquier mujer que se encuentre en el paro, aunque previamente haya trabajado siempre en fábricas u oficinas, se le podrá ofrecer el “empleo” en un burdel. Si no tiene trabajo en el sector en que se ha formado, puede, sin embargo, ser prostituta”. (9)

Parece una siniestra broma surrealista. Sin embargo, observemos lo que nos relata Gisela Dütting en Holanda: ”...a algunas personas desempleadas se les ofreció trabajar como recepcionistas en burdeles. Si se niegan a aceptar el trabajo, pierden sus beneficios sociales y el seguro de desempleo”. (10) Aunque el trabajo ofrecido no era estrictamente el de prostituta, imponía la colaboración y presencia en esta actividad a personas que la rechazaban y al rechazarla quedaban gravemente perjudicadas.

En línea con todo lo que venimos comentando, el Grupo de Trabajo sobre las Formas Contemporáneas de la Esclavitud del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en el año 2003 se declaró “convencido de que la prostitución nunca puede considerarse un trabajo legítimo”.

La degradación del prostituidor

Si, en la relación entre prostituída y prostituidor, la explotación y alienación a que la primera de estas figuras es sometida, se revela escandalosamente manifiesta, una vez que hemos desenmascarado la leyenda áurea, no deja de ser cierta también la degradación en que el prostituidor cae. Como ya en otras ocasiones he explicado y escrito, (11) semejante degradación adquiere dos aspectos principales. Uno de ellos es la despersonalización, el otro la deshumanización, la caída en una conducta puramente zoológica, de instintividad animal.

El llamado cliente paga, utiliza la superioridad de su dinero para comprar a una mujer -en ciertos casos un niño, niña o un adulto masculino- que se encuentra en inferioridad económica. Pero, al hacerlo, no solo cosifica el ser comprado, borra, también, su identidad personal propia. Se convierte, dentro de una íntima relación, en mera y pura moneda, que es aquello a que la prostituida se ofrece. ¿No representa una alineación perder el rostro humano y transformarlo en un fajo de billetes? ¿No se desprecia a sí mismo en su identidad, al desaparecer transmutado en dinero?. ¡ Qué triste estima de su propia persona!

En el otro aspecto, el prostituidor aparece ciego para el mundo que las pulsiones sexuales abren en la condición humana. En lugar de dirigirlas hacia una relación personal, busca el mero desahogo fisiológico, a cuenta de un ser en quien descarga sus instintos. No sólo este ser utilizado es degradado, también lo es el hombre que actúa como mero macho animal.

Pero, además, es el responsable del hundimiento en una indigna humanidad. La prostiuída ocupa en su relación el lugar de víctima y de objeto. Es utilizada por la pura fuerza o por el poder económico. El prostituidor es el sujeto responsable de este abismo de inhumanidad. Para salir de él debe ser disuadido mediante el castigo, tal como en Suecia o en Corea del Sur se ha establecido. Tanto el proxeneta como el llamado cliente, más exactamente el degradado prostituidor, han de ser perseguidos hasta borrar estas criminales figuras de nuestra sociedad y avanzar hacia un mundo en que las relaciones sexuales alcancen la dignidad y plenitud que corresponde a la condición humana.


Notas:

(1) Prieto, Joaquín, “Una fábrica incontrolada de dinero negro”, El País, 27 de septiembre, de 2005, p. 17.
(2) García Arán, Mercedes, “ Prostitución y derechos” en “El Periódico” 4 de octubre de 2005.
(3) Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, p. 38.
(4) Véase  la aguda crítica de Raymond, Janice, “Legitimar la prostitución- La Organización Internacional
del Trabajo llama al reconocimiento de la industria sexual” en “Poder y Libertad”, nº 34, año 2003, pp. 44-46.
(5) Valenciano Elena, “Mercado de mujeres” en el País, 31 de agosto de 2005.
(6) Raymond,  J. op. cit. p.44
(7) Una  investigación canadiense ha mostrado que las mujeres en la prostitución tienen cuarenta veces mayor riesgo de ser asesinadas, en comparación con mujeres corrientes ( Sand, Anita, “Comprar sexo es un crimen” en Poder y Libertad, nº 38, año 2003, p. 39.
(8) Véase Keeler, Laura y Jyrkinen M. “Racismo en el comercio sexual en Finlandia” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 48-50.
(9) Falcón, Lidia, “Falsedades sobre la prostitución”, en Poder y Libertad, nº 34, año 2003,p.  19.
(10) Gisela Dütting, “Legalizar la prostitución en Holanda” en Poder y libertad, nº 34, año 2003, p. 15.
(10) París, Carlos, “La degradación del hombre en la prostitución” en Poder y Libertad, nº 34, año 2003, pp. 26- 29.

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17/11/2008 GMT -6

No se porqué me hice puta

piezasdeaocho @ 22:56

Por Gemma Lienas
26 Sep. 2004

Un amigo mío me envía un anuncio por palabras que ha encontradon el a prensa. Dice: “Sheila, bellísima, irresistible, pechos de primera, bombón de oro, escultural, nivel universitario, políglota, educadísima, super cariñosa... Tengo tantas cualidades que no se porqué me hice puta”.

La consejera de Interior, Montserrat Tura, visitó ayer algunos prostíbulos del Empordà en horas nocturnas, las horas en que los puteros llegan en masa. En una iniciativa muy loable y singular se interesó por la higiene de los locales y por las condiciones de trabajo de las chicas. No creo, sin embargo, que les preguntara por que razón se habían hecho putas. Entre otras cosas porque ellas habrían podido contestarle que no tenía porque conocer sus motivos para elegir una profesión u otra. Seguramente -y lo digo en base a los reportajes que he visto o leido sobre la prostitución- el principal por no decir el único móvil es el económico. Ello suponiendo que hayan tenido la libertad de elegir, claro, que no es la situación más frecuente. Ni elige la chica de la Europa del este que deja su país deslumbrada por una oferta de trabajo fantasmagórica, ni eleige la colombiana que, incapaz de prolongar uno o dos años más el alejamiento de los hijos que le esperan en Colombia, decide ganar dinero de forma más rápida que limpiando casas, ni elige, sin duda, la que ha estado introducida por fuerza o la que ha estado impulsada por un ambiente familiar que invitaba a muy pocas cosas más. Algunas de las prostituidas -me atrevo a decir que una minoría- dicen que han llegado a ello libremente, y también ellas confiesan una razón económica: quieren ganar dinero rápido. Y sin mucho esfuerzo, añade alguien.

¿Sin esfuerzo? ¿Os imaginais la obstinación que debe necesitarse para ir a la cama con un tipo calvo, con barriga y con halitosis, que, encima eixte un beso negro? ¿Y entrar en un hotel de mala muerte -o no- al lado de un tipo con un aspecto de tal manera que el de Jack Nickolson en pleno delirio psicopático resulta una expresión angelical?. Mucho esfuerzo creo yo que es necesario.

Por otro lado a mi lo que me habría gustado es que la consejera investigara las motivaciones de los clientes. Claro, la más evidente la entiendo y la comparto: deseo, necesidad sexual. Pero ¿comprar el sexo? Resulta una manera extraña de relacionarse con otro cuerpo. Inevitablemente indica una relación de poder: yo estoy por encima tuyo y te compro. Seguramente, sin embargo, la mayoría de clientes no deben ser conscientes de este juego extraño y poco recomendable que establecen cuando se van a la cama con una puta, de manera que no habrían podido contestarle a Tura: lo hago proque me gusta tenerla a mi disposición, saber que soy dominante.

Y finalmente, habría sido extraordinario conocer las razones con las cuales se habrían justificado los proxenetas. ¿Se habrían presentado como ETTs? ¿Como ONGs de ayuda a las inmigrantes? Estos si que lo tienen fácil: no arriesgan la salud ni la vida como ellas, ganan millones sin hacer excesivo esfuerzo y, además, ahora que sus colegas europeos lo tienen crudo por las ilegalizaciones se forran abriendo puticlubs cerca de la frontera.

De manera que no sabemos porqué Sheila se hizo puta, pero es fácilmente comprensible porqué los proxenetas han elegido este, digamos, oficio.

Fuente: Mujeres en Red

09/11/2008 GMT -6

Hallada muerta en el Xúquer una mujer desaparecida

piezasdeaocho @ 02:03

Por L. GARRIDO - Valencia
08/11/2008

La Guardia Civil investiga la muerte de una prostituta en Cullera. El cadáver de la mujer fue encontrado ayer en el río Xúquer. El Juzgado de Guardia de Sueca se hizo cargo del levantamiento. Según fuentes de la investigación, el hombre que ha ejercido de chulo de la víctima fue quien ayer mismo presentó una denuncia por la desaparición de la mujer. Poco después, la Guardia civil recibió el aviso de que había un cuerpo sin vida en el agua. Los efectivos desplazados comprobaron que se trataba de la mujer sobre la que se había presentado denuncia de desaparición.

Pasadas las siete de la tarde, se procedió al levantamiento del cadáver. Aunque todas las líneas de investigación están abiertas, La autopsia revelará si fue muerte violenta. La víctima era consumidora habitual de estupefacientes. Según las mismas fuentes, está previsto que entre hoy y el lunes se practique la autopsia al cadáver. La fallecida era una prostituta habitual de la zona de Cullera y alrededores.

Fuente: ELPAÍS.com

20/10/2008 GMT -6

Comunicado de la Secretaría de la Mujer del Partido Comunista Español

piezasdeaocho @ 23:08

Una forma extrema de violencia de género

Por Maite Mola / 24 sep 08

Hemos conocido a través de los medios de comunicación la existencia de un borrador sobre el tráfico de mujeres que la ministra de Igualdad, Bibiana Aído, presentó, en su denominado plan para luchar contra la explotación sexual, con intención de que el proyecto esté listo antes de final del año 2008, para que entre en vigor en 2009.

Al parecer los objetivos son cuatro, sensibilizar a la ciudadanía, fijar políticas de cooperación con otros países para combatir sus causas, garantizar la seguridad de las mujeres para que denuncien y elaborar una política integral.

Desde la Secretaría de la mujer del PCE, nos hacemos ecos de las críticas realizadas por diferentes organizaciones de mujeres, basadas en que un plan contra la trata es insuficiente. La trata es una forma agravada de prostitución, pero hay que abordar el problema de la prostitución en su conjunto.

La prostitución es una de las formas más graves de violencia hacia las mujeres, hacia todas las mujeres prostituidas, y un anclaje de la sociedad patriarcal, contra el que hay que luchar sin atajos. Es inconcebible que en España no existan medidas contra los mal llamados proxenetas y clientes, y contra los medios de comunicación que se lucran con anuncios de venta del cuerpo de las mujeres.

Desde esta Secretaría instamos al Ministerio de Igualdad a abordar con valentía este gravísimo problema, y a abordar la prostitución en su conjunto, haciendo una ley similar a las ya existentes en algunos países europeos, donde se defiende a las mujeres prostituidas y se sanciona a todos los que se lucran de su venta como objetos y a los compradores de carne humana.

Fuente: pce.es

19/10/2008 GMT -6

Sexo y mercado

piezasdeaocho @ 23:42

Por Ignacio Ramonet
28 de septiembre del 2005

El pasado 19 de septiembre estuve participando, en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid, en una jornada de trabajo sobre Tráfico internacional de mujeres con fines de explotación sexual, organizada por la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres (www.malostratos.org) y por la Plataforma de Organizaciones de Mujeres para la Abolición de la Prostitución (www.aboliciondelaprostitucion.org). Se hizo sobre todo hincapié en cuatro temas: la industria del sexo, el tratamiento de la violencia de género, la figura del prostituidor y el tratamiento mediático de la prostitución.

España, sin duda porque se ha impuesto el prejuicio machista sobre estos temas, es el país de la Unión Europea donde la industria del sexo conoce la mayor expansión. Y donde no encuentra casi ningún tipo de traba. Ni siquiera se ve el problema, que se analiza a menudo como una pura cuestión de libertad individual, de uso libre del cuerpo y de decisión personal sobre el deseo y el placer.

Es obvio que la cuestión de la prostitución suscita reflexiones controvertidas desde hace decenios, y no es de las que se pueden resolver sin debate social, de manera autoritaria, con un simple decreto del Gobierno. Pero la ceguera que existe, sobre todo en el ámbito masculino y hasta entre algunos intelectuales considerados como progresistas, aturde y espanta. Porque resulta evidente que muchos no quieren enterarse.

Debe influir en esto la atmósfera ultraliberal en la que vivimos, donde se afirma que el mercado lo domina todo, lo mercantiliza todo y que, en definitiva, una mujer -puesto que existe oferta de relación sexual y demanda- puede convertirse en una mercancía. Algunos se niegan a ver la diferencia entre la venta de la fuerza de trabajo en una sociedad capitalista y la venta del cuerpo como receptáculo de la personalidad y de la identidad.

El negocio del sexo mueve en España unos cuarenta millones de euros diarios, o sea 14.500 millones de euros al año... Es decir, el equivalente a lo que costarían 65 aviones gigantes Airbus A380... Y mucho más de lo que gastará la Unión Europea en los próximos cinco años en investigación científica y desarrollo tecnológico, que son las claves del futuro europeo, y que generan más de la mitad del crecimiento económico de Europa.

Como otras formas de violencia contra la mujer cometidas por el hombre, la prostitución es un fenómeno específico de género. La abrumadora mayoría de las víctimas son mujeres y niñas, mientras los que perpetran tales hechos son sobre todo hombres. La prostitución y el tráfico de mujeres suponen la existencia de una demanda de mujeres y menores, en particular niñas. Si los hombres no considerasen como un derecho evidente la compra y explotación sexual de mujeres y menores, la prostitución y el trafico no existirían.

Estudios internacionales demuestran que entre el 65% y el 90% de las mujeres prostituidas fueron víctimas de abusos sexuales cuando eran niñas por parte de familiares o conocidos de sexo masculino. El tráfico internacional de mujeres y menores es un problema que aumenta cada vez más en todo el mundo. El profesor Carlos Paris reveló en su ponencia que el 90% de las mujeres que se prostituyen en España son extranjeras, y en su mayoría han sido introducidas por redes de proxenetismo.

La abogada canadiense Gunilla Ekberg, asesora especial del Gobierno sueco, recordó cómo Suecia se ha convertido en pionera mundial del combate contra el tráfico de seres humanos con fines sexuales. En ese país escandinavo, la legislación permite condenar a todo hombre que compra sexo, el prostituidor, a seis meses de cárcel... Gracias a esa medida, la prostitución ha sido, en la práctica, erradicada. Un nuevo modelo sueco que toda la Unión Europea debería adoptar.

Leído en: Rebelión

Fuente: La Voz de Galicia

14/10/2008 GMT -6

El Día contra la explotación sexual carga contra el "cliente" de la prostitución

piezasdeaocho @ 22:56

FAX PRESS, POR CRISTINA HERRERA
23.09.2008

"Los clientes" con comillas. Este es el lema de la campaña levantada por la Comisión para la investigación de malos tratos a mujeres y la Plataforma de organizaciones de mujeres por la abolición de la prostitución. Sacar de la invisibilidad a los demandantes del sexo es el objetivo que se han propuesto las jornadas celebradas hoy en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el tráfico de mujeres, niños y niñas.

"Son unas jornadas contra el cliente, para poner de manifiesto que la trata de mujeres y niñas tiene todo y mucho que ver con ese participante invisible que es el prostituidor", señaló una de las abogadas que forman parte de la Comisión, Sara Vicente. "Porque sin ellos el negocio no existiría", la campaña propugna que la demanda es la responsable del aumento de la trata y de la industria del sexo en el mundo.

Actualmente ejercen las prostitución en las calles y clubes de alterne en nuestro país más de 300.000 mujeres, de las cuales un 82 por ciento, informó el delegado de Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente, han sufrido algún tipo de violencia, y un 70 por ciento han sido violadas. De ahí, que Lorente defienda que se debe luchar contra la "normalización" de este negocio, que se ha convertido en el segundo delito más rentable del mundo.

"El hombre no sólo satisface impulsos sexuales, sino que al acudir a una prostituta aumenta su identidad varonil", expresó Lorente. La función de poder ejercida por el hombre hacia la prostituta, al pagar por acceder a su cuerpo, es una de las causas por las que tanto la Comisión como la Plataforma no encuentran diferencias entre la prostitución ejercida con libertad a la inducida por extorsión. De ahí que la campaña propugne que "la regularización de la prostitución sólo supondría legitimizar la violencia contra las mujeres", tal y como aseguró, Vicente.

La abogada informó que, según datos del "Informe sobre la Prostitución", aprobado por la Comisión Mixta de los derechos de la Mujer y de la Igualdad de Oportunidades, el 99,7 por ciento de los "demandantes del sexo" son hombres, existiendo más de 15 millones de varones españoles clientes habituales de los servicios de la prostitución.

Las jornadas, que contaron con la participación de varios psicólogos, investigadores, abogados y diputados de los diferentes partidos políticos, persiguen tres objetivos fundamentales. El primero, erradicar totalmente la demanda y tomar medidas en contra del tráfico de mujeres. Por otra parte, la campaña en el Día contra la Explotación Sexual también insta al Gobierno a que el Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual, presentado hoy a las diferentes organizaciones por el ministerio de Igualdad, contemple medidas tanto a nivel judicial, social, educativo y policial.

Y por último, un mensaje dirigido a los medios de comunicación, para que retiren de sus páginas los anuncios referidos a la industria del sexo. "La prostitución posee un rol social muy propio de las culturas patriarcales", comunicó Lorente, que no dudó en denunciar las declaraciones del presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, referidas a su primera experiencia sexual con una prostituta.

"No es una necesidad"

En muchas ocasiones la demanda de los servicios de las prostitutas se justifica con el "impulso natural" que experimentan los hombres. Sin embargo, la investigadora María José Barahona aseguró que no existe esa necesidad sexual biológica que empuja a los hombres, y afirmó que no debe de existir la obligación de que tenga que haber mujeres que satisfagan sus "urgencias sexuales".

"El acudir a una prostituta es una acción consciente y planificada. Se rechaza la tesis de la urgencia o la necesidad porque se puede retrasar perfectamente en caso de que el cliente no tenga dinero o tiempo", explicó Barahona, que incidió en que si realmente los hombres se mueven por impulsos sexuales, no estaríamos hablando de personas, "sino de animales".

Fuente: El Correo Gallego.es



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