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Prostitución y feminismo (lecturas)








"En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo 'plazas',
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu
esquina, les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen 'trata'."


--Sonia Sánchez, coautora del libro "Ninguna mujer nace para puta""





“La prostitución tiene que ser entendida como violencia sexual contra la mujer” --Feminismo Radical

Categoría: EEUU

13/04/2009 GMT -6

La pornografía y las leyes de obscenidad

piezasdeaocho @ 21:15

Lo siguiente es un breve extracto de una conferencia que Andrea Dworkin (feminista radical) dió en 1985 en la Universidad Duke, en la ciudad Durham, Carolina del Norte.*

"Desde la perspectiva feminista la obscenidad es una idea moral;
la pornografía es una práctica política. La obscenidad es abstracta;
la pornografía es concreta."

(...)

"Si parte del atractivo de la pornografía implica erotizar
lo putativamente prohibido, la pornografía ilegal –la obscenidad–
estará prohibida lo suficiente para que siga siendo deseable
sin hacerla nunca auténticamente ilícita
o imposible de obtener."

–Catharine A. MacKinnon,
Hacia una Teoría Feminista del Estado.

Haz clic en el triangulito blanco para escuchar

(...)

La función de la ley de obscenidad --y quiero que piensen en lo astuta que ha sido la ley de obscenidad en contener a las mujeres en la busqueda de nuestros derechos-- una función de la ley de obsenidad es mantener la pornografía en privado, mantenerla fuera del dominio público de tal manera que mujeres y niños no puedan verla. De manera que no veamos dónde se únen todos los nervios de la supremacía sexual masculina. De manera que no veamos qué piensan los hombres de nosotras y lo que en realidad quieren hacer con nosotras. Para que la experiencia de lo que ellos nos hagan sea totalmente privada, totalmente personal. No importa cuántas otras mujeres en el edificio estén experimentando violación marital, no sabemos, y por tanto no somos responsables de ello. Y la ley de obscenidad, como una estrategia del ala derechista para mantener la desigualdad de las mujeres en la sociedad, es muy inteligente. Esconde la pornografía de nosotras. Eso es lo que intenta hacer.

Ahora, en nuestra sociedad la pornografía también se ha convertido en una forma de terrorismo público. Caminamos por la calle y desviamos nuestra mirada: existen tiendas a las que no entramos. En las tiendas en las que entramos, sabemos que somos ciudadanas de segunda clase.

La derecha advierte a la izquierda no hacer la pornografía pública. La derecha es muy inteligente en lo que respecta al poder. La derecha dice: "No muestres esas cosas a las mujeres y niños... ¡No les permitas ver eso!"

La ley de obscenidad solo impacta en la pornografía en el momento en que ésta se hace pública. Las leyes de obscenidad son leyes criminales. Eso significa que la policía hará frente a cualquier cosa que el Estado diga que es obsceno. Significa que la pornografía tiene que ser pública antes, para que la policía pueda intervenir. Puedes usarla en tu propia casa contra tu propia esposa. Puedes usarla contra mujeres en situación de prostitución. Puedes hacer lo que te plazca con ella siempre y cuando no cometas el error de la izquierda en hacer la pornografía pública. Porque lo que pasaría es que nosotras la veríamos. Y empezaríamos a entender algo acerca de cómo todos esos actos de abuso sexual se únen. Acerca de cual fué su significado. Acerca de cómo es que no son accidentes. Cómo es que no son sólo aberraciones personales; son políticas; son parte de un plan.

(...)

El llamado discurso de las mujeres dentro de la pornografía es silencio --las piernas abiertas son silencio. Ser una castorcita y un coño y una conejita y mascotas y conchas-- eso es una definición operacional del silencio. "Lastimame, y dámelo más duro, y lastimame más" es silencio. Y quienes piensen que ese es su discurso nunca han escuchado la voz de una mujer.

Fuente: Andrea Dworkin Video and Audio Archive

*Para escuchar el discurso completo haz clic aquí, y para leer la transcripción (en inglés) completa haz clic aquí.

10/11/2008 GMT -6

La prostitución legal en Las Vegas*

piezasdeaocho @ 02:54

Bob HerbertPor Bob Herbert
Septiembre 11, 2007

Debo haber tocado un nervio. Mientras que en Las Vegas la semana pasada, entrevisté al alcalde Oscar Goodman, quien con entusiasmo explicó cómo la legalización de la prostitución y la creación de una serie de “magníficos burdeles” podrían ser una bendición para el desarrollo de su ciudad.

Las Vegas ya es un paraíso de proxenetas, johns** y pervertidos, y yo acusé al alcalde en una columna anterior de haber marcado el tono “para la degradación sistemática e institucionalizada” de las mujeres.

Al señor Goodman no le complació eso. Mostrando hostilidad ante la prensa local, dijo que él no tenía uso alguno para mí, y agregó: “Tomaré un bate de béisbol y se lo romperé en la cabeza si alguna vez viene aquí”.

El alcalde, quien se hizo de un nombre como abogado defensor de mafiosos, realmente disfruta al ponerse en los zapatos de una personalidad bufonesca del tipo duro. (Nunca permite que nadie olvide que él tuvo una aparición como él mismo en la película "Casino"). Sin embargo, detrás de sus alardes estridentes, hay un tema serio que debe abordarse.

Muchas personas más consideradas que Oscar Goodman creen que la prostitución debería legalizarse como una manera de proteger y empoderar a las mujeres que van al comercio sexual. Yo ya he perdido la paciencia con esos argumentos, no importa qué tan bienintencionados sean. La prostitución en el mundo real, en cualquiera de sus formas, no se parece en absoluto a las fantasías de empoderamiento que los defensores de la prostitución proponen. Yo nunca he visto mujeres tan vulnerables e impotentes como las que hay en el comercio sexual, ya sea legal o ilegal.

En el Rancho de Sheri, burdel legal aproximadamente a una hora de Las Vegas, las mujeres tienen que responder como el perro de Pavlov a una campana que pudiera sonar a cualquier hora del día o de la noche. Puede ser las cuatro de la madrugada, y quizás la mujer esté durmiendo. O quizás no se esté sintiendo bien. Ni modo.

Cuando suena la campana electrónica, ella tiene cinco minutos para llegar al área de reunión, una gran habitación en la que se alineará con otras mujeres, prácticamente desnudas, y someterse a una humillante inspección por parte de cualquier cliente potencial que ande casualmente por ahí.

“No es divertido”, me susurró una de las mujeres durante un recorrido por el burdel.

Lo primero que hay que entender acerca de la prostitución, incluída la prostitución legal, es que el elemento de coerción casi siempre está presente. Pese a la ficción de que ellas son “contratistas independientes”, la mayoría de las denominadas “prostitutas legales” tienen proxenetas; los proxenetas aprobados por el estado que administran los burdeles y, en muchos casos, un segundo proxeneta que controla todos los demás aspectos de sus vidas (y toma la mayor parte de sus ingresos legales).

Ellas difícilmente tienen poder. Años y años de estudios han demostrado que la mayor parte de las prostitutas son empujadas al comercio en los primeros años de su adolescencia por hombres adultos. Un gran porcentaje son víctimas de incesto u otras formas de abuso sexual infantil. En su mayoría viven en la pobreza extrema. Muchas son drogadictas. Y en su mayor parte están plagadas por niveles devastadoramente bajos de autoestima.

Y luego están los ejércitos de mujeres y niñas que son traficadas para el sexual por parte de criminales organizados, tanto dentro como fuera de Estados Unidos.

Es una atrocidad que una ciudad, un estado o cualquier otra entidad del Gobierno de Estados Unidos pueda legalmente autorizar la degradación sexual de mujeres y niñas bajo cualquier circunstancia, ya no digamos aquellas que son sumamente vulnerables. Y si usted no piensa que la prostitución legalizada tiene que ver con la degradación, considere la “habitación de citas” en el Rancho de Sheri. Se trata de una pequeña habitación en la que se puede servir una cena para dos. Debajo de la diminuta mesa hay un par de toallas y un cojín para que la mujer se hinque.

El único que tiene poder en esa situación es el john.

Con todo y el concepto de magnificencia del alcalde Goodman, los burdeles legales de Nevada no son lugares agradables. “El único lugar en el que alguien me apuntó alguna vez con un arma fue un burdel legal”, dijo Melissa Farley, psicóloga e investigadora que ha estudiado el comercio sexual en Nevada desde hace dos años y medio.

Farley, quien ronda los 60 años y tiene la apariencia de una profesora universitaria, fue amenazada a punta de pistola por un proxeneta legal al que no le gustó su actitud. “Intenté cambiar la mirada en mis ojos, de inmediato”, dijo.

Cualquier investigación honesta de los hechos sobre la prostitución, a diferencia de las teorías abstractas -en cualquier forma- revelaría un espectáculo de horror. Es por eso que las autoridades de tantos otros países del mundo que oficialmente le han dado luz verde a la prostitución, incluidos Alemania y Holanda, han estado reexaminando sus políticas.

La prostitución legal tiende a aumentar la prostitución ilegal, en parte al crear un clima más amigable para la demanda. Tiende a incrementar, no reducir, el tráfico sexual. Además, la reciente explosión de prostitución en todas sus formas promueve la sexualización de niñas a edades cada vez menores.

Oscar Goodman debe ser considerado como una llamada de alerta. Como sociedad, deberíamos ofrecer ayuda a los muchos miles de mujeres que desean escapar de la prostitución, y ofrecer alternativas a quienes están en peligro de ser atraídas hacia ella.

Fuente: NYT

* Título original de este artículo: "Fantasies, Well Meant"

** Johns = Puteros o prostituyentes ("clientes" para los reglamentaristas)

20/06/2008 GMT -6

Comunicados de la CATW sobre el gobernador de Nueva York Eliot Spitzer

piezasdeaocho @ 20:56

Me han de disculpar por la traducción, todavía no aprendo muy bien el inglés. De todos modos pueden verificar en el texto original (haciendo clic en los enlaces que están al final de ésta lectura).

www.catwinternational.org

10 MARZO 2008
Comunicado de prensa: Gobernador Spitzer--Revelaciones recientes

Las revelaciones recientes sobre los acuerdos que mantenía regularmente el gobernador Spitzer para tener a su disposición a una mujer prostituída, demuestran que los hombres que explotan sexualmente mujeres provienen de todas las clases sociales. Incluso los más poderosos, respetados y privilegiados de entre nosotros explotan a las mujeres de esta manera. Después de todo los Johns [nombre despectivo con que se nombra en EEUU a los hombres que usan mujeres que están en prostitución] son padres, hermanos e hijos.

Vivimos en una cultura que continúa dando a los hombres el privilegio de explotar sexualmente a niñas y mujeres. Hasta que trabajemos en poner fin a la explotación sexual comercial de niñas y mujeres en este país, seguiremos teniendo una clase de mujeres utilizadas de este modo. La prostitución es la opresión más antigua y una forma de violencia hacia las mujeres. El hecho de que esto suceda en un contexto de "alto standing" no borra el daño de la mercantilización de las mujeres. La explotación sexual no tiene cabida en una sociedad que valora la igualdad de niñas y mujeres.

También tenemos que preguntarnos porqué existen hombres en nuestra cultura que hipócritamente apoyan el abuso sexual comercial mientras que públicamente apoyan la igualdad de mujeres y la justicia social.

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11 MARZO 2008
Comunicado de prensa: Gobernador Spitzer--No es un crimen sin víctima

La utilización de mujeres prostituídas por parte del gobernador Spitzer no es un asunto privado. Es, de hecho, un asunto muy público que plantea la cuestión urgente de la demanda de prostitución que alimenta el tráfico sexual.

El gobernador Spitzer, de hecho, violó en espíritu, si no es que en letra, la propia ley que él firmó y que entró en vigor el 1 de noviembre de 2007. La contradicción e hipocresía de que el gobernador Spitzer sea partidario de la recientemente aprobada legislación Anti-Tráfico de Personas del Estado de Nueva York (que eleva las penas de indulgencia de un delito menor "B" a un delito menor "A") y al mismo tiempo forme parte de la demanda que alimenta el tráfico sexual es una traición enorme a los derechos humanos y al movimiento de mujeres que luchan para terminar con el tráfico humano.

La prostitución no es un crimen sin víctima como muchos ahora están proclamando. Está ampliamente reconocida como violencia hacia las mujeres, que surge de condiciones sociales adversas y es contraria a la igualdad de las mujeres. Es la demanda de prostitución la principal causa del tráfico humano. Seguir teniendo una clase de mujeres disponibles para la explotación sexual es violar todos los estándares de derechos humanos. Las formas en que se explota la prostitución no se alteran con la cantidad de dinero involucrado.

Contacto:
NORMA RAMOS, Esq., Co-Executive Director, CATW
(212) 643-9895,
acherneff@catwinternational.org

Fuente (1): CATW

Fuente (2): CATW

15/06/2007 GMT -6

La pornografía es asunto de la izquierda

piezasdeaocho @ 12:03

Por Gail Dines y Robert Jensen

El feminismo antipornografía está acostumbrado a los insultos de la izquierda. Una y otra vez se nos dice que estamos en contra del sexo, que somos remilgados, simplistas, políticamente naif, distrayentes, y cerrados de cabeza. Las críticas más crudas no dudan en sugerir que la cura para estos achaques se encuentra en, cómo diríamos, una vida sexual plena.

Además de las calumnias, nos enfrentamos constantemente a una pregunta: ¿por qué "malgastamos" nuestro tiempo en el asunto de la pornografía? Puesto que somos anticapitalistas y antiimperialistas de izquierda así como feministas, ¿no deberíamos concentrarnos en las muchas crisis políticas, económicas y ecológicas (la guerra, la pobreza, el calentamiento global, etc.)? ¿Por qué gastaríamos parte de nuestras energías intelectuales y organizativas durante las últimas dos décadas fomentando la crítica feminista de la pornografía y de la industria de la explotación sexual?

La respuesta es simple: estamos contra la pornografía precisamente porque somos tanto izquierdistas como feministas.

Como izquierdistas, rechazamos el sexismo y el racismo que satura la pornografía comercializada en masa de hoy en día. Como izquierdistas, rechazamos la mercantilización capitalista de uno de los aspectos más básicos de nuestra humanidad. Como izquierdistas, rechazamos la dominación de los medios y la cultura por multinacionales. Los feministas antipornografía no piden a la izquierda que acepte una nueva manera de mirar al mundo sino que demandan consistencia en el análisis y en la aplicación de principios.

Siempre nos ha resultado extraño que tantos en la izquierda rechacen sistemáticamente comprometerse en una crítica antipornográfica sostenida y concienzuda. Todo esto resulta particularmente lamentable en un momento en el que la izquierda ansía conectar con el público; una crítica de la pornografía basada en un feminismo radical y un análisis de izquierda que se contraponga a la moralina de derechas sería parte de una efectiva estrategia organizativa.

Análisis izquierdista de los medios

Los izquierdistas examinan los grandes medios de comunicación como un lugar en el que la clase dominante trata de crear e imponer definiciones y explicaciones del mundo. Sabemos que las noticias no son neutrales, que los programas de entretenimiento son algo más que diversión y juegos. Son lugares en los que se refuerza la ideología, donde se expresa el punto de vista de los poderosos. Ese proceso es siempre una lucha; a los intentos de las clases dominantes de definir el mundo se les pueden ofrecer, y se les ofrece, resistencia. El término "hegemonía" se usa típicamente para describir ese proceso del que siempre se protesta, el modo en el que la clase dominante trata de asegurar el control sobre la construcción de significado.

La crítica feminista de la pornografía es consistente con (y, para muchos de nosotros, emana de) un análisis ampliamente aceptado en la izquierda sobre ideología, hegemonía y medios de comunicación, lo que conduce a la observación de que la pornografía es al patriarcado lo que la televisión comercial es al capitalismo. Pero cuando se trata de pornografía, muchos en la izquierda parecen olvidar la teoría de la hegemonía de Gramsci y aceptan el argumento autocomplaciente de que la pornografía es mera fantasía.

Aparentemente, el lugar común que es la percepción por parte de la izquierda de que las imágenes de los medios pueden ser herramientas para legitimizar las desigualdades, es válida para un análisis de la CBS o la CNN, pero se evapora cuando la imagen es la de una mujer a la que le clavan un pene en su garganta con tanta fuerza que tiene arcadas. En ese caso, por motivos sin aclarar, se supone que no debemos tomarnos en serio las representaciones pornográficas o verlas como unos productos cuidadosamente producidos dentro de un sistema más amplio de desigualdades de género, raza y clase. Aparentemente el valioso trabajo llevado a cabo por los críticos de los medios sobre la política de producción no tiene peso para la pornografía.

La pornografía es una fantasía, hasta cierto punto. Igual que los programas de policías de la televisión, que aseveran la nobleza de los policías y los fiscales como protectores de la gente son fantasía. Igual que las historias de Horatio Alger sobre las recompensas al trabajo duro en el capitalismo son mera fantasía. Igual que las películas que representan a los árabes sólo como terroristas son fantasía.

Todos esos productos mediáticos son criticados por la gente de izquierda precisamente porque el mundo de fantasía que crean es una distorsión del mundo real en el que vivimos. La policía y los abogados a veces buscan la justicia, pero también hacen respetar la ley del poderoso. Hay personas que en el capitalismo prosperan como resultado de su duro trabajo, pero el sistema no proporciona una vida decente a todo el que trabaja duro. Un pequeño número de árabes son terroristas, pero eso oscurece tanto el terrorismo de los poderosos en la América blanca como la humanidad de la gran mayoría de los árabes.

Esas fantasías también reflejan cómo quieren que se sienta la gente subordinada los que están en el poder. Las imágenes de negros felices en las plantaciones hacían sentir a los blancos más seguros y pretenciosos en su opresión de los esclavos. Las imágenes de trabajadores contentos calman los miedos capitalistas hacia la revolución. Y los hombres atienden sus complejos sentimientos sobre la tóxica mezcla de sexo y agresividad de la masculinidad contemporánea buscando imágenes de mujeres a las que les gusta el dolor y la humillación.

¿Por qué tanta gente en la izquierda parece asumir que los pornógrafos operan en un universo diferente al del resto de los capitalistas? ¿Por qué ha de ser la pornografía la única vía de representación producida y distribuida por multinacionales que no sería un vehículo para legitimar las desigualdades? ¿Por qué los pornógrafos serían los únicos capitalistas de los medios de comunicación que son rebeldes que buscan subvertir sistemas hegemónicos? ¿Por qué los pornógrafos se ganan la vista gorda de tanta gente de izquierdas?

Después de años de enfrentarnos a la hostilidad de la izquierda en público y en la prensa, creemos que la repuesta es obvia. El deseo sexual puede restringir la capacidad de la gente para el razonamiento crítico (especialmente los hombres en el patriarcado, donde el sexo no va solo de placer sino de poder). La gente de izquierda (en particular los hombres de izquierda) debe superar la obsesión con enrollarse.

Analicemos la pornografía no como sexo sino como medio de comunicación. ¿Adónde llegaremos?

Medios de comunicación comerciales

Las críticas hacia el poder de los medios de comunicación comerciales son omnipresentes en la izquierda. Gente de izquierda con proyectos políticos muy diferentes pueden unirse para censurar el control de los conglomerados sobre las noticias y la programación de entretenimiento. Por la estructura del sistema, se da por hecho que esas empresas crean una programación que responde a las necesidades de anunciantes y elites, no de la gente ordinaria.

Sin embargo cuando se habla de pornografía, este análisis sale volando por la ventana. Escuchando a tantos en la izquierda defender la pornografía, uno pensaría que el material está hecho por esforzados artistas trabajando sin descanso en solitarios desvanes para ayudarnos a entender los misterios de la sexualidad. No hay nada más lejos de la realidad; la industria de la pornografía es solo eso: una industria, dominada por las compañías de producción pornográfica que crean el material, con empresas mayoritarias lucrándose con su distribución.

Es fácil escuchar las conversaciones de los pornógrafos: tienen una revista del oficio, Adult Video News. Las conversaciones que se encuentran allí no tienden a concentrarse en el potencial transgresor de la pornografía o la naturaleza polisémica de los guiones sexualmente explícitos. Hablan de (qué sorpresa) beneficios. Las historias de la revista no reflejan una conciencia crítica sobre casi nada, en particular género, raza y sexo.

Andrew Edmond (presidente y ejecutivo de Flying Crocodile, una compañía de pornografía en Internet con un valor de 20 millones de dólares) lo dijo francamente: "Mucha gente se distrae del modelo empresarial por [el sexo]. Es un mercado tan sofisticado y variado como cualquier otro. Funcionamos como cualquier otra compañía de los 500 de Fortune".

Las productoras (desde las grandes como Larry Flynt Productions hasta las pequeñas productoras informales) actúan predeciblemente como grandes empresas del capitalismo, buscando maximizar la cuota de mercado y los beneficios. No tienen en cuenta las necesidades de la gente o los efectos de sus productos, no más que otros capitalistas. Dar un toque romántico a los productores pornográficos tiene tanto sentido como darle un toque romántico a los ejecutivos de Viacom o Disney.

Cada vez más, las grandes empresas de comunicación también obtienen beneficios. Hugh Hefner y Flynt tuvieron que pelear para ganarse el respeto en los salones del capitalismo, pero hoy la mayoría de los beneficiarios de la pornográfía son grandes corporaciones. A través de la propiedad de las compañías de distribución por cable y de servicios de Internet, las grandes compañías que distribuyen pornografía también distribuyen programación comercial. Un ejemplo es News Corp. Propiedad de Rupert Murdoch.

News Corp. es un accionista mayoritario de DirecTV, que vende más películas pornográficas que Flynt. En 2000, el New York Times informó de que los 8,7 millones de subscriptores de DirecTV gastan unos 200 millones de dólares al año. Entre los demás holdings de medios de comunicación propiedad de News Corp. están las redes de TV por cable y por emisión de la Fox, Twentieth Century Fox, el New York Post y TV Guide. Bienvenidos a la sinergia: Murdoch también es propietario de Harper Collins, que publicó el libro superventas de la estrella del porno Jenna Jameson How To Make Love Like A Porn Star [Cómo Hacer el Amor Como una Estrella del Porno, N. del T.].

Cuando Paul Thomas aceptó el premio al mejor director en la entrega de premios de la industria del porno de 2005, hizo un comentario sobre la corporativización de la industria bromeando: "Solían pagarme los italianos con dinero en efectivo. Ahora me paga un judío con un cheque". Sin fijarnos en la tosca referencia étnica (Thomas trabaja principalmente para Vivid, cuya cabeza es judía), quería decir que lo que una vez fue una empresa financiada en gran parte por la mafia ahora es otra corporación.

¿Qué piensa la gente de izquierda de las corporaciones? ¿Queremos que nuestra cultura la construyan ejecutivos de las corporaciones hambrientos de beneficios?

Mercantilización

Hace tiempo que se sabe en la izquierda que uno de los aspectos más insidiosos del capitalismo es la mercantilización de todo. No hay nada que no se pueda vender en el juego de acumulación sin fin del capitalismo.

En la pornografía, hay mucho más en juego, lo que se mercantiliza es crucial para nuestra percepción del ser. Sea cual sea la sexualidad o la visión de la sexualidad que tenga una persona, prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que es un aspecto importante de nuestra identidad. En la pornografía, y más en general en la industria del sexo, la sexualidad es un producto más para empaquetar y vender.

Cuando aparecen estás cuestiones, los izquierdistas pro-pornografía a menudo se apresuran a explicar que las mujeres en la pornografía han elegido ese trabajo. Aunque en toda discusión sobre elegir se tienen que tener en consideración las condiciones bajo las que uno elige, no discutimos que esas mujeres en efecto elijan, y como feministas respetamos esa elección y tratamos de comprenderla.

Jenna JamesonPero, hasta donde nosotros sabemos, nadie de izquierdas defiende los medios de comunicación capitalistas (o cualquier otra empresa capitalista) señalando que los trabajadores consienten en hacer sus trabajos. La gente que produce contenidos para los medios de comunicación, o cualquier otro producto, consiente en trabajar en tales empresas, bajo diferentes obligaciones y oportunidades. ¿Y qué? La crítica no es hacia los trabajadores sino hacia los propietarios y la estructura.

Fíjense en la estrella más grande de la industria, Jenna Jameson, que parece controlar su vida de negocios. Sin embargo en su libro cuenta que fue violada de adolescente y describe las maneras en la que la prosituían hombres a lo largo de su vida. Su desesperación por dinero aparece también cuando intentó conseguir un trabajo como bailarina de strip-tease pero parecía demasiado joven: se metió en un baño y se arrancó la ortodoncia con unos alicates. También describe su abuso de las drogas y se lamenta de la cantidad de amigos de la industria que perdió con las drogas. Y esta es la mujer de la que se dice que es la más poderosa en la industria pornográfica.

Tal y como entendemos el análisis de izquierda, el interés no está en decisiones individuales sobre cómo sobrevivir en un sistema que mercantiliza todo y nos roba las oportunidades de controlar nuestra vidas. Se trata de luchar contra el sistema.

Racismo

Según han ido despareciendo de los medios de comunicación las formas más descaradas y desagradables de racismo, la gente de izquierda continúa señalando que aún perduran formas de racismo más sutiles, y que su constante reproducción a través de los medios es un problema. La raza importa, y la representación de la raza por parte de los medios de comunicación importa.

La pornografía es el único género en el que el racismo manifiesto se sigue aceptando. No es un racismo sutil, codificado, sino un racismo a la antigua usanza de los EEUU: representaciones estereotipadas del semental negro, la salvaje mujer negra, la latina caliente, la tímida geisha asiática. Los vendedores de pornografía tienen una categoría especial, "interracial", que permite a los consumidores encontrar las posibles combinaciones de personajes y escenarios racistas.

El racismo de la industria está tan generalizado que pasa en gran medida desapercibido. En una entrevista con el productor del DVD "Black Bros and Asian Ho's" [Hermanos negros y putas asiáticas. N. del T.] uno de nosotros le preguntó si alguna vez le habían criticado por el racismo de tales películas. Dijo: "no, son muy populares". Repetimos la pregunta: populares, sí, pero, ¿la gente critica alguna vez el racismo? Nos miraba incrédulo; la pregunta aparentemente nunca se le había pasado por la cabeza.

Sin embargo dense una vuelta por una tienda de pornografía, y está claro que la justicia racial no es algo central para la industria. Se suelen pedir películas tipo "Black Attack Gang Bang" [Películas en las que una mujer es penetrada por un grupo de negros. N. del T.] "¡Mi misión es encontrar las nenas blancas más lindas para que unos negros con una buena polla le den fuerte y la follen en grupo hasta sacarla del pueblo!" Sería interesante ver a un izquierdista pro-pornografía argumentar a una audiencia no blanca que tales películas no están relacionadas con la política de la raza y la superioridad blanca.

Los productores más grandes como Vivid utilizan principalmente mujeres blancas; la cara oficial de la pornografía es abrumadoramente blanca. Sin embargo, paralelamente a este género existe un material más agresivo en el que aparecen con más frecuencia mujeres de color. Como nos dijo una mujer negra de la industria, "éste negocio es racista", desde cómo la tratan los productores para pagarle diferenciales hasta las conversaciones diarias que escucha por casualidad en el estudio.

Sexismo

La pornografía heterosexual comercializada en masa contemporánea (el grueso del mercado del material sexualmente explícito) es un lugar donde se crea y distribuye un significado particular del sexo y el género. El mensaje ideológico central de la pornografía no es difícil de discernir: las mujeres existen para dar placer sexual a los hombres, independientemente de la forma en que los hombres quieran ese placer, sin importar qué consecuencias tenga para las mujeres. No es sólo que las mujeres existan para el sexo, sino que existen para el sexo que quieren los hombres.

A pesar de las afirmaciones naif (o poco sinceras) de que la pornografía es un vehículo para la liberación sexual de la mujer, el grueso de la pornografía comercializada en masa es increíblemente sexista. Desde el feo lenguaje que se utiliza para describir a las mujeres, hasta las posturas de subordinación, hasta las propias prácticas sexuales: la pornografía es implacablemente misógina. A medida que la industria "madura" el género más popular de películas, llamadas "gonzo", continúa rebasando los límites de degradación y crueldad hacia las mujeres. Los directores reconocen que no están seguros de adónde llevarlos desde el nivel actual.

Esta misoginia no es un rasgo idiosincrásico de unas cuantas películas marginales. Basándonos en tres estudios sobre el contenido de los vídeos y DVD pornográficos de la última década, concluimos que el odio hacia las mujeres es lo principal en la pornografía contemporánea. Si quitamos todos los vídeos en los que a una mujer se le llama puta, coño, guarra o zorra, los estantes quedarían desnudos. Quitemos cada DVD en el que una mujer se convierte en el objetivo del desprecio de un hombre, y no nos quedaríamos con muchas. La pornografía comercializada en masa no exalta a la mujer y a su sexualidad, sino que expresa desprecio hacia las mujeres y exalta el hecho de expresar ese desprecio sexualmente.

La gente de izquierda típicamente rechaza meras explicaciones biológicas de la desigualdad. Pero la historia del género en la pornografía es la historia del determinismo biológico. Un tema central en la pornografía es que las mujeres son diferentes de los hombres y disfrutan con el dolor, la humillación la degradación; no merecen la misma humanidad que los hombres porque son un tipo diferente de criatura. En la pornografía, no es sólo que las mujeres quieren que las follen de un modo degradante, sino que lo necesitan. La pornografía en el fondo cuenta historias sobre dónde deben estar las mujeres: bajo los hombres.

La mayoría de la gente de izquierda critica el patriarcado y se opone al sistema de dominación por parte del macho. La lucha de género es uno de esos campos de batalla contra la dominación, y por tanto un campo de batalla ideológica. Si se unen el conocimiento de los medios de comunicación con los argumentos feministas sobre igualdad sexual, se obtienen los argumentos antipornografía.

La necesidad de un análisis consistente del poder

Los izquierdistas que por otro lado se sienten orgullosos de analizar los sistemas y estructuras del poder, se pueden transformar en individualistas libertarios extremos cuando se trata de la pornografía. El pensamiento sofisticado y crítico que sustenta lo mejor de la política de izquierda puede ceder a los análisis simplistas, políticamente naif y de diversión que deja a mucha gente de izquierda en el papel de animadores de una industria explotadora. En esos análisis, no se supone que debemos examinar la ideología de la cultura y cómo moldea la percepción que tiene la gente de sus opciones, y debemos ignorar las condiciones bajo las que vive la gente; todo va de libertad de elección individual.

Una crítica de la pornografía no implica que la libertad arraigada en la habilidad del individuo para elegir no sea importante, sino que argumenta en cambio que esos asuntos no se pueden reducir a un solo momento de elección por parte de un individuo. En su lugar, debemos preguntar: ¿Qué significa en realidad libertad dentro de un sistema capitalista que es racista y sexista?

La gente de izquierdas siempre se ha enfrentado a la opinión de los poderosos de que la libertad consiste en aceptar el lugar que ocupa uno en una jerarquía. Los feministas han remarcado que uno de los sistemas de poder que nos oprimen es el género.

Sostenemos que la gente de izquierda que se toma el feminismo en serio debe darse cuenta de que la pornografía, junto con otras formas capitalistas de explotación sexual, sobre todo de mujeres, niñas y niños, por parte de hombres, es inconsistente con un mundo que el que la gente común pueda tomar el control de su propio destino.

Ésta es la promesa de la izquierda, del feminismo, de la teoría crítica de la raza, del humanismo radical: de todo movimiento liberador de la historia moderna.


Gail Dines es profesora de estudios americanos en el Wheelock College de Boston. Se puede contactar con ella en gdines@wheelock.edu. Robert Jensen es profesor de periodismo en la universidad de Texas en Austin. Se le puede localizar en rjensen@uts.cc.utexas.edu. Son coautores junto a Ann Russo de "Pornography: The Production and Consumption of Inequality". Además ambos son miembros del comité organizador provisional del Movimiento Nacional Feminista Antipornografía. Para más información póngase en contacto con feministantipornographymovement@yahoo.com o entre a http://feministantipornographymovement.org/

ZNet | Activism; Viernes 06 de Enero, 2006

Traducido por Miguel Montes Bajo y revisado por Miguel Alvarado

Fuente: ZNet

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19/05/2007 GMT -6

The People vs. Larry Flynt

piezasdeaocho @ 15:38

En México la titularon Larry Flynt: El nombre del escándalo.

The People vs. Larry Flynt

Unos cuantos premios de más o menos entidad y una enconada polémica en todo el mundo ha cosechado esta película, que supone el retorno, después de siete años de inactividad, del director checo nacionalizado estadounidense Milos Forman (Alguien voló sobre el nido del cuco, Ragtime, Amadeus, Valmont).

El guión de Scott Alexander y Larry Karaszewski —guionistas de Ed Wood, de Tim Burton— relata la desquiciada y trágica vida de Larry Flynt, un hortera y provocador paleto de Kentucky, criado en un paupérrimo ambiente familiar, que se hizo multimillonario como fundador y editor de la revista pornográfica Hustler. Enfrentado durante dos décadas a la justicia, por obscenidad y libelo, estuvo en diversas cárceles y manicomios. En 1978 sufrió un atentado que le dejó paralítico de cintura para abajo y le provocó una profunda adicción a la heroína. Esta adicción se la transmitió a su cuarta esposa y gran amor de su vida, Althea Leasure —una de sus primeras bailarinas de strip-tease—, quien finalmente murió de SIDA en 1987. Poco antes, Larry Flynt ganó ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos un complejo caso de difamación que le enfrentó con el famoso telepredicador James Falwell.

La vida de Larry Flynt podría haber sido planteada de muchas maneras. Pero, siendo Oliver Stone el productor y principal impulsor del proyecto, se comprende que se haya optado por el lado más polémico y político. La película dedica bastante atención a la historia de amor entre Flynt y Althea —sin duda, la trama con más entidad dramática—, pero sobre todo se centra en las implicaciones políticas y éticas de la lucha permanente de Larry Flynt contra el sistema. Es aquí dónde la película muestra sus pies de barro. Porque tanto el guión como la realización de Milos Forman —uno y otra muy influidos, insisto, por Oliver Stone— acaban por convertir al pornógrafo Flynt en un paladín de la libertad de expresión en permanente lucha sin cuartel contra todas las fuerzas represoras e intolerantes que, según la película, amenazan ese pilar básico consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana. El gran argumento del film lo resume ante los medios de comunicación el personaje de Larry Flynt tras el fallo a su favor del Tribunal Supremo: "Si la Primera Enmienda protege a la escoria como yo, entonces os protegerá también a todos vosotros". O sea, que la vulgaridad no es sólo el precio que hay que pagar para que exista una sociedad libre, sino también el vigoroso antídoto contra todos los intentos sociales de instaurar el puritanismo radical.

La pornografía, ¿simple cuestión de mal gusto?

Este planteamiento ha obligado a asumir en la película numerosas simplificaciones: caricaturizar maniqueamente, como ridículos e hipócritas fanáticos, a todos aquellos que lucharon contra Larry Flynt; presentar la religión como una torpe alienación del hombre; asumir como legítima opción personal el sexo libre en todas sus formas y maneras; nadar entre dos aguas para intentar demostrar que el verdadero héroe de la película sea el Tribunal Supremo; y, sobre todo, resolver el complejo tema de la aceptación de la pornografía como una simple cuestión de libertad de mal gusto, sin ninguna implicación ética ni legal. "Sólo soy culpable de tener mal gusto", señala Larry Flynt en la película. El propio Milos Forman —no hay que olvidar que es un refugiado político checo— ha señalado en diversas entrevistas: "Prefiero un país libre y atestado de mal gusto a un país refinado pero sin libertades. La censura es el peor de los males". Y, coherente con este planteamiento, plantea la película y su polémico cartel publicitario —finalmente retirado en Estados Unidos, Francia, Bélgica y otros países— como un alegato contra "el falso patriotismo, la religiosidad hipócrita y el falso desnudo".

Basta ver los premios que ha recibido la película y la reacción entusiasta de cierto sector de la crítica, sobre todo en Europa, para darse cuenta de que la sutil argumentación antes descrita ha sido aceptada sin más, hasta llegar a considerar El escándalo de Larry Flynt como "una película hermosamente libre, sinceramente comprometida, vigorosa en su estética y éticamente valiente, que sabe reconocer la belleza convulsa de las flores del mal". Todo ello en aras de una defensa ciega y sin límites de la libertad de expresión.

Poco puede objetarse a la calificación estrictamente técnica del film: guión, interpretaciones y puesta en escena son de alta calidad, aunque, eso sí, resultan excesivas y asumen el mal gusto del biografiado en lo referente al sexo libre —hay numerosas secuencias sexuales explícitas— y al lenguaje grosero. Pero aceptar su fundamentación sin más resulta cuando menos ingenuo. Deberían hacer pensar la durísimas críticas que recibió la película en Estados Unidos, lanzadas desde el lado que menos se esperaba: la izquierda radical y los principales grupos feministas.

Críticas feministas

Según muchas feministas norteamericanas —algunas de las cuales han llegado a calificar a Larry Flynt como "el Goebbels de la guerra contra las mujeres"—, es alucinante presentar a un pornógrafo como paladín de la libertad de expresión. Porque el verdadero dilema respecto a la pornografía nada tiene que ver con la libertad de expresión, ni con la Primera Enmienda, que protege sobre todo la libertad de expresión política (como, por cierto, sucedió en el caso descrito en el film). Un análisis ponderado de la pornografía debería afrontar qué calificación ética y legal merece la explotación comercial del sexo y sus posibles efectos dañinos, deshumanizadores y cosificantes, en las mujeres y los hombres que la sufren, como trabajadores de la industria pornográfica, y en la sociedad entera, como manifestación y seguramente causa mayor de la violencia sexual contra las mujeres. Y esto es precisamente lo que no afronta la película.

Como señalaba una comentarista norteamericana, la revista Hustler nunca ha sido sinónimo de liberación sexual, ni siquiera de libertinaje o amor libre, sino la principal encarnación del sexismo más violento y machista. Y recordaba una famosa portada de la revista que, por supuesto, no aparece en la película: presentaba a una mujer desnuda y fuertemente atada, exhibida como un trofeo de caza en lo alto de la baca de un coche. Por detalles mucho menos explícitos de sexismo se han organizado potentes campañas y se ha obligado a retirar anuncios. ¿Simple cuestión de mal gusto o verdadero delito con graves consecuencias sociales que habría que perseguir legalmente?

Conviene no simplificar respecto a la libertad de expresión, ni olvidar la necesidad de una correspondiente responsabilidad de expresión, porque entonces la ley podría quedarse sin argumentos, por ejemplo, contra las publicaciones racistas neonazis, las redes de pornografía infantil en Internet o la apología pública del terrorismo o de los movimientos antidemocráticos. ¿No serían también simple cuestión de mal gusto, y su persecución legal, otra manifestación de intolerancia represiva puritana? Al quitar la voz, ridiculizándolos miserablemente, a todos los que luchan contra la pornografía, la película comete una grave injusticia y demuestra una gran intolerancia. Cualquier persona sensata está de acuerdo en que pegar un tiro a Larry Flynt es un hecho decididamente execrable y perseguible, pero de ahí a convertirle en un héroe hay un abismo.

Críticas desde la izquierda

La izquierda radical norteamericana ha aportado al debate otro elemento de juicio, bastante evidente y que los partidarios de la película sorprendentemente no tienen en cuenta. Para esos movimientos izquierdistas, Larry Flynt no es en absoluto un luchador de la libertad, sino un espécimen más de capitalista sin escrúpulos que se ha enriquecido explotando, como trabajadores y principales usuarios del negocio del sexo, a las clases más desfavorecidas de la sociedad.

Creer que la lucha del rey del porno contra el sistema se enmarca en la defensa de la libertad de expresión y no en la necesidad de mantener a flote su próspero negocio es de una ingenuidad sorprendente. El propio Milos Forman ha señalado, sobre todo en las entrevistas más recientes: "No poseo la certeza de si Larry Flynt es un loco, un saco de mierda escondiéndose detrás de la Primera Enmienda o un arribista que trata de incrementar la venta de sus revistas". Pues, si realmente piensa así, ¿por qué no lo refleja en su film, que más bien parece una gigantesca campaña publicitaria de limpieza de imagen pagada por el propio Larry Flynt, quien, por cierto, aparece en la película dando vida, para más inri, al primer juez que le condenó?

Pienso que, una vez más, el visceral y enfermizo resentimiento de Oliver Stone contra el sistema USA le ha llevado a engaño, incluso hasta parar en las antípodas de su propio pensamiento político. Pues si la libertad de expresión justifica a Larry Flynt, el libre comercio bastaría para justificar igualmente cualquier explotación de los trabajadores. J.J.M.

Fuente: Bloggermania

Otros enlaces:

HOLLYWOOD CLEANS UP HUSTLER --Artículo escrito por Gloria Steinem (en inglés)

DO YOU THINK RAPE IS FUNNY?

Supongo que las que creen que Playboy es "de buen gusto" es porque esto es solo cuestión de "mal gusto". Chéquense la siguiente galería de imágenes sacadas de la revista pornográfica Hustler: http://www.hustlingtheleft.com/gallery/index.html



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¿QUÉ INDUSTRIA INTERNACIONAL DE 56 BILLONES DE DÓLARES ES IGNORADA POR LOS CRÍTICOS DE LA GLOBALIZACIÓN?

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