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Prostitución y feminismo (lecturas)

Categoría:

25/09/2008 GMT -6

Italia: senadores conservadores proponen declarar a las prostitutas "peligrosas para la moral y la seguridad"

piezasdeaocho @ 01:00

Típica postura de la derecha más rancia, pero por supuesto que ante semejante fascismo no faltan oportunistas y sus propuestas.

La coalición conservadora gobernante en Italia ha introducido una enmienda en el decreto ley sobre seguridad aprobado por el Gobierno, que contempla a las prostitutas como "sujetos peligrosos para la seguridad y la moralidad"

EFE 06-06-2008

Una enmienda pretende expulsar a las mujeres a sus lugares de residencia o países de origen y establece que podrán ser expulsadas a sus lugares de residencia o países de origen.

La enmienda ha sido introducida por los senadores conservadores Filippo Berselli y Carlo Vizzini y prevé que las prostitutas sean incluidas en el mismo grupo que los vagabundos, los traficantes y vendedores de drogas, los delincuentes habituales, los proxenetas, los explotadores de menores y otros tipos considerados "personas peligrosas para la seguridad y la moral".

La enmienda ha levantado ya una fuerte polémica y ha dividido a la clase política italiana. El ministro de Justicia, Angelino Alfano, ha dicho desde Luxemburgo que comparte el "principio" de la medida y que ya se evaluará como ponerla en práctica.

Su compañera de partido (el conservador PDL) Isabella Bertolini aboga por lanzar una "ofensiva" contra la prostitución que se desarrolla en calles y plazas de las ciudades y en carreteras de todo el país.

Opiniones contradictorias

Sin embargo, para Marina Sereni, del Partido Demócrata, la medida no supone ninguna solución, sino que es más bien una "fachada", una propaganda gubernamental, porque lo hay que hacer es llegar "hasta el fondo de la cadena", en el que incluyó a los proxenetas y los traficantes de blancas.

El presidente de la Asociación Nacional de Magistrados, Luca Palamar, dijo que el objetivo del legislador debe ser localizar a los proxenetas, y en las filas de los conservadores, la diputada Alessandra Mussolini, se mostró "perpleja" por la enmienda y dijo que duda que logre "lo que hay que afrontar de verdad, los proxenetas, la violencia hacia las mujeres".

En Italia, según datos de las Organizaciones Internacionales de las Migraciones (IOM) citadas por los medios locales, existen 70.000 prostitutas, de las que el 94 por ciento son extranjeras, el 20 por ciento menores y el 30 por ciento transexuales.

Los clientes son 9,5 millones, de ellos el 70 por ciento hombres casados, siempre según la IOM, que precisa que la prostitución genera 90 millones de euros al mes. Datos de Cáritas señalan que las prostitutas extranjeras son 22.000, provenientes de 60 países.

Lo leí en: APRAMP

20/09/2008 GMT -6

Jornadas Internacionales sobre la demanda de prostitución: Los "clientes" con comillas

piezasdeaocho @ 00:24

Haz clic en la imagen para descargar el programa.

Puteros   - Jornadas '08

Día: 23 de septiempre de 2008

Convoca: Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres

Lugar: Círculo de Bellas Artes. Sala Don Ramón Gómez de la Serna [5ª planta]. Madrid

PLATAFORMA DE ORGANIZACIONES DE MUJERES POR LA ABOLICIÓN DE LA PROSTITUCIÓN
C/ Almagro, 28 Bajo
28010 Madrid
Tel. 91 308 27 04 Fax. 91 319 36 19
comision@malostratos.org
www.malostratos.org
www.aboliciondelaprostitucion.org

Fuente: Mujeres en Red

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ACTUALIZACIÓN (15/10/08): El Día contra la explotación sexual carga contra el "cliente" de la prostitución

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19/09/2008 GMT -6

Pretenden "lavar" imagen del barrio rojo en Holanda

piezasdeaocho @ 10:42

El alcalde de Amsterdam, Job Cohen, quiere prohibir la actividad de los proxenetas en el Barrio Rojo de la ciudad. Esto es necesario, sostiene el alcalde, para combatir la explotación y el tráfico de mujeres. La medida es un paso más en el proceso de saneamiento del sector de la prostitución, dijo Job Cohen.

Por Erik Hesen
21-09-2007

ExplotaciónEl Barrio Rojo de Amsterdam es famoso tanto en Holanda como en el extranjero. El barrio es una red de calles y canales en el centro histórico de la ciudad y en él se encuentran unas 150 vitrinas donde las prostitutas ofrecen "sus servicios". Para muchos esta zona es de atracción turística, pero el gobierno de la ciudad ve las cosas de otra manera y ha decidido aplicar mano dura.

Actividades criminales

Hace ya 10 años, una comisión parlamentaria investigó lo que sucedía en el Barrio Rojo e informó que los negocios que allí se hacían estaban en manos de un grupo de unas 16 personas, "con antecedentes criminales serios y/o contactos con el mundo del hampa". Además, en los últimos años, en el barrio se escuchan historias de trata de mujeres o prostitución forzada. El alcalde y los concejales llegaron a la conclusión de que el Barrio Rojo ha dejado de ser una atracción turística de la cual sentirse orgulloso.

"Saneamiento"

La campaña de saneamiento comenzó el pasado verano, cuando el gobierno local decidió retirar la licencia a algunos empresarios de dudosa reputación, activos en el negocio de la prostitución. El más afectado por esta medida fue Charles Geerts, propietario de una gran cantidad de inmuebles en el barrio. Desde hace años corren rumores sobre la participación de Geerts en el crimen organizado, pero nunca ha sido hallado culpable en los tribunales. Lo que sí perdió este empresario fue la lucha contra la alcaldía y ahora deberá cerrar sus negocios en el Barrio Rojo. La alcaldía le comprará los edificios y quiere convertirlos en locales comerciales y galerías de arte.

El alcalde Cohen ha reconocido que la legalización de la prostitución, hace 7 años, no ha causado el efecto deseado. Muchas prostitutas no se han convertido en "simples empleadas" o pequeñas empresarias, y siguen siendo explotadas por sus proxenetas. Por eso es que ahora el alcalde aboga por la prohibición del proxenetismo.

Oposición de prostitutas

La asociación que protege los derechos de las prostitutas, llamada el Hilo Rojo, se opone férreamente a las medidas que quiere tomar la alcaldía. Según la vocera de la asociación, Metje Blaak, la compra de los inmuebles tendrá un efecto negativo. "Mientras más inmuebles haya, menos explotación. Ahora las mujeres que son explotadas se irán a trabajar no sabemos dónde, y no las podremos ayudar", sostiene Blaak.

La asociación Hilo Rojo tampoco ve nada bueno en la prohibición del proxenetismo. De hecho en el Código Penal holandés existe un artículo que señala la prohibición de obligar a una mujer a mantener relaciones sexuales por dinero. Este delito puede ser castigado con hasta ocho años de cárcel. Según Hilo Rojo, Cohen haría mejor aplicando rigurosamente la ley ya existente.

Pozo negro

¿Podría conducir, esta política de la alcaldía, a la desaparición del Barrio Rojo? No sería algo para ponerse a llorar, dijo hace un tiempo a Radio Nederland la concejala por el Partido del Trabajo (PvdA) Karina Schaapman, ella misma ex prostituta. "Hay mucha gente que está orgullosa del Barrio Rojo como atracción turística. Se trataría de un lugar extraordinario y agradable, que hablaría bien de la libertad que se vive en nuestra ciudad. A mí me parece más bien un pozo negro. En el Barrio Rojo hay criminalidad dura, explotación de mujeres, miseria social. Nada para sentirse orgullosa", dijo Schaapman. Por su parte, el alcalde Cohen ha asegurado que su propósito no es terminar con la prostitución en el Barrio Rojo.

Fuente: Radio Nederland

03/09/2008 GMT -6

Carta abierta a las expertas y expertos en trata

piezasdeaocho @ 10:29

Por Sonia Sánchez*

En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo "plazas",
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu esquina,
les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen "trata".
Me dicen mucho de la doble moral
de ustedes y del maquillaje
y del uso que hacen de nosotras.

Este gran circo al que llaman
"lucha contra la trata" y del que ustedes son dueños,
me dice mucho sobre la creación
y el fortalecimiento de una
nueva "zona roja".
Y de ese hacer para no cambiar nada.

Así como sostengo que
debatir la prostitución sólo entre putas
es sostener nuestra vulnerabilidad
y exculpar al fiolo y al prostituyente,
también les digo: dejen de hollywodensear
el tráfico de mujeres para la explotación sexual.
sabemos y somos conscientes, todas y todos, de:
que es el hambre la que nos "trata";
que es la falta de trabajo la que nos "trata";
que es la falta de un hogar la que nos "trata";
que es la falta de educación la que nos "trata".

Por eso las putas no necesitamos
más leyes, talleres, forros.
Necesitamos que las que ya
están se cumplan.

Necesitamos un shock de políticas sociales serias,
para nosotras y nuestras familias.

Necesitamos que se visibilice,
persiga y criminalice
al prostituyente-torturador,
que vive en sus casas.

Necesitamos que nos saquen
un poco las manos de encima.
Necesitamos que ustedes trabajen
en sus hipocresías y mentiras.
Traten.

Sonia Sánchez, Periódico MU/Julio 08 de Cooperativa Lavaca

*Ex integrante de AMMAR-Capital,
co-autora del libro "Ninguna mujer nace para puta"

Lo leí en: Desobediencia y Felicidad

Fuente: Periódico MU/Julio 08

25/08/2008 GMT -6

La soledad de la puta

piezasdeaocho @ 02:55

Por Sonia Sánchez

Quiero hablar y reflexionar con ustedes de la soledad de la puta, hablar de esa soledad tan desigual que ya es obscena.

Soledad que es atravesada por relaciones de poder sobre ese cuerpo y subjetividad; para que no puedan pensarse y verse por fuera del ejercicio de expropiación y explotación a la que están sometidas.

¿Alguna vez lo pensaron eso?, esta soledad que viene acompañada y sostenida por la omisión de muchas y muchos, por programas incompletos, por programas de prevención. ¿Prevención de qué? ¿de salud? ¿de tráfico? ¿de violación?

No, no se puede hablar de prevención cuando hay hambre, cuando hay necesidad de un trabajo, de un techo propio, cuando no se sabe leer ni escribir, cuando se quiere vivir dignamente y la señora burocracia y miles de requisitos les dice no, cuando no se es libre.

Cómo trabajar el tema de explotación, de prostitución, cuando a estas personas no se las escucha, no se las ve, cuando gran parte de esta sociedad tiene un rol silente y a la vez verdugo ante esta situación.

Cómo trabajar la fragilidad en estas mujeres, cómo despertar esa fragilidad en las personas que tienen un puesto de poder, en lugares claves, para que haya un cambio.

Es distinto leer un libro sobre la explotación a escuchar una persona que lo fue, leer sobre la prostitución cuando hay putas que quieren vomitar tanto dolor verbalmente, y se les tapa la boca con forros, y con una caja de alimentos.

Con el hambre no se negocia, no hay negociación posible. Y de eso las putas y en particular las mayores lo saben, lo padecen, y lo viven a diario.

Rostros surcados por el tiempo, cuerpos avejentados, gastados, golpeados, atravesados por el miedo, la vergüenza, y hoy por el sida.

Dios, si ya era brutal ser puta, y vieja ¿te imaginás con sida? No, no hay imaginación posible que pueda transportarte a ese lugar. Todo mi ser se convierte en un cuerpo vibrátil mirando la realidad sin maquillaje, sin ese polvo que suaviza y tapa. Pero no basta con ello, se necesita de más, se necesita trabajar los prejuicios de cada uno y una, de políticas de empleos capaces de contener y fortalecer una subjetividad más libre.

Mi fragilidad estalla en mil gritos, en impotencia, en rabia, y bronca. Siii, sólo le cuesta 5 pesos al sida ser uno más que ocupa, usurpa, expropia, y abusa de ese cuerpo hambreado, para seguir enmudeciéndolo.

Mirando la cara del hambre prostituido, no puedo seguir callada, menos cuando las/os legisladoras/es quieren reglamentar esta esclavitud, convertirlos en empresarios a los proxenetas, cuando el Ministerio de Salud bonaerense (Claudio Mate) apoya y fomenta guetos sanitarios para las prostitutas, cuando sindicalistas, ONGs, hombres y mujeres apoyan esta esclavitud, explotación sexual como trabajo y profesión, a ellos les digo ¿cuando comiencen los talleres de formación profesional para ser putas?, ¿se lo recomendarían a sus hijas como una profesión más, como ser abogada, doctora, enfermera, maestra, periodista...?

Todos estos neoliberales junto con los usuarios son los que te educan para ser una puta productiva y sumisa, hoy en esta sociedad que tiene como eje central el consumo y la comunicación, a las putas se las aísla y se las mantiene a todas juntas, sin posibilidad de crear nuevas relaciones, de gozar de los beneficios que tienes como ciudadanas (ejem los hospitales) eso hacen las/os fiolas/os, no dejan que hables, que te relaciones con otras personas (en el mundo de la prostitución le llamamos a estas otras, locas sueltas, no tienen fiolos), de esta manera el control que se tiene sobre ese cuerpo es absoluto.

A partir de ese control se obtiene toda la información para armar proyectos, para vivir de la prostitución ajena, para hacer una introspección sobre sus miedos, deseos, angustias, porque hoy ya no alcanza con sólo estudiar la vagina de la puta.

Leído en: Desalineadas

Fuente: Periódico MU/Diciembre 06

El pollo y las prostitutas

piezasdeaocho @ 00:20

Por Victoria Sendón de León
21/03/2006

No tengo a mano los datos exactos sobre el fastuoso prostíbulo que se está montando en Berlín para los campeonatos futbolísticos del próximo verano, pero, bueno, todos sabemos que se trata de un montaje de múltiples cabinas (con mujer dentro) que podrán recibir unos seiscientos y pico de clientes cada cuarto de hora. Es decir, que cada cuarto de hora, miles de mujeres serán asaltadas, violadas, despreciadas por un forofo lleno de rabia porque su equipo ha perdido, por un “hooligan” borracho y babeante, por un exaltado que celebra el triunfo de su equipo echándose un polvo, por un enfermo de sida o de cualquier enfermedad venérea, por un sádico, por un gilipollas, por un asesino en las guerras balcánicas, por un cura reprimido que predica la castidad, por un jovencito imberbe que se inicia de ese modo. Pasarán de incógnito la curia, los políticos, los magistrados y todos los honorables para quienes la prostitución es algo normal, cosas de hombres, un contrato de compraventa de igual a igual y esas cosas; para quienes la prostitución está justificada incluso por ese “otro” feminismo que nos considera puritanas decimonónicas a las abolicionistas.

Está previsto que miles de mujeres, de 30.000 a 50.000, van a ser arrastradas a ese festival del sexo y del oprobio más vergonzoso de nuestra historia presente con la anuencia de los políticos, los ciudadanos y, sobre todo, los proxenetas, que van a hacer su agosto. ¿Qué dice ante semejante espectáculo ese “otro” feminismo tan progre? ¿Que se trata de una oportunidad fabulosa de trabajo? ¿Que es algo semejante a la campaña de la fresa? ¿Que las condiciones sanitarias son estupendas? ¿Que ojalá cada verano se montara un festín semejante? Pues nada, estupendo ¡a trabajar! Chicas en paro ¡vaya chollo!

Lo que me tiene pasmada es que, para tranquilidad de los asistentes, en Berlín no se servirá pollo ni ninguna otra carne de ave, vaya a ser que estén contagiadas por la gripe aviar: ¡pobrecitos! Mira que si van tan contentos los chicos y vuelven con el virus puesto. ¡Vaya por dios, qué mala pata! Pero nadie ha propuesto que antes de entrar a las cabinas del placer los “clientes” se hagan un análisis…, vayan a contagiar a las pobres trabajadoras del sexo.

En fin, con este precedente, ya verán cómo proliferan las cabinas en la Champion, la liga, la vuelta ciclista, el Tour de Fracia, el Giro de Italia, Winblendon, el volei-ball playero y hasta los campeonatos de petanca o de mus. Las cifras de paro van a bajar espectacularmente. Luego los chicos exigirán igualdad de oportunidades. ¿Se lo imaginan? Yo no.

Fuente: El blog de Casandra

23/08/2008 GMT -6

«Contratar a una prostituta es otra forma de violencia machista»

piezasdeaocho @ 12:48

El autor de 'Vidas quebradas' bucea en el negocio de la prostitución a partir de entrevistas con decenas de profesionales en España

Por Marta Juste | Valladolid
28.07.08

El periodista José Miguel Vila, responsable de Comunicación de la Corporación empresarial de la ONCE, se ha sumergido en el mundo de la prostitución para conocer las historias de diferentes mujeres que, de forma obligada o voluntaria, ejercen la profesión más antigua del mundo. Esos testimonios han quedado reflejados en 'Vidas quebradas', un libro que «no dejará indiferente a quien lo lea».

-¿Ha sido difícil enfrentarse a un tema tan delicado?

-Para mí bastante. Lo tenía pendiente desde hace años porque formo parte del 70% de la población española masculina que jamás ha estado con una prostituta. Tenía ganas de saber qué sentían, ponerme en su lugar, en la situación de esperar a que alguien llame para ofrecerle sus servicios. He hablado con muchas prostitutas y con alguna de ellas hasta 20 horas. Me acabé ganando su confianza. Me enorgullece que ellas estén contentas. No suelen tener un trato humano y yo las he tratado como personas, he visto qué hay detrás de estas mujeres.

-Existe un gran rechazo hacia la pederastia y los asesinatos, pero no es tan evidente con la prostitución. ¿A qué se debe?

-Yo creo que son casos extremos de abusos. El hecho de solicitar los servicios de una prostituta es una forma más de violencia de género. Hay situaciones que en ciertas ocasiones se ven normales. Hasta el siglo XIX, el esclavismo no era repugnante y, sin embargo, si ahora nos enterásemos de un caso de esclavismo nos horrorizaríamos. Los seres humanos son seres humanos. La dignidad del hombre está por encima de todo lo demás. La prostitución es la esclavitud del siglo XXI.

-La pornografía ¿influye en la percepción de la prostitución como un trabajo más?

-Supongo que sí. Todo tiene un hilo conductor. La pornografía se lleva de forma organizada, como ocurre con la prostitución. Suelen estar bajo el control de chulos o proxenetas. Se meten en la prostitución por razones económicas o de forma obligada. Pero lo que más abunda son las redes de prostitución. Creo que de todos los periódicos de tirada nacional, sólo 'Público' no ha admitido los anuncios de contactos. Son unos ingresos muy importantes, de unos 1.200 millones de pesetas anuales. Por curiosidad, llamé a 20 anuncios al azar y de todos ellos, 19 eran de mujeres que pertenecían a redes de prostitución. El 85% de las prostitutas en España son inmigrantes. Con la crisis, el número de españolas ha aumentado.

-La sociedad rechaza a las prostitutas. Pero, ¿qué ocurre con los proxenetas y los clientes?

-Son los verdaderos actores de la prostitución y actúan de forma más libre. Ellas se meten en este mundo muchas veces por la fuerza. Ese desprecio hacia las prostitutas habría que desviarlo hacia los clientes y los proxenetas. Ellos son los que hacen uso de la gente que se prostituye. En la actualidad es rara la despedida de soltero que no acabe en un club de carretera. Hay una gran contradicción, ya que lo normal sería que como ahora hay más libertad sexual, debería haber menos prostitución en España. Pero ocurre todo lo contrario.

-¿Qué opina de la prostitución en Holanda?

-Independientemente del sistema jurídico, donde hay prostitución hay explotación y abusos. Mi opinión personal es que liberalizar la prostitución no significa que haya menos abusos. En Suecia se persigue al cliente y ha bajado de forma evidente el número de personas que se prostituyen. Muchas asociaciones están en contra de la prostitución. Sin prejuicios, he llegado a la misma conclusión. Otras asociaciones están en pro de la Constitución, pero yo creo que no es una profesión como otra cualquiera. Están en juego muchas cosas y principalmente la dignidad. Es una actividad remunerada, pero no un trabajo.

-¿Cree que hay alguna solución?

-Yo no la tengo. Hay que mirar a estas mujeres de otra forma. Normalmente, las prostitutas no trabajan de forma libre, la mayoría está obligada. El único caso con el que me encontré que no trabajaba por obligación fue el de un transexual que afirmaba que se había sentido más explotado en otros trabajos y se prostituía de forma voluntaria. Lo que yo quiero es despertar la inquietud social. Hace unos años se estudió la legislación y se dejaron las cosas tal y como estaban con respecto a la prostitución. Por lo tanto, no debe ser una cuestión tan fácil. Es un asunto cultural o ético, o las dos cosas. Siempre habrá prostitución, pero el día que se contemple como algo atroz, se reducirá de forma sustancial.

-Escribió junto a su hija 'Mujeres del mundo. Inmigración femenina en España hoy'. ¿Por qué la gente siente rechazo hacia los inmigrantes?

-La gente que viene a trabajar nos saca de muchos apuros. Si esta gente parase de repente, habría un colapso tremendo en la economía nacional. Pero no creo que la mayoría de los españoles sienta un rechazo tan grande por los inmigrantes.

Fuente: NORTECASTILLA.ES

18/08/2008 GMT -6

Los deseos del género macho

piezasdeaocho @ 00:53

Por Victoria Sendón de León
11/02/2006

Desde ahora ya no pienso nombrar a los hombres por el sustantivo que los denota, dado que nosotras hemos quedado reducidas al “género”: violencia de género, perspectiva de género, estudios de género, trabajo de género, programas de género y otro montón de incontables chorradas de género.

Hecha esta salvedad, añadiré que tengo un cabreo de género importante (y perdón por el tono un poco grosero, pero nos entendemos) Acabo de ver uno de los tantos programas televisivos sobre la prostitución, un tema ahora en candelero por la regularización de esta vergüenza que quiere llevar a cabo la Generalitat de Catalunya. No regulan los precios de la vivienda ni a los depredadores (perdón, promotores) de la especulación urbana, ni piensan regular los beneficios escandalosos de la banca, ni van a regular ya las tarifas de los servicios básicos de electricidad, teléfono, agua, transporte, etc., pero, eso sí, sienten la necesidad imperiosa y urgente de regular la prostitución y darle carta de legitimidad y legalidad social. ¡Adelante!

Si yo necesitara irme de putos con cierta asiduidad, o una vez en la vida, tanto da; si no sintiera la necesidad de controlar mi ira contra los más débiles; si no fuera capaz de poner límites a mi ansia de riqueza material, de poder o de prestigio; si las conversaciones con mis amigas y compañeras giraran en torno al fútbol y al sexo; si consintiera en tener a mi marido como esclavo del hogar y de la familia; si pudiera pasarme días enteros sin ver ni hablar con mis hijos, me sentiría un ser despreciable, ínfimo, repugnante y, tal vez, me suicidaría. .. si es que para entonces me quedara un ápice de dignidad. Por el contrario, una parte notable del género macho hace todo esto y siguen siendo seres respetables, poderosos, admirados, con prestigio y con corbata. Sobre todo con corbata, que si no parecerían unos cualquiera. ¿Qué oculta esa ridícula corbata que ninguno de los respetables se arriesga a desterrar, cuando se atreven a todo lo demás?

Al hablar del género macho en este sentido, espero que no todos se sientan concernidos, como yo no me siento tal al escuchar eso del género en femenino.

La gran trampa que el Patriarcado esconde consiste en que todo ha sido organizado para que el género macho pueda realizar – sin pudor, sin vergüenza, sin culpa, sin desprestigio y dentro de la legalidad- todos sus más repugnantes deseos y seguir alimentando hasta reventar un imaginario impotente, insensible, inhumano. No otra cosa desvela el tema de la prostitución, de la violencia, del enriquecimiento voraz, y hasta de la pasión descontrolada por el maldito fútbol.

Cuando nosotras debatimos sobre las “pobres prostitutas”, en realidad nos estamos limitando a mirar el dedo que apunta a la luna. “Se trata de su deseo, estúpida”. ¿O es que no te enteras? ¿Nos estaremos convirtiendo en el género tonto?

Fuente: El blog de Casandra

28/07/2008 GMT -6

La psicología de los hombres que pagan por sexo

piezasdeaocho @ 14:33

20-09-2007

Recientemente presentado en el Colegio de Psicólogos de La Plata, el nuevo libro del psicoanalista Juan Carlos Volnovich define a la prostitución como una “violación autorizada socialmente por la mediación del dinero”, y estudia el significado de tal práctica a partir de sus clientes habituales

Prostituidor El psicoanalista Juan Carlos Volnovich comenzó su actividad profesional en 1964 trabajando con niños hasta que en 1971 pasó a integrar el Grupo Plataforma, vinculando la práctica psicoanalítica con su compromiso social. La última dictadura militar lo encontró exiliado en Cuba y colaborando con organismos de Derechos Humanos en Argentina y en el exterior.

Hoy, su campo de acción es la relación entre el psicoanálisis y las teorías feministas, paradigma del cual se ciñó para escribir Ir de putas. Reflexiones acerca de los clientes de la prostitución, su último libro presentado recientemente en La Plata. Allí, y de acuerdo a lo que figura en el prólogo, trata de acercarse “al tema desde la psicología del usuario, del cliente de la explotación comercial sexual a la que habitualmente se alude como prostitución”.

En 1987, Volnovich publicó Machos fieles de gran corazón, un trabajo en el que analizaba cómo el hombre mantenía fidelidad con los valores de rendimiento, productividad y eficacia propuestos por el neoliberalismo, pero era infiel con respecto a sus mujeres. Ocho años después, en otro trabajo, profundizó en los puntos sobre los que se sostienen las complicidades de género cuando se trata del análisis de un varón con otro varón.

“En tantos años de investigación no reparé en que la mayoría de mis pacientes, tenían o habían tenido relaciones con prostitutas. Tal era el grado de naturalidad de esa práctica, que acepté un pacto de silencio implícito. Hablar de eso, hablar en serio, profundizar en el sentido inconsciente y en el significado singular de esa práctica, equivalía a la herejía de romper uno de los acuerdos más entrañables que los hombres podamos mantener entre nosotros”, aclara el profesional.

En base a entrevistas con varios de sus pacientes, estructuró su investigación preguntándose por el origen y significado de esta práctica. “Las relaciones sexuales con prostitutas tanto refuerzan como desmienten los estereotipos convencionales de aquello que se entiende por masculino y femenino -explica el psicoanalista-. La atribución de la actividad para todo aquello que se identifique como masculino y la asociación de la pasividad con lo femenino, quedan desmentidas allí donde el varón se instala en el lugar pasivo del hijo o del alumno ante la prostituta”.

Para alejarse de su objeto de estudio, Volnovich se encargó de desnaturalizar la práctica de pagar para obtener sexo. “El pago garantiza que el deseo de la mujer quede siempre en suspenso”, indica el especialista, al tiempo que concluye que “la pasión sexual a precio fijo y por un lapso de tiempo pautado, convierte a la mujer en descartable y atenúa el temor del hombre al cuerpo y al deseo de la mujer”.

Fuente: diarioHoy.net

25/07/2008 GMT -6

Guerra sin cuartel al feminismo

piezasdeaocho @ 17:41

Por Kira Cochrane*
06/07/08

La industria del sexo está experimentando un boom, el porcentaje de condenas por violación cae en picado, los cuerpos de las mujeres son examinados con lupa en todos los medios de comunicación, el derecho al aborto se encuentra bajo una seria amenaza y los presidentes de las empresas más importantes declaran que no quieren contratar mujeres. Todo ello sólo puede significar una cosa: la guerra total al feminismo.

FeminismoCualquier persona que se haya declarado feminista -incluso si lo hacía con una risa nerviosa mientras inclinaba la cabeza- sabe que el mundo está lleno de misóginos, y que frente a esto, hay que encontrar maneras de reafirmarse. Las convicciones profundas ayudan, como la hace la camaradería de mujeres brillantes, politizadas. Están, también, la dignidad que proviene de reconocer que no tener pene no es ningún impedimento, y, finalmente, y de manera crucial, están los resultados: la sensación de que la cultura avanza hacia delante.

Siempre ha habido resistencia al feminismo, el backlash (1) que Susan Faludi describió en su libro homónimo de 1991. Pero también está la satisfacción de las batallas ganadas, los derechos conseguidos, el respeto asegurado, la sensación, en definitiva, de que lo esencial del proyecto feminista -la lucha por las mujeres por ser tratadas como seres humanos, ni más ni menos- avanza paso a paso. De hecho, cuando leí un artículo reciente de la escritora feminista estadounidense Katha Pollit titulado "Backlash Spectacular", en el que registra cómo la cultura norteamericana está retrocediendo en los derechos de las mujeres, me sentí satisfecha. Gracias a Dios que eso no está pasando aquí, pensé, mientras me hundía en mi sillón y trataba de alcanzar otro bombón de chocolate.

Por descontado, si te sientes satisfecho de no estar en los EE.UU., te has equivocado de cabo a rabo. Las semanas que siguieron al artículo de Pollit fui tropezando, aquí y allá, con los signos de que el movimiento feminista tiene aún mucho por hacer, sino que las batallas que creíamos que estaban hace tiempo ganadas han estallado de nuevo, los derechos que creíamos asegurados están de repente bajo amenaza. Estos signos han aparecido bajo muchas formas, algunas ridículas, otras devastadoras.

En las ridículas, por ejemplo, apareció una encuesta de la revista Marketing de los famosos más y menos queridos de la nación. Los cinco más queridos por los encuestados eran hombres: Paul McCartney, Lewis Hamilton, Gary Lineker, Simon Cowell y David Beckham. De los cinco más odiados, las cuatro primeras eran mujeres: Heather Mills, Amy Winehouse, Victoria Beckham y Kerry Katona, con Simon Cowell en el quinto lugar. Reaccionar contra esto parecería en cierto modo estúpido, y aún así...

Otro pequeño signo apareció en la respuesta a una entrada de la página web feminista británica "the F Word" (la palabra F). La media de comentarios de cualquier entrada de esta página ronda los diez, pero después de que una de las bloggers preguntara a los lectores si se habían sentido alguna vez acosadas en la calle, la página se llenó con cientos de respuestas. «Por supuesto», contestó una mujer, «no puedo salir a la calle sin que los conductores hagan sonar el cláxon, y ha habido peatones que me han preguntado si querría "chuparles la polla" cuando iba por la calle.» «Pues claro», escribió otra, «me amenazaron con violarme cuando volvía a casa una noche, hace dos semanas. Cuando les respondí furiosa, aquellos asquerosos me siguieron todo el camino.»

Luego están todos los signos sobre la consideración de las mujeres en el lugar de trabajo. Hojeando un día la prensa me encontré con una entrevista a Theo Paphitis, que aparece en el programa de televisión Dragon's Den, así como en la lista de los más ricos del país de este año. Se trata de uno de los más importantes empresarios británicos. «Todo este rollo feminista...», dijo, «¿en serio estamos diciendo que deberíamos darle el 50% de los trabajos a las mujeres?» Paphitis siguió observando que las mujeres «se hacen preñar y... siempre dicen que trabajarán hasta el día antes del parto, tendrán al niño, irán al río, lo lavarán, se lo darán a la niñera y volverán al trabajo al día siguiente, pero con toda seguridad se ablandan, y después del parto aparecen los instintos maternales, se toman tres meses libres, se salen de su sistema y vuelven a la normalidad.» Sobre la cuestión del permiso de paternidad declaró que la parecía una cosa «un poco ñoña.»

Por desgracia Paphitis no es el único que mantiene puntos de vista tan recalcitrantes. En entrevistas publicadas antes este mismo año, Alan Sugar, el fundador de Amstrad y consejero del gobierno en materia empresarial, desafió repetidamente una ley instituída desde hace más de tres décadas. Esta ley fue una de las grandes conquistas del movimiento feminista de los setenta: a partir de entonces fue ilegal que se les preguntara a las mujeres en las entrevistas de trabajo si planeaban o no tener hijos, en base a que se trataba de una pregunta claramente discriminatoria que proporcionaba a los empleadores una oportunidad para descartar a cualquier mujer que quisiera conciliar la vida familiar y la laboral. «No se nos permite preguntar, así que la cosa es muy fácil», declaró Sugar, «sencillamente no las contratemos.»

Una encuesta mostró que el 68% de los empleadores están de acuerdo con Sugar. Fue en este momento, admite Katherine Rake, directora de la campaña de igualdad de la Fawcett Society, cuando empezó a preocuparse porque un importante backlash esta en vías de producirse, pues de repente se encontró teniendo que defender derechos que estaban hace tiempo establecidos y que parecían fuera de toda duda. Llegaron más razones para la preocupación, y lo hicieron bajo una forma particularmente increíble y deprimente: un antiguo icono del movimiento feminista, Rosie Boycott, fundadora en los setenta de la revista pionera Spare Rib, y que ahora posee una granja, escribió en el Sunday Times que «mis cerdos no van a prosperar con esquemas de flexi-alimentación. Y tampoco por cierto mi negocio. Por eso no me sorprende que la semana pasada hubiera muchas voces reclamando que las mujeres volvieran de nuevo a la cocina.»

Si no quieren que las mujeres acudan a los lugares de trabajo -y el hecho de que todavía se nos pague un 17% menos que a los hombres en los trabajos a jornada completa y un 36% en los trabajos a tiempo parcial es ya en sí mismo un signo-, al menos nuestro derecho a estar seguras de la violencia estará reconocido y protegido, ¿verdad? Nada más lejos de ello. Así como las actitudes de los líderes empresariales parecen estar retrocediendo a la carrera, el número de mujeres asesinadas por su pareja actual o pasada permanece constante en dos a la semana, y el porcentaje de condenas por violación ha estado disminuyendo hasta hacerse casi invisible.

Me acordé de este último hecho cuando el Washington Post, un periódico que raramente recoge cuestiones feministas británicas (francamente, EE.UU. ya tiene suficiente con los suyas), publicó un largo artículo sobre esta vergüenza que empaña nuestro sistema de jurídico. El artículo señalaba que el porcentaje de condenas por violación había caído en picado de un 33% en la década de los setenta al 5'7% actual, y que se piensa que las 14.000 denuncias anuales por violación son tan sólo la punta del iceberg: la abogada del estado Vera Baird ha estimado que solamente entre el 10 y el 20% de los casos llegan a las autoridades. En el artículo se citaba a un abogado llamado Kerim Fuad que, habiendo defendido a varios hombres acusados de violación, se sorprendía por el número de veredictos en que se los declaraba "no culpables", incluyendo algunos casos en que la demandante había podido demostrar heridas internas como consecuencia de la violación. Aludió a una encuesta de Amnistía Internacional realizada en el 2005 en la que el 26% de los encuestados respondió que la mujer era total o parcialmente responsable de su violación si vestía atrevidamente, y el 30% contestó que era total o parcialmente responsable si estaba ebria.

¿Cómo responde la cultura general a este hecho? ¿Acaso hace todo lo posible para asegurarse que los violadores son castigados y las mujeres se les garantice justicia, que la balanza sea reparada? No lo hace. En los últimos años en los cuales el porcentaje de condenas por violación ha caído a un nivel tan insultantemente bajo que representa un claro backlash en y por sí mismo, la prensa se ha centrado, no en las víctimas ni en los violadores, sino en la publicación de toda una serie de artículos sobre mujeres que aparentemente han mentido en su denuncia por violación. El número de mujeres que ha presentado denuncias falsas a la policía ronda el 3% del total, el mismo porcentaje de denuncias falsas que en el resto de crímenes, pero los medios de comunicación se han fijado -casualmente, simplemente, exitosamente- exclusivamente en ellos, haciendo arraigar en el imaginario público que, en lo tocante a la violación, las mujeres mienten. Una noción que, naturalmente, tiene efectos mucho más graves cuando un jurado ha de expresar su veredicto.

Si los violadores no van a ser castigados, al menos habrá buenos servicios de apoyo para las mujeres que han sido violadas. Bueno, pues no los hay. El movimiento de mujeres de los setenta y de principios de los ochenta luchó por la creación de un servicio ayuda a las mujeres violadas, una red de centros llamados Rape Crisis, y, en 1984, se consiguieron 68 de estos centros básicos repartidos por todo Inglaterra y Gales. Hoy, cuando las violaciones han alcanzado un nivel sin precedentes (el total de violaciones registradas creció un 247% entre 1991 y el 2004), el número de centros Rape Crisis ha descendido a casi la mitad y actualmente hay únicamente 38. Este enorme déficit en los servicios de asistencia resulta menos sorprendente cuando sabes que tres de las organizaciones de caridad para mujeres más importantes del Reino Unido -Refuge [Refugio], Women's Aid [Ayuda a las mujeres] y Eaves Housing for Women [Cobijo para las mujeres]-, las cuales apoyan a las mujeres víctimas de la violencia de género, tienen, todas juntas, unos ingresos inferiores a los de The Donkey Sanctuary [El santuario del burro], una organización caritativa cuyo objetivo es que los asnos puedan llegar a viejos.

A medida que el número de centros Rape Crisis se desploma, el número de lapdancing clubs se ha multiplicado, ayudado por un cambio en la ley de licencias en el 2003 que los equiparaba a las cafeterías y los bares de karaoke. Desde que este cambio legislativo se hizo efectivo, el número de lapdancing clubs se ha doblado. En las pequeñas ciudades de Brighton y Hove, por ejemplo, han abierto seis clubs uno detrás de otro en muy poco tiempo, y en todo el país se están abriendo a razón de casi uno a la semana. El gobierno ha prometido recientemente afrontar esta cuestión reclasificando los lapdancing clubs como lugares de "encuentro sexual", pero aunque se trate de una buena noticia, no cambia lo que hemos aprendido en el entretanto: que existe una demanda masiva de estos clubs, que los lugares en los cuales se comercia con los cuerpos de mujeres son clarísimamente una brillante propuesta empresarial. Lo que no es sorprendente si tenemos en cuenta que la industria del sexo está no por casualidad más aceptada hoy que nunca: uno de cada diez hombres admite haber contratado los servicios de una prostituta, las visitas al burdel en una despedida de solteros son vistas como una parte consustancial a las mismas, y el consumo de pornografía ha ido más allá de la familiaridad.

El crecimiento de la industria del sexo es un indicativo de cómo se considera propiedad pública los cuerpos de las mujeres. En la cultura de masas, por su parte, vemos cómo el escrutinio de las mujeres alcanza niveles sin precedentes. En las revistas del corazón los cuerpos de las mujeres son estudiados minuciosamente: un kilo de más provoca titulares en los que se dice que están demasiado gordas, un kilo de menos conduce a titulares en los que se dice que están demasiado delgadas. Se dibujan círculos alrededor de una zona del tobillo en la que no consiguieron aplicarse el falso bronceado, de una uña mordida o donde aparece una pequeña, incipiente pata de gallo que podría no ser otra cosa que una pestaña caída. Lo que aquí yace implícito (pero nunca se expresa) es que no existe ningún estándar objetivo de belleza, ni ningún nivel de perfección que una mujer pueda alcanzar con su cuerpo que sea percibido como aceptable y controlado. Una mujer juzgada como muy gorda por una revista puede, exactamente con la misma fotografía, ser juzgada como demasiado delgada por otra. El mensaje constante es que los cuerpos de las mujeres no son de nuestra propiedad. Pertenecen a todo el mundo menos a nosotras mismas, y están ahí para ser seleccionados [por los hombres]. Ya pueden pasarse horas en el gimnasio como, pongamos por caso, Madonna, trabajando su cuerpo, perfeccionándose a sí mismas. Pero entonces cabe la posibilidad de que se rían de ellas por las venas en sus manos. Hay algo esencialmente deprimente en las mujeres a las que se ridiculiza por sus venas.

El intenso escrutinio en los cuerpos de las mujeres es una de las tendencias en la cultura pop. Otra es la obsesión actual por las mujeres como madres, una tendencia que hemos podido ver recientemente en nuestras pantallas de cine en películas como Juno, Knocked Up, Baby Mama, Happy Endings, Waitress y Smart People. También en las revistas del corazón: hemos visto cómo se le pagaba 6 millones de dólares a Jennifer López por las fotografías en exclusiva de sus gemelos; se espera que Angelina Jolie cobre 10 millones de dólares si acepta posar con los gemelos a los que dio a luz el año pasado.

De hecho, la obsesión es tal, que un editor dijo que «había llegado a un punto en el cual algunas celebridades podrían decidir tener más niños sólo para cobrar más dinero por sus fotografías.» Hemos visto a Christina Aguilera, Britney Spears, a la antigua niña prodigio Melissa Joan Hart y a Mylene Klass posar desnudas y embarazadas en los últimos años. Keri Russell, que interpretó a una mujer embarazada en dos films el año pasado, ha declarado que hay «una especie de moda pasajera, que es una locura en la cultura pop, con todas estas actrices quedándose embarazadas. ¿Alguien había visto alguna vez tantas fotografías de actrices [embarazadas]?»

Desde luego que no. El mensaje que hay detrás de todo ello -estas imágenes dan en el blanco- es que el valor de las mujeres está directamente ligado a la maternidad, las imágenes constantes de mujeres felices con hijos son una canto de sirena para que las mujeres vuelvan al hogar, y aún así vemos cómo se culpa cada vez más y más a las madres. Las mujeres cuyos hijos son asesinados o secuestrados son culpadas en creciente número por no haber atendido a su prole como debían, por no haberlos vigilado constantemente; quienes trabajan con víctimas de abuso infantil dicen que también esto es cierto en aquellos casos, y que a menudo se culpa más a la madre de un niño del que se ha abusado que a quienquiera que haya abusado de él. Y a un nivel más cotidiano, hoy resulta imposible para una mujer vivir de acuerdo con los estándares sociales de maternidad. Las madres que salen del hogar para trabajar son contempladas como negligentes y las que permanecen en el hogar son vistas como zopencas. A las madres de hoy se las define regularmente como autoritarias cuando no se las vilipendia por ser demasiado laxas en la educación de sus hijos.

Otra de las tendencias de la prensa del corazón es retratar a las mujeres como "locas". En los últimos años hemos visto unos medios de comunicación de masas obsesionados con mujeres consideradas fuera de control: Britney Spears, Amy Winehouse, Lindsay Lohan y, en menor grado, Paris Hilton. Resulta difícil eludir la sensación de que lo que la gente realmente quiere ver es cómo las historias de estas mujeres finalizan como una de sus predecesoras, la ex modelo de Playboy Anna Nicole Smith, que murió de una sobredosis el año pasado. Por supuesto, en algún punto de todo esto hubo un enorme interés por el comportamiento de Pete Doherty, pero hay que notar que se dio cuando salía con Kate Moss, y sus transgresiones en consecuencia se reflejaban en ella. Cuando se separaron, el interés se desvaneció rápidamente.

Estas tendencias de la cultura pop han estado en el aire durante unos años, pero un viejo asunto que se ha renovado recientemente ha sido el backlash contra el derecho al aborto. Este tema saltó de repente a finales de primavera, cuando supe que una parlamentaria conservadora, Nadine Dorries, estaba haciendo campaña para limitar el aborto de 24 semanas a 20, pero hasta que hace unos días la Cámara de los Comunes votó esta cuestión, no tenía ni idea de que se habían presentado enmiendas para limitarlo a 22, 18, 16, 14 y hasta 12 semanas. Aunque el resultado de aquella votación fue el de mantener el límite de tiempo actual, sólo fue así porque el Partido Laborista tiene mayoría en la Cámara de los Comunes. Dieciocho oscuros secretarios de estado votaron para reducirlo a 22 semanas; David Cameron [líder del Partido Conservador] votó por hacerlo a 20 semanas. Una encuesta entre parlamentarios conservadores arrojó que sólo un 9% votaría en favor de mantener el actual límite de tiempo, mientras que un 86% quería un límite inferior.

Con resultados como éstos, parece que no hay duda de que será muy difícil mantener el actual derecho al aborto si los conservadores llegan al poder, algo que muchos consideran ahora como inevitable. Y esto es especialmente cierto teniendo en cuenta que un análisis de los candidatos al parlamento muestra que hay un porcentaje terriblemente bajo de mujeres del partido en el gobierno -a duras penas alcanzan el 20% de los parlamentarios-, lo que muy bien podría dar a los Tories una victoria en las próximas elecciones, y en tal caso el porcentaje desde luego no subiría.

«Mi mayor preocupación», dice Rake, «es asegurarnos de que creamos un debate feminista que nos sostenga, sean cuáles sean las medidas que tome el gobierno tory que vamos a tener.» Y hay muchísimos otros signos de que vamos a necesitar un debate como ése: este backlash está estrechamente ligado al actual desplazamiento derechista en la política. Desde que ocupó su cargo como alcalde de Londres, por ejemplo, una de las primeras medidas de Boris Johnson ha sido suprimir la figura del consejero de la mujer; una fuente anónima de la alcaldía citada por el Evening Standard aseguraba que a Johnson el cargo le parecía «un retroceso al Greater London Council de los ochenta.»

Afortunadamente, también hay signos de que el debate feminista está creciendo, es más, muchas de las personas con las que he hablado creen que es precisamente por eso por lo que el backlash es tan fuerte en este momento. Antes de que la votación por el límite para el aborto tuviera lugar en la Cámara de los Comunes, por ejemplo, un grupo de mujeres se reunió en las afueras del parlamento y protestó ruidosamente contra el potencial asalto a nuestros derechos. Rake dice que la afiliación a la Fawcett Society ha repuntado recientemente, porque «a medida que el espacio progresivo se estrecha a nivel nacional, se va abriendo en otros lugares... Creo que hay un sentimiento de malestar general hacia la cultura. Cuando hicimos campaña contra el asunto de los lapdancing clubs mucha gente se acercaba para decirnos: "Gracias a Dios alguien está haciendo al final algo al respecto del hecho de que tenga que pasar por delante de uno cada noche antes de volver a mi casa." Creo que hay una preocupación general por el retroceso en muchas cuestiones culturales, y también inquietud porque, aunque en otros aspectos estemos yendo vagamente en la dirección adecuada, el progreso es increíblemente lento. Todo ello nos ha llevado un tipo de militancia que está resurgiendo en estos momentos, en todo tipo de lugares y de luchas.»

Señala la recuperación de las marchas Reclaim the Night [Reclamad las noches] y la reciente Marcha del Millón de Mujeres. «Pienso que existe la sensación de que la gente está empezando a moverse, porque también ellos están empezando a darse cuenta de que muchos de los derechos que damos por garantizados puede que no lo estén. Creo que el activismo y el reconocimiento son motivo de optimismo.»

La profesora Liz Kelly, presidenta de la campaña para el fin de la violencia contra las mujeres está de acuerdo en que vivimos una época de resistencia, pero también ve el lado positivo de la situación: «Creo que hay señales de que existe la sensación de que la organización del movimiento feminista es levemente más fuerte y presente hoy de lo que lo era hace diez años. La ironía, por supuesto, es que sólo se puede tener una resistencia si hay algo contra lo que resistir.»

Una amiga mía, activista feminista desde hace mucho tiempo, me ha hecho notar «que siempre ha existido un backlash, desde el día uno de la existencia de la mujer en la civilización, mucho más allá de lo que está documentado. El concepto de backlash está siempre vivo, se trata tan sólo de que en ocasiones creemos que realmente nos estamos hundiendo en un pozo negro. Lo que yo diría, en cambio, es que -y esto vale para todo tipo de movimientos- no creo que se hagan nunca dos pasos atrás. Creo que sólo hacemos pasos hacia delante, pero que éstos pueden ser cortos y dificultosos, como si anduviéramos por la arena, o que a veces se puede tomar un ligero sprint, acelerar y pensar, "es fantástico, hemos ganado una pequeña batalla."»

«Lo que un backlash hace es restringir nuestra capacidad de acción, pero nunca que hagamos dos pasos atrás, y por eso pienso que podemos conseguir que los conservadores -con minúscula [por distinción con los miembros del Partido Conservador;T.]- los derechistas y los defensores del modelo tradicional de familia se vuelvan locos, porque ¿qué más da con qué nos ataquen? ¿Qué creen que vamos a hacer? ¿Volver a donde estábamos? ¿Regresar a la cocina y hacerles un bocadillo como si nada? Puede que ahora estemos andando sobre arena», dice, «pero lo cierto es que nunca ganarán.»


NOTA T.: (1) El término inglés backlash tiene en inglés dos connotaciones con las que autora juega en el artículo: por una parte, significa la reacción contra algo que ha ganado importancia, popularidad o influencia; por la otra, backlash se refiere también a la inculpación que se hace a las víctimas de un crimen, acusándolas de haber provocado a sus agresores o de tratar de ganar la atención de la opinión pública denunciándolo. El backlash no es exclusivo del mundo anglosajón: el propio The Guardian informó recientemente de que, después de veinte años, el número de geishas (acompañantes femeninas, tradicionales en la cultura japonesa) ha crecido en Japón: "Renewed respect as geisha make a comeback - and take to cyberspace", The Guardian, 25/06/08 [Enlace: http://www.guardian.co.uk/world/2008/jun/25/japan.internet]

*Kira Cochrane es columnista del diario británico The Guardian.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

Fuente: Revista Sin Permiso

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