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Prostitución y feminismo (lecturas)








"En la prostitución la palabra
trata no existe.
El tratante es el fiolo
al que yo llamo marido.
Es mi padre.
Es mi hermano.
Mi familia.
En la prostitución la palabra
trata no existe.
Existe lo que yo llamo 'plazas',
y consiste en pasar
quince días en burdeles asquerosos,
donde somos carne nueva
para ser explotadas,
manoseadas, violadas por el
prostituyente-torturador
que es tu marido,
tu hermano,
tu hijo,
tu padre,
tu vecino.

Por eso yo, Sonia, la puta de tu
esquina, les digo:
No me dicen nada sobre mí
cuando dicen 'trata'."


--Sonia Sánchez, coautora del libro "Ninguna mujer nace para puta""





“La prostitución tiene que ser entendida como violencia sexual contra la mujer” --Feminismo Radical

Categoría: Artículos y opiniones

25/08/2008 GMT -6

El pollo y las prostitutas

piezasdeaocho @ 00:20

Por Victoria Sendón de León
21/03/2006

No tengo a mano los datos exactos sobre el fastuoso prostíbulo que se está montando en Berlín para los campeonatos futbolísticos del próximo verano, pero, bueno, todos sabemos que se trata de un montaje de múltiples cabinas (con mujer dentro) que podrán recibir unos seiscientos y pico de clientes cada cuarto de hora. Es decir, que cada cuarto de hora, miles de mujeres serán asaltadas, violadas, despreciadas por un forofo lleno de rabia porque su equipo ha perdido, por un “hooligan” borracho y babeante, por un exaltado que celebra el triunfo de su equipo echándose un polvo, por un enfermo de sida o de cualquier enfermedad venérea, por un sádico, por un gilipollas, por un asesino en las guerras balcánicas, por un cura reprimido que predica la castidad, por un jovencito imberbe que se inicia de ese modo. Pasarán de incógnito la curia, los políticos, los magistrados y todos los honorables para quienes la prostitución es algo normal, cosas de hombres, un contrato de compraventa de igual a igual y esas cosas; para quienes la prostitución está justificada incluso por ese “otro” feminismo que nos considera puritanas decimonónicas a las abolicionistas.

Está previsto que miles de mujeres, de 30.000 a 50.000, van a ser arrastradas a ese festival del sexo y del oprobio más vergonzoso de nuestra historia presente con la anuencia de los políticos, los ciudadanos y, sobre todo, los proxenetas, que van a hacer su agosto. ¿Qué dice ante semejante espectáculo ese “otro” feminismo tan progre? ¿Que se trata de una oportunidad fabulosa de trabajo? ¿Que es algo semejante a la campaña de la fresa? ¿Que las condiciones sanitarias son estupendas? ¿Que ojalá cada verano se montara un festín semejante? Pues nada, estupendo ¡a trabajar! Chicas en paro ¡vaya chollo!

Lo que me tiene pasmada es que, para tranquilidad de los asistentes, en Berlín no se servirá pollo ni ninguna otra carne de ave, vaya a ser que estén contagiadas por la gripe aviar: ¡pobrecitos! Mira que si van tan contentos los chicos y vuelven con el virus puesto. ¡Vaya por dios, qué mala pata! Pero nadie ha propuesto que antes de entrar a las cabinas del placer los “clientes” se hagan un análisis…, vayan a contagiar a las pobres trabajadoras del sexo.

En fin, con este precedente, ya verán cómo proliferan las cabinas en la Champion, la liga, la vuelta ciclista, el Tour de Fracia, el Giro de Italia, Winblendon, el volei-ball playero y hasta los campeonatos de petanca o de mus. Las cifras de paro van a bajar espectacularmente. Luego los chicos exigirán igualdad de oportunidades. ¿Se lo imaginan? Yo no.

Fuente: El blog de Casandra

18/08/2008 GMT -6

Los deseos del género macho

piezasdeaocho @ 00:53

Por Victoria Sendón de León
11/02/2006

Desde ahora ya no pienso nombrar a los hombres por el sustantivo que los denota, dado que nosotras hemos quedado reducidas al “género”: violencia de género, perspectiva de género, estudios de género, trabajo de género, programas de género y otro montón de incontables chorradas de género.

Hecha esta salvedad, añadiré que tengo un cabreo de género importante (y perdón por el tono un poco grosero, pero nos entendemos) Acabo de ver uno de los tantos programas televisivos sobre la prostitución, un tema ahora en candelero por la regularización de esta vergüenza que quiere llevar a cabo la Generalitat de Catalunya. No regulan los precios de la vivienda ni a los depredadores (perdón, promotores) de la especulación urbana, ni piensan regular los beneficios escandalosos de la banca, ni van a regular ya las tarifas de los servicios básicos de electricidad, teléfono, agua, transporte, etc., pero, eso sí, sienten la necesidad imperiosa y urgente de regular la prostitución y darle carta de legitimidad y legalidad social. ¡Adelante!

Si yo necesitara irme de putos con cierta asiduidad, o una vez en la vida, tanto da; si no sintiera la necesidad de controlar mi ira contra los más débiles; si no fuera capaz de poner límites a mi ansia de riqueza material, de poder o de prestigio; si las conversaciones con mis amigas y compañeras giraran en torno al fútbol y al sexo; si consintiera en tener a mi marido como esclavo del hogar y de la familia; si pudiera pasarme días enteros sin ver ni hablar con mis hijos, me sentiría un ser despreciable, ínfimo, repugnante y, tal vez, me suicidaría. .. si es que para entonces me quedara un ápice de dignidad. Por el contrario, una parte notable del género macho hace todo esto y siguen siendo seres respetables, poderosos, admirados, con prestigio y con corbata. Sobre todo con corbata, que si no parecerían unos cualquiera. ¿Qué oculta esa ridícula corbata que ninguno de los respetables se arriesga a desterrar, cuando se atreven a todo lo demás?

Al hablar del género macho en este sentido, espero que no todos se sientan concernidos, como yo no me siento tal al escuchar eso del género en femenino.

La gran trampa que el Patriarcado esconde consiste en que todo ha sido organizado para que el género macho pueda realizar – sin pudor, sin vergüenza, sin culpa, sin desprestigio y dentro de la legalidad- todos sus más repugnantes deseos y seguir alimentando hasta reventar un imaginario impotente, insensible, inhumano. No otra cosa desvela el tema de la prostitución, de la violencia, del enriquecimiento voraz, y hasta de la pasión descontrolada por el maldito fútbol.

Cuando nosotras debatimos sobre las “pobres prostitutas”, en realidad nos estamos limitando a mirar el dedo que apunta a la luna. “Se trata de su deseo, estúpida”. ¿O es que no te enteras? ¿Nos estaremos convirtiendo en el género tonto?

Fuente: El blog de Casandra

25/07/2008 GMT -6

Guerra sin cuartel al feminismo

piezasdeaocho @ 17:41

Por Kira Cochrane*
06/07/08

La industria del sexo está experimentando un boom, el porcentaje de condenas por violación cae en picado, los cuerpos de las mujeres son examinados con lupa en todos los medios de comunicación, el derecho al aborto se encuentra bajo una seria amenaza y los presidentes de las empresas más importantes declaran que no quieren contratar mujeres. Todo ello sólo puede significar una cosa: la guerra total al feminismo.

FeminismoCualquier persona que se haya declarado feminista -incluso si lo hacía con una risa nerviosa mientras inclinaba la cabeza- sabe que el mundo está lleno de misóginos, y que frente a esto, hay que encontrar maneras de reafirmarse. Las convicciones profundas ayudan, como la hace la camaradería de mujeres brillantes, politizadas. Están, también, la dignidad que proviene de reconocer que no tener pene no es ningún impedimento, y, finalmente, y de manera crucial, están los resultados: la sensación de que la cultura avanza hacia delante.

Siempre ha habido resistencia al feminismo, el backlash (1) que Susan Faludi describió en su libro homónimo de 1991. Pero también está la satisfacción de las batallas ganadas, los derechos conseguidos, el respeto asegurado, la sensación, en definitiva, de que lo esencial del proyecto feminista -la lucha por las mujeres por ser tratadas como seres humanos, ni más ni menos- avanza paso a paso. De hecho, cuando leí un artículo reciente de la escritora feminista estadounidense Katha Pollit titulado "Backlash Spectacular", en el que registra cómo la cultura norteamericana está retrocediendo en los derechos de las mujeres, me sentí satisfecha. Gracias a Dios que eso no está pasando aquí, pensé, mientras me hundía en mi sillón y trataba de alcanzar otro bombón de chocolate.

Por descontado, si te sientes satisfecho de no estar en los EE.UU., te has equivocado de cabo a rabo. Las semanas que siguieron al artículo de Pollit fui tropezando, aquí y allá, con los signos de que el movimiento feminista tiene aún mucho por hacer, sino que las batallas que creíamos que estaban hace tiempo ganadas han estallado de nuevo, los derechos que creíamos asegurados están de repente bajo amenaza. Estos signos han aparecido bajo muchas formas, algunas ridículas, otras devastadoras.

En las ridículas, por ejemplo, apareció una encuesta de la revista Marketing de los famosos más y menos queridos de la nación. Los cinco más queridos por los encuestados eran hombres: Paul McCartney, Lewis Hamilton, Gary Lineker, Simon Cowell y David Beckham. De los cinco más odiados, las cuatro primeras eran mujeres: Heather Mills, Amy Winehouse, Victoria Beckham y Kerry Katona, con Simon Cowell en el quinto lugar. Reaccionar contra esto parecería en cierto modo estúpido, y aún así...

Otro pequeño signo apareció en la respuesta a una entrada de la página web feminista británica "the F Word" (la palabra F). La media de comentarios de cualquier entrada de esta página ronda los diez, pero después de que una de las bloggers preguntara a los lectores si se habían sentido alguna vez acosadas en la calle, la página se llenó con cientos de respuestas. «Por supuesto», contestó una mujer, «no puedo salir a la calle sin que los conductores hagan sonar el cláxon, y ha habido peatones que me han preguntado si querría "chuparles la polla" cuando iba por la calle.» «Pues claro», escribió otra, «me amenazaron con violarme cuando volvía a casa una noche, hace dos semanas. Cuando les respondí furiosa, aquellos asquerosos me siguieron todo el camino.»

Luego están todos los signos sobre la consideración de las mujeres en el lugar de trabajo. Hojeando un día la prensa me encontré con una entrevista a Theo Paphitis, que aparece en el programa de televisión Dragon's Den, así como en la lista de los más ricos del país de este año. Se trata de uno de los más importantes empresarios británicos. «Todo este rollo feminista...», dijo, «¿en serio estamos diciendo que deberíamos darle el 50% de los trabajos a las mujeres?» Paphitis siguió observando que las mujeres «se hacen preñar y... siempre dicen que trabajarán hasta el día antes del parto, tendrán al niño, irán al río, lo lavarán, se lo darán a la niñera y volverán al trabajo al día siguiente, pero con toda seguridad se ablandan, y después del parto aparecen los instintos maternales, se toman tres meses libres, se salen de su sistema y vuelven a la normalidad.» Sobre la cuestión del permiso de paternidad declaró que la parecía una cosa «un poco ñoña.»

Por desgracia Paphitis no es el único que mantiene puntos de vista tan recalcitrantes. En entrevistas publicadas antes este mismo año, Alan Sugar, el fundador de Amstrad y consejero del gobierno en materia empresarial, desafió repetidamente una ley instituída desde hace más de tres décadas. Esta ley fue una de las grandes conquistas del movimiento feminista de los setenta: a partir de entonces fue ilegal que se les preguntara a las mujeres en las entrevistas de trabajo si planeaban o no tener hijos, en base a que se trataba de una pregunta claramente discriminatoria que proporcionaba a los empleadores una oportunidad para descartar a cualquier mujer que quisiera conciliar la vida familiar y la laboral. «No se nos permite preguntar, así que la cosa es muy fácil», declaró Sugar, «sencillamente no las contratemos.»

Una encuesta mostró que el 68% de los empleadores están de acuerdo con Sugar. Fue en este momento, admite Katherine Rake, directora de la campaña de igualdad de la Fawcett Society, cuando empezó a preocuparse porque un importante backlash esta en vías de producirse, pues de repente se encontró teniendo que defender derechos que estaban hace tiempo establecidos y que parecían fuera de toda duda. Llegaron más razones para la preocupación, y lo hicieron bajo una forma particularmente increíble y deprimente: un antiguo icono del movimiento feminista, Rosie Boycott, fundadora en los setenta de la revista pionera Spare Rib, y que ahora posee una granja, escribió en el Sunday Times que «mis cerdos no van a prosperar con esquemas de flexi-alimentación. Y tampoco por cierto mi negocio. Por eso no me sorprende que la semana pasada hubiera muchas voces reclamando que las mujeres volvieran de nuevo a la cocina.»

Si no quieren que las mujeres acudan a los lugares de trabajo -y el hecho de que todavía se nos pague un 17% menos que a los hombres en los trabajos a jornada completa y un 36% en los trabajos a tiempo parcial es ya en sí mismo un signo-, al menos nuestro derecho a estar seguras de la violencia estará reconocido y protegido, ¿verdad? Nada más lejos de ello. Así como las actitudes de los líderes empresariales parecen estar retrocediendo a la carrera, el número de mujeres asesinadas por su pareja actual o pasada permanece constante en dos a la semana, y el porcentaje de condenas por violación ha estado disminuyendo hasta hacerse casi invisible.

Me acordé de este último hecho cuando el Washington Post, un periódico que raramente recoge cuestiones feministas británicas (francamente, EE.UU. ya tiene suficiente con los suyas), publicó un largo artículo sobre esta vergüenza que empaña nuestro sistema de jurídico. El artículo señalaba que el porcentaje de condenas por violación había caído en picado de un 33% en la década de los setenta al 5'7% actual, y que se piensa que las 14.000 denuncias anuales por violación son tan sólo la punta del iceberg: la abogada del estado Vera Baird ha estimado que solamente entre el 10 y el 20% de los casos llegan a las autoridades. En el artículo se citaba a un abogado llamado Kerim Fuad que, habiendo defendido a varios hombres acusados de violación, se sorprendía por el número de veredictos en que se los declaraba "no culpables", incluyendo algunos casos en que la demandante había podido demostrar heridas internas como consecuencia de la violación. Aludió a una encuesta de Amnistía Internacional realizada en el 2005 en la que el 26% de los encuestados respondió que la mujer era total o parcialmente responsable de su violación si vestía atrevidamente, y el 30% contestó que era total o parcialmente responsable si estaba ebria.

¿Cómo responde la cultura general a este hecho? ¿Acaso hace todo lo posible para asegurarse que los violadores son castigados y las mujeres se les garantice justicia, que la balanza sea reparada? No lo hace. En los últimos años en los cuales el porcentaje de condenas por violación ha caído a un nivel tan insultantemente bajo que representa un claro backlash en y por sí mismo, la prensa se ha centrado, no en las víctimas ni en los violadores, sino en la publicación de toda una serie de artículos sobre mujeres que aparentemente han mentido en su denuncia por violación. El número de mujeres que ha presentado denuncias falsas a la policía ronda el 3% del total, el mismo porcentaje de denuncias falsas que en el resto de crímenes, pero los medios de comunicación se han fijado -casualmente, simplemente, exitosamente- exclusivamente en ellos, haciendo arraigar en el imaginario público que, en lo tocante a la violación, las mujeres mienten. Una noción que, naturalmente, tiene efectos mucho más graves cuando un jurado ha de expresar su veredicto.

Si los violadores no van a ser castigados, al menos habrá buenos servicios de apoyo para las mujeres que han sido violadas. Bueno, pues no los hay. El movimiento de mujeres de los setenta y de principios de los ochenta luchó por la creación de un servicio ayuda a las mujeres violadas, una red de centros llamados Rape Crisis, y, en 1984, se consiguieron 68 de estos centros básicos repartidos por todo Inglaterra y Gales. Hoy, cuando las violaciones han alcanzado un nivel sin precedentes (el total de violaciones registradas creció un 247% entre 1991 y el 2004), el número de centros Rape Crisis ha descendido a casi la mitad y actualmente hay únicamente 38. Este enorme déficit en los servicios de asistencia resulta menos sorprendente cuando sabes que tres de las organizaciones de caridad para mujeres más importantes del Reino Unido -Refuge [Refugio], Women's Aid [Ayuda a las mujeres] y Eaves Housing for Women [Cobijo para las mujeres]-, las cuales apoyan a las mujeres víctimas de la violencia de género, tienen, todas juntas, unos ingresos inferiores a los de The Donkey Sanctuary [El santuario del burro], una organización caritativa cuyo objetivo es que los asnos puedan llegar a viejos.

A medida que el número de centros Rape Crisis se desploma, el número de lapdancing clubs se ha multiplicado, ayudado por un cambio en la ley de licencias en el 2003 que los equiparaba a las cafeterías y los bares de karaoke. Desde que este cambio legislativo se hizo efectivo, el número de lapdancing clubs se ha doblado. En las pequeñas ciudades de Brighton y Hove, por ejemplo, han abierto seis clubs uno detrás de otro en muy poco tiempo, y en todo el país se están abriendo a razón de casi uno a la semana. El gobierno ha prometido recientemente afrontar esta cuestión reclasificando los lapdancing clubs como lugares de "encuentro sexual", pero aunque se trate de una buena noticia, no cambia lo que hemos aprendido en el entretanto: que existe una demanda masiva de estos clubs, que los lugares en los cuales se comercia con los cuerpos de mujeres son clarísimamente una brillante propuesta empresarial. Lo que no es sorprendente si tenemos en cuenta que la industria del sexo está no por casualidad más aceptada hoy que nunca: uno de cada diez hombres admite haber contratado los servicios de una prostituta, las visitas al burdel en una despedida de solteros son vistas como una parte consustancial a las mismas, y el consumo de pornografía ha ido más allá de la familiaridad.

El crecimiento de la industria del sexo es un indicativo de cómo se considera propiedad pública los cuerpos de las mujeres. En la cultura de masas, por su parte, vemos cómo el escrutinio de las mujeres alcanza niveles sin precedentes. En las revistas del corazón los cuerpos de las mujeres son estudiados minuciosamente: un kilo de más provoca titulares en los que se dice que están demasiado gordas, un kilo de menos conduce a titulares en los que se dice que están demasiado delgadas. Se dibujan círculos alrededor de una zona del tobillo en la que no consiguieron aplicarse el falso bronceado, de una uña mordida o donde aparece una pequeña, incipiente pata de gallo que podría no ser otra cosa que una pestaña caída. Lo que aquí yace implícito (pero nunca se expresa) es que no existe ningún estándar objetivo de belleza, ni ningún nivel de perfección que una mujer pueda alcanzar con su cuerpo que sea percibido como aceptable y controlado. Una mujer juzgada como muy gorda por una revista puede, exactamente con la misma fotografía, ser juzgada como demasiado delgada por otra. El mensaje constante es que los cuerpos de las mujeres no son de nuestra propiedad. Pertenecen a todo el mundo menos a nosotras mismas, y están ahí para ser seleccionados [por los hombres]. Ya pueden pasarse horas en el gimnasio como, pongamos por caso, Madonna, trabajando su cuerpo, perfeccionándose a sí mismas. Pero entonces cabe la posibilidad de que se rían de ellas por las venas en sus manos. Hay algo esencialmente deprimente en las mujeres a las que se ridiculiza por sus venas.

El intenso escrutinio en los cuerpos de las mujeres es una de las tendencias en la cultura pop. Otra es la obsesión actual por las mujeres como madres, una tendencia que hemos podido ver recientemente en nuestras pantallas de cine en películas como Juno, Knocked Up, Baby Mama, Happy Endings, Waitress y Smart People. También en las revistas del corazón: hemos visto cómo se le pagaba 6 millones de dólares a Jennifer López por las fotografías en exclusiva de sus gemelos; se espera que Angelina Jolie cobre 10 millones de dólares si acepta posar con los gemelos a los que dio a luz el año pasado.

De hecho, la obsesión es tal, que un editor dijo que «había llegado a un punto en el cual algunas celebridades podrían decidir tener más niños sólo para cobrar más dinero por sus fotografías.» Hemos visto a Christina Aguilera, Britney Spears, a la antigua niña prodigio Melissa Joan Hart y a Mylene Klass posar desnudas y embarazadas en los últimos años. Keri Russell, que interpretó a una mujer embarazada en dos films el año pasado, ha declarado que hay «una especie de moda pasajera, que es una locura en la cultura pop, con todas estas actrices quedándose embarazadas. ¿Alguien había visto alguna vez tantas fotografías de actrices [embarazadas]?»

Desde luego que no. El mensaje que hay detrás de todo ello -estas imágenes dan en el blanco- es que el valor de las mujeres está directamente ligado a la maternidad, las imágenes constantes de mujeres felices con hijos son una canto de sirena para que las mujeres vuelvan al hogar, y aún así vemos cómo se culpa cada vez más y más a las madres. Las mujeres cuyos hijos son asesinados o secuestrados son culpadas en creciente número por no haber atendido a su prole como debían, por no haberlos vigilado constantemente; quienes trabajan con víctimas de abuso infantil dicen que también esto es cierto en aquellos casos, y que a menudo se culpa más a la madre de un niño del que se ha abusado que a quienquiera que haya abusado de él. Y a un nivel más cotidiano, hoy resulta imposible para una mujer vivir de acuerdo con los estándares sociales de maternidad. Las madres que salen del hogar para trabajar son contempladas como negligentes y las que permanecen en el hogar son vistas como zopencas. A las madres de hoy se las define regularmente como autoritarias cuando no se las vilipendia por ser demasiado laxas en la educación de sus hijos.

Otra de las tendencias de la prensa del corazón es retratar a las mujeres como "locas". En los últimos años hemos visto unos medios de comunicación de masas obsesionados con mujeres consideradas fuera de control: Britney Spears, Amy Winehouse, Lindsay Lohan y, en menor grado, Paris Hilton. Resulta difícil eludir la sensación de que lo que la gente realmente quiere ver es cómo las historias de estas mujeres finalizan como una de sus predecesoras, la ex modelo de Playboy Anna Nicole Smith, que murió de una sobredosis el año pasado. Por supuesto, en algún punto de todo esto hubo un enorme interés por el comportamiento de Pete Doherty, pero hay que notar que se dio cuando salía con Kate Moss, y sus transgresiones en consecuencia se reflejaban en ella. Cuando se separaron, el interés se desvaneció rápidamente.

Estas tendencias de la cultura pop han estado en el aire durante unos años, pero un viejo asunto que se ha renovado recientemente ha sido el backlash contra el derecho al aborto. Este tema saltó de repente a finales de primavera, cuando supe que una parlamentaria conservadora, Nadine Dorries, estaba haciendo campaña para limitar el aborto de 24 semanas a 20, pero hasta que hace unos días la Cámara de los Comunes votó esta cuestión, no tenía ni idea de que se habían presentado enmiendas para limitarlo a 22, 18, 16, 14 y hasta 12 semanas. Aunque el resultado de aquella votación fue el de mantener el límite de tiempo actual, sólo fue así porque el Partido Laborista tiene mayoría en la Cámara de los Comunes. Dieciocho oscuros secretarios de estado votaron para reducirlo a 22 semanas; David Cameron [líder del Partido Conservador] votó por hacerlo a 20 semanas. Una encuesta entre parlamentarios conservadores arrojó que sólo un 9% votaría en favor de mantener el actual límite de tiempo, mientras que un 86% quería un límite inferior.

Con resultados como éstos, parece que no hay duda de que será muy difícil mantener el actual derecho al aborto si los conservadores llegan al poder, algo que muchos consideran ahora como inevitable. Y esto es especialmente cierto teniendo en cuenta que un análisis de los candidatos al parlamento muestra que hay un porcentaje terriblemente bajo de mujeres del partido en el gobierno -a duras penas alcanzan el 20% de los parlamentarios-, lo que muy bien podría dar a los Tories una victoria en las próximas elecciones, y en tal caso el porcentaje desde luego no subiría.

«Mi mayor preocupación», dice Rake, «es asegurarnos de que creamos un debate feminista que nos sostenga, sean cuáles sean las medidas que tome el gobierno tory que vamos a tener.» Y hay muchísimos otros signos de que vamos a necesitar un debate como ése: este backlash está estrechamente ligado al actual desplazamiento derechista en la política. Desde que ocupó su cargo como alcalde de Londres, por ejemplo, una de las primeras medidas de Boris Johnson ha sido suprimir la figura del consejero de la mujer; una fuente anónima de la alcaldía citada por el Evening Standard aseguraba que a Johnson el cargo le parecía «un retroceso al Greater London Council de los ochenta.»

Afortunadamente, también hay signos de que el debate feminista está creciendo, es más, muchas de las personas con las que he hablado creen que es precisamente por eso por lo que el backlash es tan fuerte en este momento. Antes de que la votación por el límite para el aborto tuviera lugar en la Cámara de los Comunes, por ejemplo, un grupo de mujeres se reunió en las afueras del parlamento y protestó ruidosamente contra el potencial asalto a nuestros derechos. Rake dice que la afiliación a la Fawcett Society ha repuntado recientemente, porque «a medida que el espacio progresivo se estrecha a nivel nacional, se va abriendo en otros lugares... Creo que hay un sentimiento de malestar general hacia la cultura. Cuando hicimos campaña contra el asunto de los lapdancing clubs mucha gente se acercaba para decirnos: "Gracias a Dios alguien está haciendo al final algo al respecto del hecho de que tenga que pasar por delante de uno cada noche antes de volver a mi casa." Creo que hay una preocupación general por el retroceso en muchas cuestiones culturales, y también inquietud porque, aunque en otros aspectos estemos yendo vagamente en la dirección adecuada, el progreso es increíblemente lento. Todo ello nos ha llevado un tipo de militancia que está resurgiendo en estos momentos, en todo tipo de lugares y de luchas.»

Señala la recuperación de las marchas Reclaim the Night [Reclamad las noches] y la reciente Marcha del Millón de Mujeres. «Pienso que existe la sensación de que la gente está empezando a moverse, porque también ellos están empezando a darse cuenta de que muchos de los derechos que damos por garantizados puede que no lo estén. Creo que el activismo y el reconocimiento son motivo de optimismo.»

La profesora Liz Kelly, presidenta de la campaña para el fin de la violencia contra las mujeres está de acuerdo en que vivimos una época de resistencia, pero también ve el lado positivo de la situación: «Creo que hay señales de que existe la sensación de que la organización del movimiento feminista es levemente más fuerte y presente hoy de lo que lo era hace diez años. La ironía, por supuesto, es que sólo se puede tener una resistencia si hay algo contra lo que resistir.»

Una amiga mía, activista feminista desde hace mucho tiempo, me ha hecho notar «que siempre ha existido un backlash, desde el día uno de la existencia de la mujer en la civilización, mucho más allá de lo que está documentado. El concepto de backlash está siempre vivo, se trata tan sólo de que en ocasiones creemos que realmente nos estamos hundiendo en un pozo negro. Lo que yo diría, en cambio, es que -y esto vale para todo tipo de movimientos- no creo que se hagan nunca dos pasos atrás. Creo que sólo hacemos pasos hacia delante, pero que éstos pueden ser cortos y dificultosos, como si anduviéramos por la arena, o que a veces se puede tomar un ligero sprint, acelerar y pensar, "es fantástico, hemos ganado una pequeña batalla."»

«Lo que un backlash hace es restringir nuestra capacidad de acción, pero nunca que hagamos dos pasos atrás, y por eso pienso que podemos conseguir que los conservadores -con minúscula [por distinción con los miembros del Partido Conservador;T.]- los derechistas y los defensores del modelo tradicional de familia se vuelvan locos, porque ¿qué más da con qué nos ataquen? ¿Qué creen que vamos a hacer? ¿Volver a donde estábamos? ¿Regresar a la cocina y hacerles un bocadillo como si nada? Puede que ahora estemos andando sobre arena», dice, «pero lo cierto es que nunca ganarán.»


NOTA T.: (1) El término inglés backlash tiene en inglés dos connotaciones con las que autora juega en el artículo: por una parte, significa la reacción contra algo que ha ganado importancia, popularidad o influencia; por la otra, backlash se refiere también a la inculpación que se hace a las víctimas de un crimen, acusándolas de haber provocado a sus agresores o de tratar de ganar la atención de la opinión pública denunciándolo. El backlash no es exclusivo del mundo anglosajón: el propio The Guardian informó recientemente de que, después de veinte años, el número de geishas (acompañantes femeninas, tradicionales en la cultura japonesa) ha crecido en Japón: "Renewed respect as geisha make a comeback - and take to cyberspace", The Guardian, 25/06/08 [Enlace: http://www.guardian.co.uk/world/2008/jun/25/japan.internet]

*Kira Cochrane es columnista del diario británico The Guardian.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

Fuente: Revista Sin Permiso

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14/06/2008 GMT -6

10 Razones para No legalizar la Prostitución

piezasdeaocho @ 14:47

Si quieren descargar la siguiente lectura hagan clic aquí.

Por Janice G. Raymond, Coalición Internacional Contra el Tráfico de Mujeres (CICTM/CATW)

(25, marzo, 2003)

INTRODUCCIÓN

Los argumentos que se exponen a continuación van dirigidos a todas las formas de prostitución avaladas o respaldadas por el estado, incluyendo, pero no limitándose a, la legalización de los prostíbulos y del proxenetismo, la despenalización de la industria del sexo, la regularización de la prostitución a través de leyes que establezcan controles de salud obligatorios para las mujeres que están en la prostitución, o cualquier sistema que reconozca que la prostitución es un trabajo o la defienda considerándola una elección laboral.

Teniendo en cuenta que algunos países están considerando legalizar y despenalizar la industria del sexo, creemos importante que consideres las razones por las cuales la legitimación de la prostitución como un trabajo no supone un empoderamiento de las mujeres que están en la prostitución, sino que supone un fortalecimiento de la industria del sexo.

  1. La legalización/despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.
  2. La legalización/despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual.
  3. La legalización/despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.
  4. La legalización/despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.
  5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.
  6. La legalización/despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.
  7. La legalización/despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.
  8. La legalización/despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.
  9. La legalización/despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.
  10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.

LOS ARGUMENTOS

1. La legalización/despenalización de la prostitución es un regalo para los proxenetas, los traficantes y la industria del sexo.

¿Qué supone la legalización de la prostitución o la despenalización de la industria del sexo? En Holanda, la legalización supone la autorización de todos los aspectos de la industria del sexo: Las mujeres mismas, los llamados “clientes” y los proxenetas, quienes bajo el régimen de la legalización se han convertido en hombres de negocios del sector servicios y en legítimos empresarios sexuales.

La legalización/despenalización de la prostitución también convierte a los prostíbulos, clubes, salones de masaje y a los otros lugares donde se ejerce la prostitución en locales legítimos donde se permite que el comercio del sexo prospere de forma legal y con pocas restricciones.

Hay personas que creen que defendiendo la legalización o la despenalización de la prostitución están dignificando y profesionalizando a la mujer que está en la prostitución. Pero el dignificar la prostitución como un trabajo no supone el dignificar a la mujer, ya que simplemente dignifica la industria del sexo. La gente a menudo no se da cuenta de que la despenalización supone la despenalización de toda la industria del sexo, no solo la de las mujeres.

La CATW aprueba la despenalización de las mujeres que están en la prostitución. Ninguna mujer debería de ser penalizada por su propia explotación. Pero los estados nunca deberían despenalizar a los proxenetas, a los clientes, a los prostíbulos u otros establecimientos sexuales.

2. La legalización/despenalización de la prostitución y de la industria del sexo promueve el tráfico sexual

La industria de la prostitución legalizada y despenalizada es una de las causas clave del tráfico de mujeres con fines de explotación sexual. Uno de los argumentos para la legalización de la prostitución en Holanda era que la legalización iba a ayudar a terminar con la explotación de las desesperadas mujeres inmigrantes que eran traficadas para entrar en la prostitución. El informe realizado por el grupo gubernamental “Budapest”* muestra que el 80% de las mujeres de los prostíbulos en los países Bajos son traficadas desde otros países (Grupo Budapest, 1999: 11). En 1994 La Organización Mundial sobre la Inmigración (International Organization of Migration, IOM) declaró que solo en los países Bajos, el 70% las mujeres traficadas provenían del centro y del este de Europa (OIM, 1995: 4).

El gobierno de Holanda se presenta a sí mismo como el defensor de los programas y políticas que luchan contra el tráfico, mientras que al mismo tiempo y de una manera cínica, ha eliminado todos los impedimentos legales dirigidos al proxenetismo y a los prostíbulos. En el año 2000 el Ministerio de Justicia Holandés abogó por una cuota legal para “trabajadoras sexuales” extranjeras, ya que el mercado de la prostitución holandés demandaba variedad de “cuerpos” (Dutting, 2001:16). También en el año 2000 el gobierno Holandés solicitó y obtuvo una sentencia de la Corte Europea en la que se reconocía que la prostitución era una actividad económica. Esta sentencia permite que las mujeres de la UE y de los países que formaban parte de la Ex Unión Soviética obtengan un permiso de trabajo como “trabajadoras sexuales” en la industria del sexo de Holanda, si prueban que se dedican al auto empleo. Las ONGs de los países Bajos han declarado que los traficantes están sacando provecho de esta ley y la están utilizando para introducir a mujeres en la industria de la prostitución Holandesa, enmascarando el hecho de que estas mujeres han sido traficadas y enseñándoles cómo probar que se son “inmigrantes trabajadoras del sexo” auto empleadas.

Durante un año, desde que se levantó la prohibición de los prostíbulos en Holanda, las ONGs han informado que ha habido un aumento de las víctimas del tráfico o que, en el mejor de los casos, el número de victimas procedentes de otros países no ha variado (Bureau NRM, 2002: 75). 43 municipios de Holanda quieren poner en marcha una política que prohíba los prostíbulos, pero el Ministerio de Justicia ha dicho que la prohibición de la prostitución dentro de un municipio podría entrar en conflicto con el “derecho a la libre elección de trabajo” que garantiza la Constitución federal o el Grondwet (Bureau NRM: 2002).

En enero de 2002 se estableció la prostitución en Alemania como un trabajo legitimo, después de que durante 5 años estuviera legalizada en las llamadas zonas “eros” o zonas de tolerancia. Ahora en Alemania es legal la promoción de la prostitución, el proxenetismo y los prostíbulos. En 1993, después de que se hubiera dado el primer paso para la legalización, se reconoció (incluso por parte de los/as defensores/as pro-prostitución) que el 75% de las mujeres que en Alemania estaban dentro de la industria del sexo eran extranjeras que procedían de Uruguay, Argentina, Paraguay, y otros países de Sudamérica (Altink, 1993: 43). Después de la caída del Muro de Berlín, los dueños de los prostíbulos informaron que 9 de cada 10 mujeres que estaban dentro de la industria del sexo en Alemania procedían de los países del Este de Europa y de otros países que pertenecieron a la antigua Unión Soviética.

El elevado número de mujeres extranjeras que están dentro de la industria del sexo en Alemania – algunas ONGs estiman que se eleva a un 85% - pone en duda el hecho de que tal porcentaje de mujeres haya podido entrar a Alemania sin algún tipo de ayuda. Al igual que en Holanda, las ONGs alemanas señalan que la mayoría de las mujeres extranjeras han sido traficadas. Hay que tener en cuenta que es casi es imposible para las mujeres pobres hacer frente al proceso migratorio, a los costos del viaje, a la tramitación de los documentos y también es muy difícil que puedan establecerse dentro del “negocio” sin ninguna ayuda externa.

El Informe Estatal sobre las Prácticas de los Derechos Humanos (Country Report on Human Rights Practices) de 1999 del Departamento de Estado de EEUU - que fue emitido por el Departamento para la Democracia (Bureau of Democracy) -, reconoció el vínculo entre la legalización y el tráfico en Australia. En el informe sobre Australia se puso de manifiesto que en el Estado de Victoria, en el cual se había legalizado la prostitución en la década de 1980, “El tráfico de mujeres procedentes del Este Asiático y dirigido al mercado del sexo es un problema que va en aumento”, en Australia... las leyes negligentes – incluyendo la legalización de la prostitución en algunas zonas del país – hacen que sea difícil el trabajo de hacer cumplir la ley contra el tráfico”.

3. La legalización/despenalización de la prostitución no supone un control de la industria del sexo. La expande.

En contra de lo que afirmaban las reivindicaciones que señalaban que la legalización y la despenalización de la prostitución iban a regular la expansión de la industria del sexo e iban a suponer un control de dicha industria, la industria del sexo representa ahora un 5% de la economía de Holanda (Daley, 2001:4). Durante la ultima década, después de que el proxenetismo y los prostíbulos se despenalizaran en Holanda en el año 2000, la industria del sexo se ha expandido un 25 % (Daley, 2001:4). A cualquier hora del día, mujeres de todas las edades y razas son expuestas - y puestas en venta para el consumo masculino - en los conocidos escaparates de los prostíbulos y clubes de Holanda. La mayoría de las mujeres provienen de otros países (Daley, 2001:4), y probablemente han sido traficadas.

Actualmente existen en Holanda asociaciones, oficialmente reconocidas, de empresarios del sexo y de clientes de la prostitución que son consultadas por, y colaboran con, el gobierno con el fin de fomentar sus intereses y promover la prostitución. Entre estas asociaciones están: “Asociación de Empresarios de los Negocios de Relajación” y “Hombre/Mujer y la Fundación de la Prostitucion”. Esta última está compuesta por un grupo de hombres que con regularidad utilizan los “servicios” de la industria del sexo, y uno de sus objetivos específicos es “conseguir que la prostitución y su uso sean más aceptados y abiertamente discutidos”, y “proteger los intereses de los clientes” (NRM Bureau, 2002:115-16).

Frente al hecho de que hay muy pocas mujeres que quieran “trabajar” en el sector legal de la industria del sexo, el Reportero Nacional de Holanda en temas de tráfico afirmó que una solución para el futuro podría ser “ofrecer [al mercado] prostitutas procedentes de países que no pertenezcan a la UE/AEE, y que voluntariamente elijan trabajar en la prostitución...” Se les concedería “un acceso controlado y legal al mercado Holandés” (NRM Bureau, 2002). Como la prostitución se ha convertido en “trabajo” y los proxenetas en “empresarios”, esta posible “solución” convierte al tráfico en “una inmigración voluntaria para trabajar en la industria del sexo”. Holanda está mirando al futuro, destinando a las mujeres inmigrantes pobres al mercado internacional del sexo con el fin de remediar las insuficiencias del libre mercado de los “servicios sexuales”. A través de este proceso, se refuerza la normalización de la prostitución como una “opción para las pobres”.

La legalización de la prostitución en el estado de Victoria, Australia, ha supuesto una expansión de la industria del sexo. En 1989 había 40 prostíbulos legales en Victoria, y en 1999 la cifra se había elevado a 94, junto con 84 que ofrecían servicio de acompañante. Otras formas de explotación sexual tales como el strip-tease, los centros de esclavitud y disciplina, los sex shops, los teléfonos eróticos y la pornografía son más rentables ahora (Sullivan and Jeffrys: 2001).

La prostitución se ha convertido en un suplemento legítimo del turismo y del auge de los casinos en Victoria. Actualmente, se pueden utilizar las fichas y los bonos de la ruleta de la fortuna de los casinos patrocinados por el gobierno en los prostíbulos (Sullivan and Jeffreys: 2001). La mercantilización de la mujer se ha intensificado de una manera considerable y cada vez es más visible.

Los prostíbulos en Suiza se han duplicado después de la legalización parcial de la prostitución. La mayoría de estos prostíbulos están libres de impuestos y muchos son ilegales. En 1999, el periódico Blick de Zurich, afirmaba que Suiza era el país de Europa con mayor densidad de prostíbulos y que los ciudadanos/as se sentían invadidos por los locales dedicados a la prostitución, al mismo tiempo que experimentaban un constante crecimiento de las zonas destinadas a la prostitución (Daley, 2001:A1).

4. La legalización/despenalización de la prostitución aumenta la prostitución clandestina, ilegal y la prostitución de la calle.

La legalización supuestamente iba a sacar a las mujeres prostituídas de la calle. Muchas mujeres no quieren registrarse ni someterse a revisiones médicas, tal y como lo requiere la ley en ciertos países en los que se ha legalizado la prostitución. Por lo tanto, la legalización a menudo las conduce a la prostitución de la calle. Además, muchas mujeres eligen la prostitución de calle porque quieren evitar ser controladas y explotadas por los nuevos “hombres de negocios” de la industria del sexo.

En Holanda, las mujeres que están en la prostitución señalan que la legalización y despenalización de la industria del sexo no acaba con el estigma sino que, al contrario, hace a las mujeres más vulnerables frente al abuso ya que al tener que registrarse pierden el anonimato. Así que la mayoría de las mujeres que están en la prostitución, a pesar de todo eligen proceder de manera ilegal y clandestina. Los/as miembros del parlamento que en un principio apoyaron la legalización de los prostíbulos basándose en el supuesto de que esto iba liberar a las mujeres, están viendo ahora cómo la legalización refuerza la opresión de las mujeres (Daley, 2001:A1).

Los argumentos que defendían que la legalización iba a terminar con los elementos criminales de la industria del sexo han fracasado. El aumento de la prostitución en Australia desde la legalización se ha dado en el sector ilegal. Desde la llegada de la legalización en Victoria los prostíbulos se han triplicado y se han expandido, y la mayoría de ellos no tiene licencia aunque se anuncien y operen con total impunidad (Sullivan and Jeffreys: 2001). En “New South Wales”, los prostíbulos fueron descriminalizados en 1995. En 1999, el número de prostíbulos en Sydney había aumentado de manera exponencial a 400-500. La mayoría no tiene licencia. Para terminar con la endémica corrupción policial, el control de la prostitución ilegal pasó de estar en manos de los policías a estar en manos de los ayuntamientos locales. Pero los ayuntamientos no tiene ni el dinero ni el personal para poner investigadores en los prostíbulos y acabar con y procesar a los empresarios ilegales.

5. La legalización de la prostitución y la despenalización de la industria del sexo promueve la prostitución infantil.

Otro de los argumentos que defendía la legalización de la prostitución en Holanda era que iba a ayudar a acabar con la prostitución infantil. La realidad en cambio ha mostrado lo contrario, ya que la prostitución infantil en Holanda ha aumentado dramáticamente durante la década de 1990. La Asociación de Ámsterdam “ChildRight” estima que la cifra ha aumentado de 4000 niños/as en 1996 a 15.000 en el 2001. Esta asociación estima que al menos 5000 de los/as niños/as que están en la prostitución provienen de otros países, un número importante de los cuales son niñas nigerianas (Tiggelove: 2001).

La prostitución infantil ha aumentado dramáticamente en Victoria en comparación con los otros Estados de Australia donde la prostitución no ha sido legalizada. De todos los Estados y territorios de Australia, el mayor número de informes en torno a la prostitución infantil proviene de Victoria. El estudio dirigido por ECPAT ( End Child Prostitución and Trafficking - Acabar con el tráfico y la prostitución infantil) en 1998, y realizado para la “Australian National Inquiry on Child Prostitución“ (Centro de Investigación Nacional de Australia sobre la Prostitución Infantil), mostró que existía un aumento del comercio organizado de prostitución infantil.

6. La legalización/despenalización de la prostitución no protege a las mujeres que están en la prostitución.

La Coalición Internacional contra el Tráfico de Mujeres (CATW) ha realizado dos estudios importantes sobre el tráfico sexual y la prostitución, entrevistando a casi 200 víctimas de la explotación del comercio sexual. En este estudio, las mujeres que estaban en la prostitución indicaban que tanto si se encontraban en establecimientos de prostitución legales o ilegales, éstos hacían muy poco para protegerles a ellas. “En caso de proteger a alguien, protegen a los clientes”.

Un estudio de la CATW realizado en 5 países, en los cuales se entrevistó a 146 víctimas de tráfico internacional y de la prostitución local, muestra que el 80% de las mujeres entrevistadas sufrieron violencia física por parte de los proxenetas. También muestra que todas ellas sufrían similares y múltiples consecuencias de salud derivadas de la violencia y de la explotación sexual (Raymond et al: 2002).

La violencia que sufrían las mujeres era una parte intrínseca de la prostitución y de la explotación sexual. Los proxenetas utilizaban la violencia por diferentes motivos y con diferentes propósitos. La violencia era utilizada para iniciar a algunas mujeres en la prostitución y para derrumbarlas y vencerlas con el objetivo de que realizaran los actos sexuales. Después de la iniciación, en cualquier momento, la violencia era utilizada con el fin de gratificar a los proxenetas, como una forma de castigo, para amenazarlas e intimidarlas, para ejercer la dominación de los proxenetas, para exigir conformidad, para castigar a las mujeres por presuntas “infracciones”, para humillar a las mujeres y para aislarlas y recluirlas.

Las mujeres que señalaron que los establecimientos sexuales les ofrecían alguna protección, matizaron añadiendo que ningún “protector” estaba nunca en la habitación con ellas, donde cualquier cosa podía ocurrir. Una mujer que estaba en la prostitución que funciona a través de llamadas telefónicas declaró que: “El conductor es como un guardaespaldas. Se supone que tienes que llamarle una vez entras para confirmar que todo va bien. Pero no se quedan junto a la puerta mientras tú estas allí, así que puede ocurrir cualquier cosa”.

Los estudios realizados por CATW hallaron que incluso cuando se utilizaban cámaras de vigilancia en los establecimientos, el objetivo era proteger el establecimiento. La protección de las mujeres de los abusos era secundaria o no importaba.

7. La legalización/despenalización de la prostitución aumenta la demanda de la prostitución. Incentiva a los hombres a comprar a las mujeres por sexo en un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad.

Con la llegada de la legalización en los países que han despenalizado la industria del sexo, muchos hombres que no se hubieran arriesgado a comprar una mujer para tener sexo, ahora ven la prostitución como algo aceptable. Cuando las barreras legales desaparecen, también desaparecen las sociales y éticas respecto al hecho de tratar a las mujeres como productos. La legalización de la prostitución supone enviar el mensaje a las nuevas generaciones de hombres de que las mujeres son productos sexuales, y de que la prostitución es una forma de diversión sin riesgo.

Como los hombres tienen un exceso de oferta de “servicios sexuales”, las mujeres tienen que competir en la oferta de servicios dedicándose al sexo anal, sexo sin condón, relaciones de esclavitud y dominación y otras tendencias demandadas por los clientes. Cuando se legaliza la prostitución, todos los controles están prohibidos. Por ejemplo, las capacidades reproductivas de las mujeres se convierten en productos actos para la venta. Todo un grupo nuevo de clientes encuentra excitante el embarazo y demanda leche de pecho en sus encuentros sexuales con mujeres embarazadas. Existen prostíbulos que ofertan servicios a hombres discapacitados y los/as cuidadores/as contratados por el Estado, que en su mayoría son mujeres, están obligadas ha llevar a estos hombres a los prostíbulos si ellos lo desean (Sullivan and Jeffreys: 2001).

Las autopistas de Victoria están llenas de anuncios que ofertan a mujeres como objetos sexuales y enseñan a las nuevas generaciones de hombres a tratar a las mujeres como subordinadas. Se anima a los hombres de negocios a que tengan sus reuniones de empresa en los clubes donde hay mujeres que sirven las mesas desnudas durante la hora de comer y del té o café.

El dueño de un prostíbulo de Melbourne declaró que la mayoría de los clientes eran “hombres profesionales bien educados, que acuden durante el día y después van a sus casas a reunirse con sus familias”. Las mujeres que desean relaciones más igualitarias con los hombres se encuentran con que a menudo sus compañeros visitan los prostíbulos y los clubes sexuales. Tienen la opción de aceptar que sus parejas masculinas están comprando mujeres a través transacciones sexuales comerciales, pueden negarse a reconocer lo que sus parejas están haciendo o pueden romper con la relación (Sullivan and Jeffreys: 2001).

El proyecto de ley del Gobierno Sueco 1997/98:55 sobre la Violencia Contra las Mujeres, prohíbe y penaliza la compra de “servicios sexuales”. Es un enfoque innovador que se centra en la demanda de la prostitución. Suecia cree que “prohibiendo la compra de los servicios sexuales, la prostitución y sus efectos perjudiciales pueden contrarrestarse de una manera más efectiva que la que ha existido hasta ahora”. Y lo que es más importante, esta ley claramente afirma que “la prostitución es un fenómeno social no deseable” y que es “un obstáculo para el actual desarrollo hacia una igualdad entre hombres y mujeres;”**

8. La legalización/despenalización de la prostitución no promueve una mejora de la salud de las mujeres.

Un sistema basado en la legalización de la prostitución en el que se obligue a las mujeres, y no a los clientes, a chequeos y certificados de salud es descaradamente discriminatorio para las mujeres. Los chequeos de salud que son “solo para mujeres” no tienen ningún sentido a nivel de salud pública porque el controlar a las mujeres prostituídas no les protege a ellas del SIDA o de las ETS, ya que los hombres pueden transmitir, y en un principio son los que transmiten, las enfermedades a las mujeres.

Se argumenta que los prostíbulos legalizados u otros establecimientos de prostitución “controlados” “protegen” a las mujeres a través de políticas dirigidas a imponer la obligación de usar condón. En un estudio de la CATW que se realizó en EEUU, las mujeres entrevistadas que estaban en la prostitución declararon lo siguiente: el 47% afirmó que los hombres esperan tener sexo sin condón; el 73 % declaró que ofrecen pagar más para tener sexo sin condón; el 45% de las mujeres dijo que sufrirían abusos si insistieran en que los hombres usaran condón. Algunas mujeres dijeron que ciertos establecimientos puede que tengan normas que establezcan que los hombres tienen que usar condón, pero que en la realidad, los hombres siguen intentando tener sexo sin condón. Una mujer afirmó. “la ‘regla’ dice que hay que utilizar condón en la sauna, pero es negociable entre las partes. La mayoría de los hombres piden felaciones sin condón (Raymond and Hughes: 2001).

En la realidad, la imposición de las políticas en torno a la utilización del condón se deja en manos de las mujeres que están en la prostitución, y la oferta de dinero extra es una presión insistente. Una mujer afirmó: “Sería una mentirosa si dijera ‘Oh, siempre uso condón’. El condón desaparece cuando hay dinero extra en juego. Estaba mirando al dinero extra.” Muchos factores juegan en contra del uso del condón: la necesidad de las mujeres de ganar dinero; la disminución del atractivo de las mujeres mayores para los hombres; hacer frente a la competencia de los lugares donde no exigen condón; la presión de los proxenetas para que las mujeres tengan sexo sin condón y ganen más dinero; la necesidad de tener dinero por ser adictas a alguna droga o para pagar al proxeneta; y la falta de control que en general tienen las mujeres que están en la prostitución sobre sus propios cuerpos.

Las denominadas “políticas de seguridad” en los prostíbulos no protegieron a las mujeres de los abusos. Incluso cuando los prostíbulos supuestamente controlaban a los “consumidores” y utilizaban “gorilas”, las mujeres afirmaron que fueron lesionadas por los compradores y que, algunas veces, por los dueños de los prostíbulos y por sus amigos. Incluso cuando alguien intervenía para controlar el abuso de los compradores, las mujeres vivían en un clima de terror. Aunque el 60% de las mujeres dijo que algunas veces se había impedido que los compradores abusaran de ellas, la mitad de estas mujeres contestaron que en algún momento habían sentido que podrían haber sido asesinadas por alguno de sus “clientes” (Raymond et al: 2002).

9. La legalización/despenalización de la prostitución no aumenta las posibilidades de elección de las mujeres.

La mayoría de las mujeres no entraron en la prostitución a través de una decisión racional. No se sentaron un día y decidieron que querían ser prostitutas. Mejor dicho, es preferible llamar a esas “elecciones” “estrategias de supervivencia”. Más que consentir, una mujer prostituta accede a la única opción que está a su alcance. Su conformidad deriva del hecho de tener que adaptarse a las condiciones de desigualdad que son establecidas por el consumidor que le paga a ella para que haga lo que él quiera.

La mayoría de las mujeres que fueron entrevistadas por los estudios realizador por la CATW, señalaron que la elección de entrar en la industria del sexo solo se puede discutir dentro de un contexto donde no existen otras posibilidades. La mayoría enfatizaron que las mujeres que están en la prostitución tenían muy pocas alternativas. Muchas hablaron de la prostitución como la última opción, o como una manera involuntaria de finalizar un “camino”. En un estudio, el 67% de los/as miembros de la policía que la CATW entrevistó expresaron la opinión de que las mujeres no entraron voluntariamente a la prostitución. El 72% de los/as trabajadores/as sociales que la CATW entrevistó no creían que las mujeres voluntariamente eligieran entrar en la industria del sexo (Raymond and Hughes: 2001).

La distinción entre prostitución forzada y voluntaria es precisamente lo que la industria del sexo está promoviendo porque si se puede utilizar esta distinción para legalizar la prostitución, el proxenetismo y los prostíbulos, la industria del sexo conseguirá más estabilidad y seguridad legal. Las mujeres que presenten cargos contra los proxenetas o contra cualquier persona, tendrán que presentar la carga de la prueba y demostrar que fueron “forzadas”. ¿Cómo van a poder demostrar la coerción las mujeres marginadas? Si las mujeres tienen que demostrar que se utilizó la fuerza para reclutarlas o que la utilización de la fuerza forma parte de las condiciones de trabajo, muy pocas mujeres que están en la prostitución tendrán recursos legales y muy pocos culpables serán procesados.

Muchas mujeres que están en la prostitución tienen que mentir constantemente sobre sus vidas, sus cuerpos y sus respuestas sexuales. Mentir es una parte de la definición de su trabajo cuando un cliente pregunta: “¿Te ha gustado?”. Algunas supervivientes de la prostitución han señalado que después de haber dejado la prostitución les costó mucho tiempo darse cuenta de que la prostitución no fue el resultado de una libre elección, porque el negar su propia capacidad de elección era negarse a sí mismas.

No hay duda de que un número pequeño de mujeres dice que ellas eligen ser prostitutas, sobre todo si se encuentran en contextos públicos organizados por la industria del sexo. De la misma manera, algunas personas eligen tomar drogas peligrosas como la heroína. Sin embargo, incluso cuando las personas eligen tomar drogas peligrosas, reconocemos que el consumo de dicha droga es perjudicial para ellos, y la mayoría de las personas no piden la legalización de la heroína. En esta situación, el perjuicio o daño lo sufre la propia persona, no el consentimiento de la persona.

Incluso un informe de 1998 de la organización ILO (Organización Internacional del Trabajo de las UN) que sugería que la industria del sexo fuera tratada como un sector económico legítimo, encontró que “... la prostitución es una de las formas de trabajo más alienada; la investigación [realizada en 4 países] demostró que las mujeres trabajaban ’sufriendo’ ‘sintiéndose forzadas’, o estaban ‘llenas de remordimientos’ y tenían una identidad negativa sobre sí mismas. Un número significativo de ellas afirmó que si pudieran dejarían el trabajo sexual (LIM, 1998: 213).”

Cuando una mujer continúa en una relación abusiva con una pareja que le maltrata, o incluso cuando ella le defiende a él, no decimos que esa mujer está ahí de manera voluntaria. Reconocemos la complejidad de su conformidad. Al igual que las mujeres maltratadas, las mujeres en la prostitución a menudo niegan los abusos si no se les ofrecen verdaderas alternativas.

10. Las mujeres que están dentro de la prostitución no quieren que se legalice o despenalice la industria del sexo.

En un estudio realizado por la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres y financiado por la Fundación Ford, la mayoría de las 146 mujeres entrevistadas afirmaron de forma rotunda que la prostitución no debería de ser legalizada ni considerada un trabajo legitimo. Estas mujeres opinaban que la legalización supondría aumentar los riesgos y los daños que actualmente ya sufren las mujeres por parte de los proxenetas (Raymond et al, 2002). “Me niego. No es una profesión. Es humillante y es una forma de violencia masculina”. Ninguna de las mujeres entrevistada quería que sus hijos, familia o amigos tuvieran que ganar dinero a través de la industria del sexo. Una afirmó que “La prostitución me despoja de mi vida, salud, de todo”.

CONCLUCIONES

Los legisladores se suben al tren de la legalización porque creen que es lo único que funciona. Sin embargo, un Comisario de Scotland Yard ha afirmado que “Tienes que tener cuidado cuando legalizas algo solo porque crees que lo que estás haciendo no tiene éxito”.

Se oye hablar muy poco del rol que tiene la industria del sexo en la creación de un mercado global del sexo sobre los cuerpos de las mujeres y niños/as. En cambio, oímos hablar mucho sobre el hecho de conseguir que la prostitución se convierta en un trabajo con mejores condiciones para las mujeres a través de la regularización y/o legalización, a través de los sindicados denominados “trabajadoras del sexo” y a través de campañas que proporcionan condones a las mujeres que están en la prostitución pero que no les ofrecen ninguna alternativa. Oímos hablar mucho sobre cómo mantener a las mujeres en la prostitución pero muy poco sobre como ayudarlas a salir de ella.

Los gobiernos que legalicen la prostitución tendrán muchos intereses económicos en la industria del sexo. Consecuentemente, aumentará la dependencia de los gobiernos sobre la industria del sexo. Si se contabilizan las mujeres que están en la prostitución como trabajadoras, los proxenetas como empresarios, y los compradores como clientes de los servicios sexuales – legitimando y considerando a toda la industria del sexo un sector económico – los gobiernos abdicarán de la responsabilidad de conseguir trabajos adecuados y lícitos para las mujeres.

En vez de sancionar la prostitución, los Estados podrían centrarse en la demanda y penalizar a los hombres que compran mujeres para tener sexo, y podrían apoyar el desarrollo de alternativas para las mujeres que están en la industria del sexo. En vez de beneficiarse de los impuestos recaudados de la industria del sexo, los gobiernos podrían embargar los bienes de la industria del sexo e invertirlos en el futuro de las mujeres que están en la prostitución proporcionando recursos económicos y alternativas reales.

Notas

* Budapest Group. (1999, June). The Relationship Between Organized Crime and Trafficking in Aliens. Austria: International Centre for Migration Policy Development. El proceso de Budapest comenzó en 1991. 10 organizaciones y casi 40 gobiernos han participado en el proceso. Se han celebrado alrededor de 50 reuniones de diferentes niveles, incluyendo la Conferencia Ministerial de Praga.

** El “Rapporteur” Nacional sobre el Tráfico de la Policía Nacional de Suecia ha afirmado que en 6 meses, después de que la Ley Sueca se hubiera aprobado, ha disminuido el número de mujeres traficadas en Suecia. También ha señalado que según compañeros policías de la Unión Europea, los traficantes están eligiendo otros países de destino donde no existan leyes similares a la Ley Sueca. Por lo tanto, la Ley sirve para disuadir a los traficantes. Cita tomada de: Karl Vicktor Olsson, “Sexkopslagen minkar handeln med kvinnor,” Metro, January 27, 2001: 2.

Referencias Bibliográficas

Altink, Sietske. (1995). Stolen Lives: Trading Women into Sex and Slavery (London: Scarlet Press).

Budapest Group. (1999, June). The Relationship Between Organized Crime and Trafficking in Aliens. Austria: International Centre for Migration Policy Development.

Bureau NRM. (2002, November). Trafficking in Human Beings: First Report of the Dutch National Rapporteur. The Hague. 155 pp.

Daley, Suzanne. (2001, August 12). “New Rights for Dutch Prostitutes, but No Gain.” New York Times, pp. A1 and 4.
Dutting, Giseling. (2000, November). “Legalized Prostitution in the Netherlands – Recent Debates. Women’s Global Network for Reproductive Rights, 3: 15-16.

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Lim, Lin Lean (1998). The Sex Sector. International Labour Office, Geneva, Switzerland.

Raymond, Janice G., Donna M. Hughes, Donna M. and Carol A. Gomez (2001). Sex Trafficking of Women in the United States: Links Between International and Domestic Sex Industries, Funded by the U.S. National Institute of Justice. N. Amherst, MA: Coalition Against Trafficking in Women. Available at www.catwinternational.org

Raymond, Janice G., Jean d’Cunha, Siti Ruhaini Dzuhayatin, H. Patricia Hynes, Zoraida Ramirez Rodriguez and Aida Santos (2002). A Comparative Study of Women Trafficked in the Migration Process: Patterns, Profiles and Health Consequences of Sexual Exploitation in Five Countries (Indonesia, the Philippines, Thailand, Venezuela and the United States). (2002). Funded by the Ford Foundation. N. Amherst, MA: Coalition Against Trafficking in Women (CATW). Available at www.catwinternational.org

South China Morning Post (1999, September 10).”Brothel Business Booming at a Legal Red-Light District Near You.”

Sullivan, Mary and Jeffreys, Sheila. (2001). Legalising Prostitution is Not the Answer: the Example of Victoria, Australia. Coalition Against Trafficking in Women, Australia and USA. Available at www.catwinternational.org

Tiggeloven, Carin. (2001, December 18). “Child Prostitution in the Netherlands.” Available at www.rnw.nl/hotspots/html/netherlands011218.html.

Contact Person:
Dr. Janice G. Raymond
Co-Executive Director, Coalition Against Trafficking in Women (CATW)
Professor Emerita, University of Massachusetts, Amherst
P.O. Box 9338
N. Amherst, MA 01059
jraymond@wost.umass.edu

Fuente: CATW

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12/06/2008 GMT -6

El PRD perdió su rumbo

piezasdeaocho @ 00:04

Por Sara Lovera López*

México DF, 26 junio 07 (CIMAC).- En las zonas de tolerancia se ejerce la explotación sexual, el secuestro, el maltrato, la violencia a las que ahí son obligadas a "trabajar": las mujeres.

“Y en las zonas de tolerancia ¿qué buscan? No se pretende que sólo se limite a esa zona, ¿no es en realidad la formación de un gueto que viola de facto todo derecho humano vigente? ¿Acaso se desconoce que las zonas de tolerancia están estrechamente ligadas a las redes de explotación y a la trata de personas, de lo cual sólo se beneficia el sistema neoliberal y capitalista que nos imponen los de arriba?”

Este es un párrafo elaborado por un grupo de mujeres de Apizaco que llegaron al zócalo capitalino a protestar porque Reyes Ruiz Peña, presidente municipal, busca crear una zona de tolerancia en ese pueblo de Tlaxcala.

La prostitución es el lugar de mayor opresión y violencia que existe para las mujeres.

Pretender legalizarla es consentir la violencia extrema contra las mujeres, es “regular” el trabajo que ellas y otros muchos hombres realizan. Atrás pareciera que está el deseo neoliberal de que paguen impuestos y certificar que en este país se admite un negocio donde el objeto de compra venta es el cuerpo de las mujeres.

Se trata sin duda de un asunto polémico. Y no por moralina, sino porque los perredistas de la Ciudad de México perdieron el rumbo. Hace al menos 3 años que en el Congreso se lucha por la aprobación de una ley de trata que garantice los derechos humanos de las personas explotadas sexualmente. ¿Puede un Estado admitir esta explotación, como lo ha hecho, y dar una salida equivocada?

A frenar la trata, la pornografía infantil, a eso y no a otra cosa debía dedicarse el trabajo legislativo. Tenemos suficiente información que hace urgente atender el problema. Si se legaliza, dice Teresa Ulloa, estarán contentos los negociantes que se embolsan cada año más de 5 mil millones de pesos por el uso, abuso, tráfico de migrantes y trata de personas, con fines de explotación sexual.

Un número creciente son niñas y niños. Un negocio del crimen organizado. Un negocio conocido, estudiado, con focos rojos. Se sabe que las casi niñas que se prostituyen en la zona centro de la ciudad precisamente son tratadas desde Tlaxcala. ¿Por qué será que no se puede ver desde ese lugar terrible de la violencia contra las mujeres el problema de la prostitución? ¿Por qué, me pregunto, se echa por la borda una postura abolicionista que ha caracterizado a la historia de este país?

Me dirán que, entonces, ¿qué hacemos? Y cómo no saberlo: hay que perseguir a los lenones, desde los de negocio en las calles, de la trata de mujeres jóvenes, indígenas, cuya ruta estudió hace una década, en la Ciudad de México, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. ¿Porqué no poner freno a la trata? ¿Por qué no blindar la explotación?

Las mujeres que pintaron una manta con esmalte de uñas, pidiendo a gritos que no se las confine y no se las excluya, dicen que son “trabajadoras sexuales libres” de Apizaco y que se oponen, se oponen con la sabiduría del ser humano que sabe que se conspira contra sus libertades fundamentales.

Y no se trata de una contradicción, es una demanda de un grupo organizado que ha eliminado el control y que ejerce la prostitución libremente, pero advierte que se trata una legalización o reglamentación hipócrita, que en el fondo quiere confinarlas para siempre a una actividad “legal”, pero vergonzante para quienes la legalizan.

Yo creo que la propuesta no resiste un análisis de Derechos Humanos y en cambio habría que perseguir al crimen organizado que trata con las mujeres, las niñas y los niños; crear mecanismos de reinserción social reales, que alienten el empleo bien pagado; que prohíba el comercio sexual en los negocios de unos cuantos, que penalice a los clientes y los persiga; que evite el secuestro y el mal trato; que realice programas de buen trato y dignificación de estas mujeres confinadas a la peor de todas las violencias consentidas por el sistema.

Porqué los señores del PRD no se ponen a trabajar para distribuir el presupuesto, edificar escuelas y bibliotecas, capacitación a funcionarios a fondo y no talleres superficiales, en fin la lista de acciones que están en la Ley de Acceso a Una Vida sin Violencia para las Mujeres, es todo un programa que debía ponerse en marcha y no dar salidas neoliberales y esas sí, de derecha.

Una zona de tolerancia en el Distrito Federal para excluir a las mujeres que están atrapadas en la prostitución, sin un plan de fondo, es una medida reaccionaria y contra las mujeres.


* Periodista y feminista mexicana, reportera en los diarios El Día, unomásuno y La Jornada, candidata en 2005 al Premio Nobel Mil Mujeres por la Paz.

Fuente: cimacnoticias

03/06/2008 GMT -6

Abolir la prostitución

piezasdeaocho @ 00:51

Por Carlos París *

Carlos ParísEn estos momentos una Comisión Especial del Senado Español está debatiendo el problema de la prostitución. Una de las más graves lacras que afectan todavía a nuestra sociedad, y que además de mover todo un negocio criminal de tráfico con seres humanos, especialmente con multitud de mujeres engañadas para esclavizarlas, como práctica, en sí misma, degrada la dignidad que las relaciones sexuales merecen como realización personal, rebajándolas a una relación mercantil y a un desahogo meramente biológico, desprovisto de humanidad. Equivocadamente, sin embargo, se difunden ampliamente las posiciones que, en lugar de buscar la erradicación de tal lacra, pretenden regularla, en una actitud que podemos calificar de verdaderamente denigrante para la propia legislación. En efecto, al institucionalizar, reconocer, y por lo tanto normalizar, una práctica inadmisible para una sociedad en que los seres humanos alcancen su plena libertad y dignidad, la legislación se hace cómplice de semejante actividad. Y, si, como algunos pretenden, a través de la regulación se recaudarían impuestos, asistiríamos a la conversión del Estado en gran proxeneta. Esta repugnante complicidad debería ser motivo de reflexión para quienes la regulación proyectan.

Hace poco participé en un debate en la televisión del Ayuntamiento de Barcelona, la BTV sobre ese mismo tema. Y volví a escuchar los argumentos que los defensores y defensoras de la regulación esgrimen a favor de sus posiciones. A mi modo de ver, aun coincidiendo en las conclusiones, se parte en estos alegatos de dos visiones y valoraciones muy distintas que habría que diferenciar. Por una parte, se sitúan quienes entienden la prostitución como una realidad en sí negativa, pero inevitable. Por otra, las opiniones que consideran la prostitución como una actividad irreprochable éticamente, incluso como algo positivo, si es adecuadamente regulada.

En la primera línea de pensamiento nos encontramos con la vieja teoría, defendida por muchos escolásticos, del “mal menor”. Si el fenómeno de la prostitución es una realidad tan arraigada en nuestra historia, si es el “oficio más viejo del mundo” tratar de suprimirla representa una utopía, dando a este término el sentido no de una meta sino de una quimera irrealizable. Y todavía se aspira a reforzar tal idea estimando que la abolición conduciría a un aumento de violaciones y desórdenes o a la producción de un mercado negro. Yo diría que tales alegatos se asientan sobre un radical pesimismo antropológico e histórico. Si en los viejos tratadistas la idea del pecado original podía aportar tal fundamento, hoy carece de sentido desconocer las posibilidades innovadores y transformadoras de la historia. ¿No hemos suprimido la esclavitud, una vieja institución que hunde sus raíces en los tiempos arcaicos y que sirvió de base a todo el modo de producción esclavista? ¿No se ha llegado a eliminar la pena de muerte en la mayoría de los países desarrollados? Oscar Wilde, que no era ningún revolucionario, decía que la historia era un desembarco en sucesivas utopías.

Cuando nos encontramos ante una práctica perversa no cabe regularla. No es lícito fijar las normas con arreglo a las cuales una mujer puede ser apaleada por su marido o un reo por el verdugo. Ni las condiciones en que se realice una cliteridectomía. Hay que suprimir tales prácticas. Pero, en una actitud más radical se mueven las opiniones que llegan a considerar a la prostitución como expresión de la libertad propia de una sociedad no represiva. Semejante pretensión exaltadora adolece de dos graves defectos: su falseamiento de la realidad y su inconsistente análisis de la libertad y las relaciones sexuales. En el primer aspecto se vuelven las espaldas al hecho de que la inmensa mayoría de las prostitutas han llegado a tal situación forzadamente, sea por coacción directa, sea por indigencia. Y en el segundo se desconoce que la libertad no puede ser unilateral en las relaciones sexuales, exige la libre voluntad por ambas partes, y quien se entrega por una retribución sustituye, aun el caso de una persona no coaccionada, la libre iniciativa por la servidumbre al poder del dinero.

* Carlos París es filósofo y escritor.

Fuente: APRAMP

29/02/2008 GMT -6

Pornografía e ideología

piezasdeaocho @ 12:57

Por Juan A. Herrero Brasas *
17/06/06

En estos momentos se debate a nivel político sobre la posibilidad de regular legalmente la prostitución. El debate está teniendo lugar en círculos reducidos y con menos participación pública de la que merece el asunto, resultado de una también escasa contribución argumentativa por parte de periodistas e intelectuales en general. De hecho, los escasos reportajes sobre la cuestión que han aparecido en la prensa más que ofrecer un análisis sólido se centran en lo puramente anecdótico, cuando no incluso en los aspectos eróticos a que invita tan sabrosa cuestión. Recuerdo un reportaje en que su autor nos contaba la aventura erótica que había tenido en un prostíbulo mientras recababa información y, valiéndose de estadísticas dudosas, por no decir absurdas, nos informaba, diríase que con orgullo, de que España es «el burdel de Europa». El asunto merece un tratamiento mucho más serio. Y esa seriedad ha de comenzar por dejar de tomar el pelo al desinformado ciudadano con estadísticas inventadas, cuyas cifras no son más que puras especulaciones engendradas por la calenturienta imaginación de un cierto tipo de macho ibérico.

En un asunto como éste hay que escuchar la voz de las mujeres más concienciadas, pues son mujeres fundamentalmente el objeto, y en muchos casos las víctimas, de ese comercio. Las feministas están divididas. El feminismo liberal está a favor de liberalizar la prostitución, mientras que el feminismo radical es firmemente partidario de acabar con la prostitución a base de penalizar especialmente al consumidor [y no a quienes ejercen].

Karl Marx consideraba la prostitución como exponente máximo del sistema capitalista, y como signo inequívoco del sometimiento y degradación que sufre la mujer por parte del hombre. Y afirmaba enfáticamente que en una sociedad en que hombres y mujeres fueran iguales no habría lugar posible para la prostitución. Pero tanto Marx, en su época, como quienes debaten la cuestión en la actualidad, tienen fundamentalmente en mente la prostitución femenina. No hay que olvidar, sin embargo, que existe también una prostitución masculina dirigida al mundo gay (a la que, curiosamente, según los estudios con que contamos, se dedican muchos hombres heterosexuales), y otra prostitución masculina, infinitamente más reducida, dirigida a mujeres heterosexuales.

Cabe preguntarse si los argumentos en torno a la prostitución femenina son aplicables también al caso de la prostitución masculina, y la respuesta es, por los datos con que contamos, generalmente negativa. A diferencia de la mujer, el hombre, heterosexual u homosexual, que practica la prostitución mantiene intacto su estatus social de superioridad, estatus que es aún inherente en la cultura occidental al género masculino. Sus prácticas de prostitución las vive en muchos casos como un mero episodio pasajero de promiscuidad que no le crea conciencia de estigma, y del que no siente que tenga que rendir cuentas a nadie. Es un asunto muy diferente el de la mujer que se prostituye. A diferencia del hombre, la mujer está generalmente expuesta a todo tipo de abusos y manipulaciones, y se encuentra frecuentemente atrapada en una situación de la que no puede salir. Se trata, pues, de dos fenómenos que requieren análisis diferentes, y posiblemente, también planteamientos legales diferentes.

Prostitución y pornografía son dos fenómenos que van íntimamente asociados. La pornografía es la representación gráfica de actos de prostitución (del griego porné, prostituta, y grafos, representar gráficamente). Desde los años 70, las feministas radicales llevan librando una batalla sin cuartel contra la pornografía, contra todo tipo de pornografía, por considerarla un acto de difamación contra la mujer. Es muy copiosa la bibliografía que han producido Andrea Dworkin, Katharine MacKinnon, Susan Griffin, y otras muchas ideólogas de ese movimiento. Sus teorías, que son de obligado estudio en diversas facultades universitarias, han tenido ya efectos concretos a nivel legislativo, principalmente en Canadá, Reino Unido y algunos países escandinavos.

Para las feministas radicales, la pornografía, que siempre es creada por hombres y para hombres, proyecta una imagen falsa de la mujer, una imagen que es sólo el producto de la fantasía masculina. Esas imágenes, que son difamatorias, pues falsean la auténtica naturaleza de la mujer para adaptarla a los deseos del hombre, modelan a la larga la conducta de muchas mujeres, convirtiéndolas en víctimas de falsa conciencia y marionetas de la hegemonía masculina. Para estas feministas, la pornografía constituye una especie de censura sobre la capacidad de expresión de las mujeres, y por tanto la eliminación de esa censura es lo que daría libertad de expresión, y con ello auténtica igualdad, a las mujeres.

El consumo de pornografía es una forma de participación indirecta en la prostitución de los actores utilizados para producir dichas imágenes. Esta es la razón, y no otra, por la que está prohibida la pornografía infantil. No es que tal tipo de pornografía sea especialmente repugnante, como algunos ingenuamente creen. La prohibición de la pornografía infantil responde exclusivamente a un intento de evitar que se pueda utilizar a menores en su producción. Precisamente, el Tribunal Supremo de EEUU ha dado recientemente una sentencia según la cual no se puede prohibir la pornografía infantil realizada puramente con técnicas informáticas. El mismo tipo de argumento que sirve de base para prohibir la pornografía con niños me parece válido para prohibir la pornografía con animales, con objeto de proteger a los animales de la bestialidad humana. Lamentablemente, tal tipo de material se permite en España.

Como toda forma de representación, la pornografía conlleva, o más bien encubre, una ideología, algunos aspectos de la cual -los que he resumido anteriormente- son denunciados insistentemente por las feministas. La pornografía es una forma de arte elitista (y entiéndase que el denominarlo arte no justifica nada). Es ante todo la glorificación de los cuerpos de elite, producto en muchos casos de una imaginería técnicamente manipulada.

Todos vemos ocasionalmente cuerpos de elite en la vida real, pero en la pornografía se concentran de tal modo que se genera la impresión de que la realidad de la persona normal, del trabajador, de quien no se puede pasar la vida en el gimnasio ni dedicar cuidados exquisitos a su apariencia, es una realidad deficiente, inferior. El consumidor de pornografía desea ardientemente esos cuerpos de elite, y ello, por contrapartida, le lleva a despreciar en la misma medida el cuerpo trabajador, el cuerpo imperfecto, vulgar. Es lo que investigadores y especialistas norteamericanos denominan el factor Farrah.

En cualquier caso, el recurso a una sexualidad vicaria, a una forma de prostitución enlatada, es ante todo una claudicación de la propia sexualidad y una desvalorización de sí mismo. Ideológicamente, la pornografía es un veneno recubierto de una dulce cápsula, tanto para el marxismo tradicional como para las feministas radicales de la actualidad. La globalización pornográfica que denuncian éstas últimas se plasma, según ellas, en última instancia en desprecio y violencia contra el sexo femenino, y en una constante exigencia de que ésta renuncie a su propio carácter y se ajuste a la fantasía pornográfica, que normalmente siempre se representa en las fantasías del sexo masculino.

La prostitución nunca ha sido un exponente de liberación sexual, sino más bien de la hipocresía reinante bajo el régimen machista y capitalista del mundo occidental. El asunto es lo suficientemente importante como para merecer un cuidadoso análisis.

* Profesor de Ética y Política Pública en la Universidad del estado de California

Fuente: EL MUNDO

09/01/2008 GMT -6

Médicos del Mundo: «Comprando una prostituta no se demanda sexo, sino humillación»

piezasdeaocho @ 23:02

Médicos del MundoJuana M. Santana explica la postura de Médicos del Mundo, contraria a su legalización

GERARDO ELORRIAGA/BILBAO
23/06/2007

«Se ha educado al hombre en el convencimiento de que el mundo es suyo, de que puede destruir impunemente un bosque, extinguir especies o comprar mujeres», lamenta Juana María Santana, vocal responsable de género en Médicos del Mundo. El pasado año, esta abogada canaria participó en una comisión parlamentaria creada para debatir la conveniencia de legalizar la prostitución que desembocó en la edición de una ponencia contraria a tal regulación.

La ONG sanitaria ha organizado en su sede bilbaína una jornada en la que se ha analizado la relación entre el comercio sexual y los derechos humanos. Según su representante, la organización adoptó una postura abolicionista después de numerosos debates y contactos con afectadas. «En la trastienda de este negocio hay mucha miseria, sufrimiento y necesidad. No podemos legitimar una forma de subsistencia, sino un trabajo digno».

Asegura que la experiencia le ha demostrado que existen intereses ocultos detrás de quienes reivindican una normativa favorable y recrimina a CCOO su postura prolegalización. «Es un sindicato patriarcal y machista, que aún mantiene una Secretaría de la Mujer y no de igualdad», alega, y le reprocha su actitud: «Se ha reunido con algunas que viven de la prostitución, pero no son prostitutas, y ha encarado la cuestión con un paternalismo que ellos no quisieran para sus trabajadores».

Santana no confía en que los adalides de su consentimiento sean numerosos y merecedores de credibilidad. «Aun en el caso de que hubiera gente que quisiera trabajar en este oficio, y yo no la conozco, no creo que se puede dictar una ley que va a afectar a toda la población. Según esa tesis, todas seríamos susceptibles de serlo y perderíamos los logros obtenidos en la lucha por la equiparación sexual».

A su juicio, no cabe que una mujer decida voluntariamente vender su cuerpo. «¿Puede un empleado trabajar dieciocho horas diarias por menos del salario mínimo? Las mujeres no hemos de renunciar a nuestra libertad y dignidad».

Tampoco encuentra ninguna función social en esta labor. «¿Que dicen que hay hombres enfermos? Conozco mujeres con afecciones que sobreviven sin relaciones sexuales. ¿Que los hombres no son capaces de reprimir su instinto natural? ¿Y qué ocurre, entonces, con el celibato sacerdotal?».

Humillación

ProstituidoresPara esta voluntaria de la entidad sanitaria, el negocio no implica tan sólo la mera satisfacción del instinto sexual. «¿Qué se adquiere? No es sexo, sino algo más: sumisión, irresponsabilidad, [subordinación]... Se demanda humillación y los clientes se recomiendan tías como si fueran coches y motos, incluso en foros de Internet».

A su juicio, las medidas profilácticas ha de interpretarse dentro de tal mercadeo. «Mantenerlas limpias para que llegue cualquiera, las infecte y sean luego expulsadas de la calle, con la misma consideración que se trata a los animales de granja. No se puede cronificar esta lacra», argumenta.

Ni siquiera cree que se trate de un problema de minorías marginales. «Es una cuestión que afecta a todos, que tiene mucho que ver con la explotación del Sur», señala. Y anima a la implantación de políticas de cooperación al desarrollo para evitar los flujos humanos que alimentan el tráfico sexual. «Primero los esquilmamos y luego les reservamos un puesto en el burdel. ¡Muy cruel!».

Santana lamenta la pervivencia de una tópica visión de la prostitución, alimentada aún por el recuerdo cinematográfico de una bella meretriz encarnada por Julia Roberts, capaz de seducir a un rico cliente. «Mucha gente cree que todo resulta muy pulcro, justo, y que acaba bien; pero no, en este oficio no se suele acabar bien».

Fuente: RED FEMINISTA

23/11/2007 GMT -6

25 de Noviembre: Día para acabar la complicidad con el patriarcado

piezasdeaocho @ 16:08
 
El 25 de Noviembre es el Día de la No Violencia contra la Mujer

Por Zoraida Ramírez Rodríguez, de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres

"Artículo 1.- Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros" 1

El 25 de Noviembre es el Día de la No Violencia contra la Mujer. En esa fecha iniciaremos la Campaña de los 16 días de activismo contra todas las formas de violencia que afectan a la población femenina y que culminará el 10 de Diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Muchos sectores organizados ya han hecho llegar sus llamados de atención sobre el particular, así como sobre las propuestas que se desarrollarán durante el lapso mencionado. Igualmente, han elaborado listas con las acciones que deben ser identificadas como actos de violencia y discriminación contra las mujeres y las niñas. En las mismas se cita a la prostitución forzada y se hacen llamados para rechazar la violencia sexual contenida en esa categoría, ratificando de esa manera, que existe la prostitución voluntaria. ¿Debemos asumir que existen mujeres que sí están dispuestas a ser violentadas?. Es así como comienzan a aparecer las discriminaciones desde las propias mujeres. Para la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres no existen dos categorías de prostitución, NO HAY PROSTITUCIÓN LIBRE. Sólo existe una prostitución, porque toda la prostitución es forzada. ¿Hasta cuándo algunas mujeres seguirán discriminando a otras mujeres, para dar paso y fuerza al patriarcado desde la industria sexual?.

La campaña de la No Violencia contra la Mujer, no puede generar más violencia hacia otras mujeres y esto ocurre, cuando se hace diferencias entre la población explotada sexualmente. Si sólo se incluye el término prostitución, se facilita la penalización de quienes esclavizan a mujeres y niñas. Debemos detener la criminalización de seres humanas. No se puede aceptar que algunas mujeres sean discriminadas en un espacio y que además se les culpabilice cuando se afirma que “son libres para ser prostituidas”. ¿Es que acaso alguien puede ser libre para que “en libertad sufra de violencia”?. ¿Es la violencia una opción de vida válida para las mujeres y las niñas como humanas? Si es así, ¿para qué una campaña el 25 de Noviembre Día de la No Violencia contra la Mujer?. Entonces ¿se deberían hacer campañas por el derecho a la violencia?.

Esa diferenciación, creada por los que quieren dividir la prostitución en “la prostitución voluntaria o libre de la prostitución forzada”, es una artimaña del patriarcado para mantener al movimiento feminista fragmentado, así como a las mujeres explotadas y discriminadas, convertidas en objetos sexuales. El patriarcado está dentro de los discursos de mujeres y también dentro de las que se titulan feministas. Pero el Feminismo no es de discursos, es de postura, y esa postura, es la posición reflexiva ante los Derechos Humanos de la mujer, es lo que hace real una sintonía entre el humanismo y el feminismo. Por ello, siempre se concluye que el feminismo es humanismo. Ese “dial”, bien sintonizado, podrá ser escuchado de mejor manera, sin las interferencias originadas por el patriarcado, a través, desde y entre las propias mujeres.

La dignidad es intrínseca al ser humano, a la mujer y al hombre, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, cuando nuestras mujeres y niñas son atrapadas por la industria sexual, en la prostitución, en la pornografía, en el turismo sexual, en la prostitución militarizada, en las “novias por catálogo”, en los strippers o en el tráfico local e internacional, se viola esa dignidad, la misma de la que se habla en la Carta Fundamental.

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres desarrolla campañas sobre la violencia contra la mujer, donde las propias mujeres reconozcan la violencia de que son objeto por el patriarcado. La Coalición como ONG defensora de Derechos Humanos exige, que la población femenina explotada sexualmente sea incluida en toda campaña por el NO a la Violencia contra la Mujer.

Cuando se mencionan casos de violencia doméstica, se rechazan los argumentos que para su justificación presentan el agresor y en muchos casos hasta las propias agraviadas. Inmediatamente, se apunta que la patología que afecta a la mujer violentada le impide reconocer fácilmente su situación. Pero se afirma, que ella sufre violencia. Pues también, ¡la prostitución es violencia contra la mujer, y ninguna mujer decide estar allí, ninguna mujer quiere ser violentada!. De lo contrario, ya sabemos que esa mujer no se encuentra mentalmente saludable.

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres invita a reflexionar sobre este particular.

 

¡¡¡¡ La complicidad con el patriarcado hay que acabarla !!!!
¡¡¡¡ No a la prostitución porque es violencia contra la mujer !!!!

 

Econ. Zoraida Ramírez Rodríguez


1 Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1.948. Texto original: Palacio de las Naciones Ginebra. Suiza.
 

FUENTE: http://action.web.ca/home/catw/readingroom.shtml?x=11337

21/11/2007 GMT -6

Prostituirse no es una opción, es una desgracia

piezasdeaocho @ 19:42

 

PROSTITUIRSE NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA DESGRACIA

Por Elvira Siurana *

 

En los años de la lucha contra la esclavitud muchas voces se alzaron advirtiendo que la abolición sería un disparate y que consistiría una desgracia para los esclavos, ya que éstos quedarían sin casa y sin trabajo al perder a los amos que mal que bien los amparaban.

 

No todas las voces provenían de los sectores más retrógrados y puedo aceptar que no carecían de razón, ya que en los años posteriores a la guerra que se desencadenó en los Estados Unidos, entre el norte abolicionista y el sur esclavista, la promulgación de la abolición no supuso que todos mejoraran de vida. Sucedió que a algunos sirvientes que antes tenían techo y comida, la dignidad de pasar de ser esclavos a ser ciudadanos libres les sumió en la miseria. Sin embargo hoy en día ninguna mente progresista, o simplemente sensata, se plantearía defender que la esclavitud era necesaria para que la gente viviera mejor.

 

Un número importante de esclavos afroamericanos luchó en esa guerra en contra de su derecho a ser libres y a favor de sus amos que defendían la perpetuación de la esclavitud. Todos estaríamos de acuerdo en analizar ese fenómeno como un caso típico de alienación.

 

Sin embargo en aquel momento histórico los argumentos de ambas partes parecían razonables. Existía una compleja legislación al respecto. La tenencia y la compra de esclavos estaba reglamentada y algunos proponían mejoras a ese reglamento. Hoy sabemos que defender el mantenimiento de una sociedad esclavista es inadmisible. Porque los seres humanos merecemos ser tratados dignamente y el hecho de ser esclavo, es en sí mismo degradante.

 

El paralelismo con el debate que ahora nos planteamos, entre la abolición o legalización de la prostitución es diáfano. En realidad la prostitución es un vestigio de las prácticas esclavistas que en el caso de las esclavas mujeres incluían la disponibilidad para ser usadas sexualmente por los amos.

 

Tienen razón las voces que advierten que abolir la prostitución supondría privar de su medio de vida a muchas mujeres y puede que tardaran tiempo en reinstalarse en otra manera de vivir. Es cierto que durante algún tiempo, -no toda la vida-, algunas -no todas- de las mujeres que ejercen la prostitución pueden ganar bastante más dinero que una obrera, o una empleada. Y quizás un chapero pueda comprar algunas cosas más, y tomar mejores copas que un obrero. Pero con un criterio de izquierda, ¿debemos defender que si se gana más dinero ser chapero es mejor opción que ser obrero? ¿Acaso el valor del dinero es lo único a tener en cuenta?

 

En el momento que la izquierda lucha en el mundo contra la globalización del capital, y se opone al reinado absoluto del libre comercio ¿vamos a defender que prosiga el comercio de seres humanos? ¿O alguien sigue pensando que las mujeres no son exactamente seres humanos? El cliente que compra un servicio sexual ¿ve a la servidora sexual como su igual? ¿Acaso las mismas palabras “servicio” sexual, o “servidora” no nos remiten a un mundo medieval de siervos y amos?

 

Demasiadas veces la izquierda ha errado sus posturas en lo concerniente a las mujeres. El feminismo era un fenómeno burgués. A las mujeres no debía dejárseles votar porque lo harían mal. Ahora algunos sindicatos obreros, están otra vez eligiendo la opción equivocada al pedir la legalización de la prostitución.

 

La prostitución no favorece el derecho a elegir libremente el uso del cuerpo. El amor libre que pregonaban nuestros mayores nada tiene que ver con la compra mezquina de la mamada que se le exige a una mujer sin opciones. Es todo lo contrario.

 

El cliente del prostíbulo tiene rasgos muy parecidos a los del terrateniente que mientras existía el esclavismo lo utilizaba en su beneficio. No estamos tan lejos y no hemos cambiado tanto. Pero el propósito de la izquierda es cambiar el mundo y sus miserias. Y la prostitución es producto de la miseria. Es comprensible que una mujer en la necesidad de sobrevivir o de sacar adelante a su familia se prostituya. No es tan comprensible que el cliente no sea capaz de ver que esa mujer se somete a sus deseos sólo porque necesita el dinero que‚ él le paga. Ese abuso de poder ¿es ceguera, o es fascismo?

 

¿Se puede defender que la prostitución es una profesión tan digna como otra cualquiera? ¿La queremos para nosotros o nosotras? ¿Para nuestros hijos o hijas? ¿Es una profesión? Si es una profesión ¿Debemos plantearnos seriamente que los trabajadores de los astilleros que ahora van a ser despedidos pueden reconvertirse, contratándose en un prostíbulo para ejercer esa profesión? ¿Es una opción deseable? ¿Es eso lo que defiende Comisiones Obreras cuando pide la equiparación de los/las trabajadores/as del sexo al resto de los trabajos? ¿O solamente en el caso de que sean mujeres? ¿O quizás sólo en el caso de que sean mujeres emigrantes?

 

¿Es realmente progresista y liberador que se legalice el comercio sexual, se reglamente su compra-venta, se organicen prostíbulos semejantes a supermercados, se recalifique a chulos y proxenetas como los nuevos empresarios? Empresarios dispuestos lógicamente a sacar el máximo rendimiento a su mercancía. ¿Se tiene en cuenta que la mercancía son seres dotados de sensibilidad, inteligencia, sueños, deseos y preferencias?

 

Siguiendo el reaccionario argumento a menudo esgrimido, de que es una realidad y mientras exista es mejor que se haga en buenas condiciones podemos justificar cualquier barbaridad. Por ejemplo la venta de órganos y su comercialización. Es algo que existe y está en manos de mafias. ¿Sería mejor reglamentarlo y poder hacerlo en mejores condiciones? Los riñones se extirparían en un quirófano, con anestesia. Se haría un buen seguimiento al paciente. Eso impediría contagios al receptor y quizás una mejor recuperación al vendedor. Y las clínicas que más riñones vendieran, y de mejor calidad prosperarían y cotizarían en bolsa. Y sus médicos y gerentes serían empresarios prósperos. Seguramente sus hijos no tendrían que vender los riñones, pero sí podrían comprarlos con garantías. No habría problemas. ¿Realmente la lógica del capital va a llevarnos a eso?

 

Que no nos confundan. La prostitución, como la esclavitud, es una antigua y lamentable práctica de explotación de seres humanos en su grado máximo. Es un lamentable vestigio del pasado, es una forma de tortura física y psíquica. No es una cuestión negociable. Hay que abolir el comercio sexual y exigir para todos los seres humanos el derecho a gozar del sexo en libertad.

 



* Elvira Siurana es secretaria del Partido Feminista de Cataluña, coordinadora de la revista Poder y Libertad, y editora de Vindicación Feminista Publicaciones.

 

Este artículo fué publicado en la revisa Poder y Libertad en su N° 34, dedicado a la prostitución (no tiene enlace directo).

 

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