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Movimiento Feminista por la Abolición de la Prostitución (lecturas)

Archivo: Noviembre 2007

23/11/2007 GMT -6

25 de Noviembre: Día para acabar la complicidad con el patriarcado

piezasdeaocho @ 16:08
 
El 25 de Noviembre es el Día de la No Violencia contra la Mujer

Por Zoraida Ramírez Rodríguez, de la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres

"Artículo 1.- Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros" 1

El 25 de Noviembre es el Día de la No Violencia contra la Mujer. En esa fecha iniciaremos la Campaña de los 16 días de activismo contra todas las formas de violencia que afectan a la población femenina y que culminará el 10 de Diciembre, Día de los Derechos Humanos.

Muchos sectores organizados ya han hecho llegar sus llamados de atención sobre el particular, así como sobre las propuestas que se desarrollarán durante el lapso mencionado. Igualmente, han elaborado listas con las acciones que deben ser identificadas como actos de violencia y discriminación contra las mujeres y las niñas. En las mismas se cita a la prostitución forzada y se hacen llamados para rechazar la violencia sexual contenida en esa categoría, ratificando de esa manera, que existe la prostitución voluntaria. ¿Debemos asumir que existen mujeres que sí están dispuestas a ser violentadas?. Es así como comienzan a aparecer las discriminaciones desde las propias mujeres. Para la Coalición Contra el Tráfico de Mujeres no existen dos categorías de prostitución, NO HAY PROSTITUCIÓN LIBRE. Sólo existe una prostitución, porque toda la prostitución es forzada. ¿Hasta cuándo algunas mujeres seguirán discriminando a otras mujeres, para dar paso y fuerza al patriarcado desde la industria sexual?.

La campaña de la No Violencia contra la Mujer, no puede generar más violencia hacia otras mujeres y esto ocurre, cuando se hace diferencias entre la población explotada sexualmente. Si sólo se incluye el término prostitución, se facilita la penalización de quienes esclavizan a mujeres y niñas. Debemos detener la criminalización de seres humanas. No se puede aceptar que algunas mujeres sean discriminadas en un espacio y que además se les culpabilice cuando se afirma que “son libres para ser prostituidas”. ¿Es que acaso alguien puede ser libre para que “en libertad sufra de violencia”?. ¿Es la violencia una opción de vida válida para las mujeres y las niñas como humanas? Si es así, ¿para qué una campaña el 25 de Noviembre Día de la No Violencia contra la Mujer?. Entonces ¿se deberían hacer campañas por el derecho a la violencia?.

Esa diferenciación, creada por los que quieren dividir la prostitución en “la prostitución voluntaria o libre de la prostitución forzada”, es una artimaña del patriarcado para mantener al movimiento feminista fragmentado, así como a las mujeres explotadas y discriminadas, convertidas en objetos sexuales. El patriarcado está dentro de los discursos de mujeres y también dentro de las que se titulan feministas. Pero el Feminismo no es de discursos, es de postura, y esa postura, es la posición reflexiva ante los Derechos Humanos de la mujer, es lo que hace real una sintonía entre el humanismo y el feminismo. Por ello, siempre se concluye que el feminismo es humanismo. Ese “dial”, bien sintonizado, podrá ser escuchado de mejor manera, sin las interferencias originadas por el patriarcado, a través, desde y entre las propias mujeres.

La dignidad es intrínseca al ser humano, a la mujer y al hombre, según la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Sin embargo, cuando nuestras mujeres y niñas son atrapadas por la industria sexual, en la prostitución, en la pornografía, en el turismo sexual, en la prostitución militarizada, en las “novias por catálogo”, en los strippers o en el tráfico local e internacional, se viola esa dignidad, la misma de la que se habla en la Carta Fundamental.

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres desarrolla campañas sobre la violencia contra la mujer, donde las propias mujeres reconozcan la violencia de que son objeto por el patriarcado. La Coalición como ONG defensora de Derechos Humanos exige, que la población femenina explotada sexualmente sea incluida en toda campaña por el NO a la Violencia contra la Mujer.

Cuando se mencionan casos de violencia doméstica, se rechazan los argumentos que para su justificación presentan el agresor y en muchos casos hasta las propias agraviadas. Inmediatamente, se apunta que la patología que afecta a la mujer violentada le impide reconocer fácilmente su situación. Pero se afirma, que ella sufre violencia. Pues también, ¡la prostitución es violencia contra la mujer, y ninguna mujer decide estar allí, ninguna mujer quiere ser violentada!. De lo contrario, ya sabemos que esa mujer no se encuentra mentalmente saludable.

La Coalición Contra el Tráfico de Mujeres invita a reflexionar sobre este particular.

 

¡¡¡¡ La complicidad con el patriarcado hay que acabarla !!!!
¡¡¡¡ No a la prostitución porque es violencia contra la mujer !!!!

 

Econ. Zoraida Ramírez Rodríguez


1 Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamada por las Naciones Unidas el 10 de Diciembre de 1.948. Texto original: Palacio de las Naciones Ginebra. Suiza.
 

FUENTE: http://action.web.ca/home/catw/readingroom.shtml?x=11337

21/11/2007 GMT -6

Prostituirse no es una opción, es una desgracia

piezasdeaocho @ 19:42

 

PROSTITUIRSE NO ES UNA OPCIÓN, ES UNA DESGRACIA

Por Elvira Siurana *

 

En los años de la lucha contra la esclavitud muchas voces se alzaron advirtiendo que la abolición sería un disparate y que consistiría una desgracia para los esclavos, ya que éstos quedarían sin casa y sin trabajo al perder a los amos que mal que bien los amparaban.

 

No todas las voces provenían de los sectores más retrógrados y puedo aceptar que no carecían de razón, ya que en los años posteriores a la guerra que se desencadenó en los Estados Unidos, entre el norte abolicionista y el sur esclavista, la promulgación de la abolición no supuso que todos mejoraran de vida. Sucedió que a algunos sirvientes que antes tenían techo y comida, la dignidad de pasar de ser esclavos a ser ciudadanos libres les sumió en la miseria. Sin embargo hoy en día ninguna mente progresista, o simplemente sensata, se plantearía defender que la esclavitud era necesaria para que la gente viviera mejor.

 

Un número importante de esclavos afroamericanos luchó en esa guerra en contra de su derecho a ser libres y a favor de sus amos que defendían la perpetuación de la esclavitud. Todos estaríamos de acuerdo en analizar ese fenómeno como un caso típico de alienación.

 

Sin embargo en aquel momento histórico los argumentos de ambas partes parecían razonables. Existía una compleja legislación al respecto. La tenencia y la compra de esclavos estaba reglamentada y algunos proponían mejoras a ese reglamento. Hoy sabemos que defender el mantenimiento de una sociedad esclavista es inadmisible. Porque los seres humanos merecemos ser tratados dignamente y el hecho de ser esclavo, es en sí mismo degradante.

 

El paralelismo con el debate que ahora nos planteamos, entre la abolición o legalización de la prostitución es diáfano. En realidad la prostitución es un vestigio de las prácticas esclavistas que en el caso de las esclavas mujeres incluían la disponibilidad para ser usadas sexualmente por los amos.

 

Tienen razón las voces que advierten que abolir la prostitución supondría privar de su medio de vida a muchas mujeres y puede que tardaran tiempo en reinstalarse en otra manera de vivir. Es cierto que durante algún tiempo, -no toda la vida-, algunas -no todas- de las mujeres que ejercen la prostitución pueden ganar bastante más dinero que una obrera, o una empleada. Y quizás un chapero pueda comprar algunas cosas más, y tomar mejores copas que un obrero. Pero con un criterio de izquierda, ¿debemos defender que si se gana más dinero ser chapero es mejor opción que ser obrero? ¿Acaso el valor del dinero es lo único a tener en cuenta?

 

En el momento que la izquierda lucha en el mundo contra la globalización del capital, y se opone al reinado absoluto del libre comercio ¿vamos a defender que prosiga el comercio de seres humanos? ¿O alguien sigue pensando que las mujeres no son exactamente seres humanos? El cliente que compra un servicio sexual ¿ve a la servidora sexual como su igual? ¿Acaso las mismas palabras “servicio” sexual, o “servidora” no nos remiten a un mundo medieval de siervos y amos?

 

Demasiadas veces la izquierda ha errado sus posturas en lo concerniente a las mujeres. El feminismo era un fenómeno burgués. A las mujeres no debía dejárseles votar porque lo harían mal. Ahora algunos sindicatos obreros, están otra vez eligiendo la opción equivocada al pedir la legalización de la prostitución.

 

La prostitución no favorece el derecho a elegir libremente el uso del cuerpo. El amor libre que pregonaban nuestros mayores nada tiene que ver con la compra mezquina de la mamada que se le exige a una mujer sin opciones. Es todo lo contrario.

 

El cliente del prostíbulo tiene rasgos muy parecidos a los del terrateniente que mientras existía el esclavismo lo utilizaba en su beneficio. No estamos tan lejos y no hemos cambiado tanto. Pero el propósito de la izquierda es cambiar el mundo y sus miserias. Y la prostitución es producto de la miseria. Es comprensible que una mujer en la necesidad de sobrevivir o de sacar adelante a su familia se prostituya. No es tan comprensible que el cliente no sea capaz de ver que esa mujer se somete a sus deseos sólo porque necesita el dinero que‚ él le paga. Ese abuso de poder ¿es ceguera, o es fascismo?

 

¿Se puede defender que la prostitución es una profesión tan digna como otra cualquiera? ¿La queremos para nosotros o nosotras? ¿Para nuestros hijos o hijas? ¿Es una profesión? Si es una profesión ¿Debemos plantearnos seriamente que los trabajadores de los astilleros que ahora van a ser despedidos pueden reconvertirse, contratándose en un prostíbulo para ejercer esa profesión? ¿Es una opción deseable? ¿Es eso lo que defiende Comisiones Obreras cuando pide la equiparación de los/las trabajadores/as del sexo al resto de los trabajos? ¿O solamente en el caso de que sean mujeres? ¿O quizás sólo en el caso de que sean mujeres emigrantes?

 

¿Es realmente progresista y liberador que se legalice el comercio sexual, se reglamente su compra-venta, se organicen prostíbulos semejantes a supermercados, se recalifique a chulos y proxenetas como los nuevos empresarios? Empresarios dispuestos lógicamente a sacar el máximo rendimiento a su mercancía. ¿Se tiene en cuenta que la mercancía son seres dotados de sensibilidad, inteligencia, sueños, deseos y preferencias?

 

Siguiendo el reaccionario argumento a menudo esgrimido, de que es una realidad y mientras exista es mejor que se haga en buenas condiciones podemos justificar cualquier barbaridad. Por ejemplo la venta de órganos y su comercialización. Es algo que existe y está en manos de mafias. ¿Sería mejor reglamentarlo y poder hacerlo en mejores condiciones? Los riñones se extirparían en un quirófano, con anestesia. Se haría un buen seguimiento al paciente. Eso impediría contagios al receptor y quizás una mejor recuperación al vendedor. Y las clínicas que más riñones vendieran, y de mejor calidad prosperarían y cotizarían en bolsa. Y sus médicos y gerentes serían empresarios prósperos. Seguramente sus hijos no tendrían que vender los riñones, pero sí podrían comprarlos con garantías. No habría problemas. ¿Realmente la lógica del capital va a llevarnos a eso?

 

Que no nos confundan. La prostitución, como la esclavitud, es una antigua y lamentable práctica de explotación de seres humanos en su grado máximo. Es un lamentable vestigio del pasado, es una forma de tortura física y psíquica. No es una cuestión negociable. Hay que abolir el comercio sexual y exigir para todos los seres humanos el derecho a gozar del sexo en libertad.

 



* Elvira Siurana es secretaria del Partido Feminista de Cataluña, coordinadora de la revista Poder y Libertad, y editora de Vindicación Feminista Publicaciones.

 

Este artículo fué publicado en la revisa Poder y Libertad en su N° 34, dedicado a la prostitución (no tiene enlace directo).

 

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19/11/2007 GMT -6

Exhorta Lydia Cacho a ALDF no legalizar prostitución

piezasdeaocho @ 00:39

Rescato la siguiente noticia que curiosamente no tuvo mucho eco.

Exhorta Lydia Cacho a ALDF no legalizar prostitución

Firman un escrito grupos que trabajan por los derechos de las mujeres, académicas y organizaciones de la sociedad civil en el que piden a los asambleístas no apoyar la iniciativa; equiparan la trata de mujeres con el secuestro.

María de la Luz González
El Universal
Ciudad de México
Jueves 21 de junio de 2007

Organizaciones de la sociedad civil, académicos y feministas exhortaron a los asambleístas del Distrito Federal a no legalizar la prostitución, porque esa práctica es una forma de violencia hacia las mujeres.

En un escrito con 260 firmas entre las que destacan la de la ex diputada federal Marcela Lagarde, la periodista Lydia Cacho, investigadoras de la UAM, la UNAM y organizaciones que trabajan por los derechos de las mujeres, pidieron a los legisladores repudiar la prostitución y la violencia de género sin concesiones ni excepciones.

"No hay excusas para la violación, el pago no hace que deje de ser esclavitud y violencia, aunque ese cuerpo humillado se compre sólo por un rato", sostienen los firmantes.

En el escrito, también hacen un llamado a la reflexión a los legisladores federales por la decisión de la Cámara de Diputados de modificar la minuta de Ley contra la Trata de Personas en perjuicio de las víctimas.

El documento precisa que los legisladores dejaron fuera de la minuta el problema de la trata interna, imponiendo una "pena vergonzosa, casi equivalente a la de la violación y que en nada se acerca a la del secuestro. Queremos que (la trata) se equipare con el secuestro", exponen.

Cuestionan también el que se haya eliminado de la minuta la definición de los medios con los que los tratantes cometen el delito (la fuerza, el engaño y la coacción) así como el abuso de la situación una situación de vulnerabilidad.

"Sabemos muy bien que en el sistema penal mexicano, al presunto responsable no se le puede obligar a declarar en su contra, por lo que le basta con negar y con eso la carga de la prueba se le revierte a la víctima", advierte el escrito.

FUENTE: http://www.eluniversal.com.mx/notas/432639.html

03/11/2007 GMT -6

Sexo: De la intimidad al "trabajo sexual", o ¿es la prostitución un derecho humano?

piezasdeaocho @ 01:36

Por Cecilia Hofman, Coalición contra el tráfico de mujeres – Asia Pacífico

Los debates sobre la prostitución continúan planteándose con el mismo ardor desde hace más de un siglo. Pero si el comercio del sexo fue en otro tiempo un asunto más disimulado o al menos más discreto, hoy nadie puede ignorar toda la batería de reclamos de la que el sexo es objeto. Vivimos, se ha dicho, en una cultura de la pornografía. Durante estos últimos decenios y con la explosión, a escala mundial, de industrias basadas en la producción, venta y consumo de sexo, encarnado en primer lugar en los cuerpos de las mujeres, resulta aún más urgente comprender la expansión y las múltiples formas de la mercantilización del sexo en la pornografía, los “entretenimientos sexuales” y la prostitución. Asimismo, las feministas deben analizar la significación y el impacto de estas evoluciones sobre el estatuto de las mujeres.

Las apuestas económicas

Voces cada vez más numerosas se alzan para sugerir y, en ciertos casos, reivindicar que la prostitución sea aceptada como un comercio y un trabajo legítimo para las mujeres, y un medio válido para reforzar el poder económico de las mujeres. La razón es quizá que alrededor del comercio del sexo se ha construido una economía pujante, totalmente integrada en las economías nacionales y locales e inmensamente rentable para las industrias y los Estados. La organización End Child Prostitution in Asian Tourism (ECPAT) estima que en Tailandia, el comercio de la carne ha reportado entre 18 y 21,6 miles de millones de dólares US en un año, lo que supone más del presupuesto total del país en 1995, y que en Japón las ganancias equivalen al presupuesto de Defensa; ésta es la prueba de que los beneficios realizados son enormes.

Análisis feministas divergentes

Hay quién sostiene que la prostitución es una práctica de resistencia y de liberación sexual de las mujeres frente a las normas sexuales y a los preceptos morales tradicionales que han servido para controlarlas y someterlas.

El pensamiento feminista radical, por el contrario, analiza la prostitución como un soporte del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres, con un efecto negativo no solamente sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, sino sobre el conjunto de las mujeres como grupo, ya que la prostitución confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función primera sería la de estar al servicio sexual de los hombres.

El debate sobre los derechos humanos

Los dos campos - “por y contra la prostitución” - movilizan la Declaración de los Derechos del Hombre, y se refieren en particular al movimiento feminista que ha extendido su marco de aplicación a la condición de las mujeres, contestando y redefiniendo desde su punto de vista sus principios generales.

El derecho a la autodeterminación

De todos los derechos humanos, las portavoces de la posición “pro prostitución”, para defender el derecho a prostituirse, invocan ante todo el derecho a la autodeterminación. Este es interpretado como el derecho de un individuo a elegir y tomar decisiones con total autonomía, lo que puede incluir el hecho de implicarse en relaciones sexuales comerciales o de definir las modalidades de este intercambio sexual.

Esta posición plantea numerosos problemas, y en primer lugar, su incapacidad para discernir los desequilibrios estructurales sociales, económicos y políticos, y las relaciones sexuales de poder entre las mujeres y los hombres que forman el contexto de estas elecciones y decisiones. Más aún, lleva a un callejón sin salida en una cuestión crucial, la de saber si la prostitución puede conducir a la igualdad social y sexual para las mujeres o si no es, en realidad, un medio de perpetuar y reforzar las desigualdades de género en materia de derechos y de estatus. Como han señalado los defensores de los derechos humanos, “pasando por alto el fenómeno de la dominación masculina sobre las mujeres, tanto en la esfera privada como en el espacio público, esta noción del derecho a la autodeterminación puede, de hecho, reforzar la opresión de las mujeres por su complicidad con el sistema de la dominación y la violencia masculinas” (Charlesworth, 1994).

Peor aún, esta posición oculta las desigualdades de clase y representa esencialmente el punto de vista de los países del Norte. Trivializa el fenómeno masivo del rapto, el engaño y la trata de mujeres y muchachas adolescentes que proceden principalmente de los países del Sur, y actualmente también de las economías dislocadas del Este de Europa, y el hecho de que son estos métodos de reclutamiento los que, de lejos, están más extendidos a escala mundial. Esta posición tampoco tiene en cuenta el hecho, sin embargo evidente, de que los usuarios masculinos de la prostitución no se preocupan de saber si la mercancía humana que ellos adquieren consiente en ser puesta a su disposición sexual, cuestión que no les inquieta lo más mínimo. El consentimiento declarado de algunas mujeres puede así afectar a las otras, a todas estas mujeres y adolescentes que en ningún caso han consentido a la prostitución.

Las nociones de elección y de consentimiento son útiles de análisis sin ningún valor para comprender la prostitución como institución. La prostitución preexiste en tanto que sistema que necesita un aprovisionamiento de cuerpos de mujeres, y es para asegurar este aprovisionamiento para lo que las mujeres y muchachas adolescentes son raptadas, engañadas, ilusionadas o persuadidas. La manera en la cual las mujeres entran en la prostitución no es pertinente para el funcionamiento del sistema prostitucional; más precisamente, la prostitución se perpetúa en tanto que sistema por lo que se hace y puede hacerse a las mujeres en la prostitución, y por los privilegios sexuales que asegura a la clientela masculina.

Girls on the streets of Bombay

Tomemos el ejemplo de esos cientos de muchachas nepalíes vendidas en la India y que, durante los dos o tres primeros años de su encierro en los burdeles de Bombay, son estrechamente vigiladas y no tienen autorización para salir, porque a la menor ocasión, intentan escaparse. Posteriormente, ellas pueden ser expuestas con todos sus adornos delante de la puerta de los burdeles, sin riesgo de que se fuguen. Pueden incluso ausentarse un tiempo y volver después. ¿Cómo analizar esta situación? ¿Qué las ha ocurrido en este intervalo? ¿Cuál es la naturaleza de su “consentimiento” posterior que definiría el intercambio prostitucional como una actividad consensuada? Firmando el reconocimiento de la prostitución como un comercio legítimo, el gobierno de los Países Bajos llega incluso a proponer un nuevo concepto, el del “consentimiento de pleno grado a su propia explotación” (Louis, 1997). Para las mujeres, como para los trabajadores y los pueblos indígenas o colonizados cuya condición histórica ha sido la explotación y la subordinación, éste es evidentemente un concepto bárbaro e inaceptable.

Prostitutas y partisanas de los derechos de las prostitutas afirman con fuerza que las mujeres en la prostitución pueden conservar intacta su capacidad de acción autónoma y acusan a las feministas anti-prostitución de ser paternalistas y no respetar sus opiniones.

La cuestión del consentimiento, de la “política de elección personal”, reposa sobre una visión liberal occidental de los derechos humanos que eleva la vountad y las elecciones individuales por encima de todos los otros derechos humanos y de toda noción de bien común (Barry, 1995). Sin embargo, ante los avances de las biotecnologías, recordemos que se ha cuestionado el concepto de elección personal planteando cuestiones éticas sobre la integridad del cuerpo humano y de la persona, por ejemplo en lo que concierne a la venta de órganos, la maternidad de sustitución o la clonación humana. Igualmente, la elección individual no es retenida generalmente como argumento en favor del uso de la droga. En nombre de una cierta concepción del ser humano y del bien común, la colectividad ha juzgado necesario con frecuencia poner límites a la libertad individual. Pero, quizá porque los conceptos corrientes de bien común no han incluido jamás el de la clase de las mujeres - tradicionalmente la clase “socialmente dominada” (Charlesworth, 1994) - se tolera la prostitución, en nombre de algunas mujeres que la eligen libremente. Según este criterio, se habría podido admitir la esclavitud prestando atención a algunas voces de esclavos que se declaraban contentos de su suerte.

El derecho al trabajo

Las portavoces de la corriente pro-prostitución invocan el derecho al trabajo. Pero es necesario comenzar por preguntarse por qué este trabajo existe y por qué una experiencia de la intimidad humana ha sido categorizada como trabajo sexual. Se nos proponen entonces estos dos discursos: bien que la prostitución es un trabajo como cualquier otro, por ejemplo el de mecanógrafa o sirvienta, bien que la prostitución cumple un cierto número de funciones socialmente útiles –educación sexual, terapia sexual, o prestación de relaciones sexuales a personas que sin la prostitución se verían privadas de ellas, por ejemplo los trabajadores inmigrantes aislados de su familia y los hombres mayores o con minusvalías. Desde esta perspectiva, la prostitución es presentada como una elección profesional racional. Se considera igualmente que todo hombre, en todas las circunstancias y sea cual sea el precio, debe poder tener relaciones sexuales.

De hecho, son los millones de compradores de sexo, mucho más numerosos que las mujeres y adolescentes que ellos utilizan, quienes no solamente eligen, sino también defienden ardientemente su práctica de la prostitución. Sin embargo, su elección no es examinada ni cuestionada, es incluso eludida por instituciones internacionales como la Organización Mundial de la Salud. En Ginebra en 1998, en un informe sobre el sida, la OMS ha consagrado páginas enteras a los perfiles socio-económicos y culturales de las mujeres que ejercen la prostitución para señalar después, en un párrafo lapidario, que “los clientes son más numerosos que los proveedores de servicios sexuales [………] Los factores que conducen a las personas a devenir clientes son ampliamente desconocidos”. El rechazo generalizado a afrontar un examen crítico o hacer pesar una responsabilidad sobre los usuarios de la prostitución, que constituyen de lejos el más importante eslabón del sistema prostitucional, no es otra cosa que una defensa tácita de las prácticas y privilegios sexuales masculinos.

La óptica del derecho al trabajo sostiene además que, allí donde las opciones económicas ofrecidas a las mujeres son inadecuadas, pobres, o francamente malas, la prostitución puede ser la mejor alternativa, y que en todo caso, es un trabajo que no perjudica a nadie, porque las dos partes más directamente concernidas se ponen de acuerdo sobre lo que pasará en el intercambio prostitucional. De nuevo se niega aquí un hecho esencial: si las mujeres sufren frecuentemente violencias en la prostitución, no es simplemente porque las leyes no las protejan, o porque sus condiciones de trabajo no son las que debieran ser, sino porque el uso de las mujeres por los hombres en la prostitución, y los actos que en ella son realizados, son la puesta en práctica, en el plano sexual, de una cultura y de un sistema de subordinación de las mujeres. En consecuencia, la violencia y la degradación, incluso sin llegar a la acción, son condiciones inherentes a la sexualidad prostitucional. Porque, de una parte, la violencia es siempre posible, y de otra parte, la sexualidad venal implica poder imponer el tipo de acto sexual que será practicado. Un cliente a quien una prostituta (o su esposa por lo demás) le negara un acto sexual particular o una relación sin preservativo, podrá siempre alquilar a otra mujer más necesitada que accederá a su demanda. Es por tanto otra mujer, más vulnerable, quien sufrirá los daños.

Se ha dicho de la prostitución que era un crimen sin víctima porque se supone que las mujeres consienten y por tanto nadie les hace daño. Esta forma de pensar no rinde cuenta en ningún caso de la violencia que constituye la transgresión de la intimidad humana. Las mujeres prostitutas han hablado de los medios elaborados que emplean para intentar preservar una parte de su vida afectiva y sexual que les sea propia y no esté destinada al uso público: rechazar el acceso a ciertas partes de su cuerpo o la utilización de su propia cama, inventarse una vida ficticia, y algunos otros medios. El punto de vista según el cual las intrusiones repetidas en el cuerpo y los actos sexuales tolerados pero no deseados pueden ser vividos sin perjuicio es, por lo menos, dudoso. Las supervivientes de la prostitución en Filipinas, como las mujeres de WHISPER (Women Hurt in Systems of Prostitution Engaged in Revolt) en Estados Unidos, han experimentado “el hecho de la prostitución como relaciones sexuales intrusivas, no deseadas, y con frecuencia francamente violentas de soportar” (Giobbe, 1990). En realidad, el “trabajo” prostitucional consiste fundamentalmente en someterse a los actos efectuados por los clientes o los pornógrafos sobre los cuerpos de las mujeres (o de los niños). Las mujeres han referido en numerosas ocasiones sus estrategias para terminar rápidamente con el cliente, porque si las prostitutas necesitan y desean el dinero de la prostitución, no desean la sexualidad prostitucional que, en tanto que tal, es una forma de “violación remunerada”.

Admitir pura y simplemente el hecho de que las mujeres no tienen mejor opción profesional, es renunciar al combate político para incrementar el poder de las mujeres y tolerar las actividades florecientes y extremadamente lucrativas de la industria del sexo, de la cual las mujeres son la materia prima. Las feministas solidarias de las mujeres prostitutas cumplen un enorme trabajo con ellas, y nada más que para ellas, cuando se encuentran en situación de prostitución, justamente reconociendo que la vida social y económica está estructurada por el capitalismo patriarcal para no dejar a las mujeres más que pocas opciones satisfactorias, y que salir de los sistemas prostitucionales es un proceso difícil.

La segunda óptica – la prostitución como un trabajo socialmente útil – presupone que la necesidad sexual masculina es una necesidad biológica que no puede ser puesta en cuestión, similar a las necesidades de nutrición. Esto contradice manifiestamente el hecho comprobado de que las personas, mujeres y hombres, pasan largos periodos de sus vidas sin relaciones sexuales ¡y sin llegar al fatal desenlace que habría tenido la privación de alimento! La verdad es que el capitalismo patriarcal ha alimentado una cultura del consumo sexual y el sexo no solamente es utilizado para vender todo tipo de productos, sino que ha sido él mismo reducido, a golpe de acciones promocionales, a un producto de mercado. Se trata de una industria capitalista mundialmente extendida que ofrece los cuerpos de las mujeres, de las chicas jóvenes, de los chicos también, al consumo. Pero es necesario reconocer que existen conceptos sexistas preexistentes y socialmente construidos de la sexualidad, sobre los cuales el capitalismo patriarcal prospera, y que no están simplemente biológicamente determinados.

Una cierta corriente pro-prostitución parece contemplar con placer el día en que todos nuestros impulsos y otras necesidades sexuales imperiosas – tanto las de las mujeres como las de los hombres – sean adecuadamente “servidas” por el sexo comercial. El único problema, como ha señalado maliciosamente Sheila Jeffreys, es cómo encontrar los millones de hombres y jovencitos que estarían dispuestos a meterse en la cama y dejar que las mujeres les penetraran con múltiples objetos de todo tipo, o a dejarse fotografiar en posiciones ridículas o degradantes.

La prostitución es posible porque existe el poder de los hombres como clase dominante sobre las mujeres. Los pocos hombres que están en la prostitución lo están normalmente al servicio de otros hombres, e incluso cuando son las mujeres sus clientes este intercambio comercial no refleja menos las desigualdades de clase, de raza, de edad o de otras relaciones de poder entre la persona que compra y la que es comprada. Pero lo más importante es que la prostitución de los individuos hombres no debilita jamás el poder de los hombres en tanto que clase, mientras que la prostitución de las mujeres es un resultado directo del estatuto subordinado de las mujeres y contribuye a perpetuarlo. Ciertamente, las desigualdades de clase y especialmente las de raza operan también en muchas otras situaciones de trabajo y de empleo. Pero la prostitución, más que un “trabajo”, es “la reducción más sistemática e institucionalizada de las mujeres a un sexo” (Barry, 1995). Un documento, emitido por la ONU en 1992, reconoce el impacto de la prostitución sobre las mujeres en tanto que clase: “Reduciendo a las mujeres a una mercancía susceptible de ser comprada, vendida, apropiada, intercambiada o adquirida, la prostitución ha afectado a las mujeres en tanto que grupo. Ha reforzado la ecuación establecida por la sociedad entre mujer y sexo, que reduce a las mujeres a una menor humanidad y contribuye a mantenerlas en un estatuto de segunda categoría en todo el mundo” (Tomasevski, 1993).

El derecho a la libertad de expresión

El sistema prostitucional, que incluye la pornografía y la industria de entretenimiento sexual bajo todas sus modalidades, es defendido como arte erótico o como resultado de la libertad y la expresión sexuales. Se invoca entonces el ejercicio del derecho a la libertad de expresión. Mujeres que hacen striptease y otros espectáculos han afirmado incluso extraer un sentimiento de poder del hecho de que su persona se mantiene inaccesible, mientras que su puesta en escena las hace deseables sexualmente a los ojos de los espectadores masculinos. De hecho, no es cierto que los hombres no puedan tener relaciones sexuales cuando ellos quieren; millones de mujeres y de niños en todo el mundo son víctimas del tráfico y encauzadas hacia establecimientos de prostitución, de forma que los hombres puedan precisamente tener relaciones sexuales cuando y como quieran, sin ninguna restricción. Se impone y se compra el sexo; los crímenes sexuales de violación, incesto, acoso sexual, están extendidos por todas partes: hay una violación cada seis minutos en Estados Unidos, cada minuto y medio en Africa del Sur.

Si la prostitución fuera una forma de libertad y expresión sexual para las mujeres, entonces ellas deberían estar en condiciones de decidir y reclamar los actos sexuales que se realizan en la prostitución. Obviamente, este no es el caso. De hecho, aunque la prostitución es una de las cuestiones de género más debatidas, estas discusiones no versan casi nunca sobre la sexualidad en la prostitución. Cuándo un cliente alemán de una prostituta filipina quiere tomar una foto para mostrar a sus amigos en su país “las dos cosas que mejor se hacen en Filipinas” -una botella de cerveza en la vagina de una mujer- ¿de quién es la sexualidad que está siendo expresada? Cuándo un grupo de hombres paga a una mujer para eyacular simultáneamente sobre ella ¿qué sexualidad es esa? Cuando Patpong (calle animada de Bangkok, en Tailandia, donde se encuentran los sex-clubs para turistas) ofrece “establecimientos de mamadas” y programas de diversión que buscan clientes para “minino hace pingpong, minino levanta banana, minino fuma puro, show gran consolador, pescado introducido en ella, huevo introducido en su coño, larga berenjena introducida en su coño” (Odzer, 1994), o incluso espectáculos de cuchillos y hojas de afeitar en las vaginas de las mujeres, éstas son versiones vivientes de las imágenes de la gigantesca industria pornográfica, en la que se muestran granadas de mano en las vaginas de las mujeres, ratas vivas saliendo de ellas y perros penetrando mujeres: ¿es esto “un entretenimiento para adultos”, una distracción sexual, una liberación sexual? De hecho, es cierto que la libertad de expresión está siendo ampliamente ejercida aquí, pero ¿de quién es la sexualidad que se está expresando y cuáles son los enunciados ideológicos que se están emitiendo sobre las mujeres? Lo que se está afirmando aquí es una voluntad masculina de deshumanizar a las mujeres.

Está claro que la sexualidad era y sigue siendo un terreno político, donde se continúa haciendo la guerra a las mujeres, como lo muestran claramente prácticas como la violación, la mutilación de los órganos genitales femeninos, la falta de acceso a la contracepción, la discriminación contra las lesbianas, la pornografía, o incluso los “snuff” films, donde los actos sexuales culminan con la muerte real de las mujeres. En esta guerra, la prostitución es un campo de batalla central donde las mujeres en tanto que clase son reducidas a un sexo, donde su humanidad es negada, y donde ellas se encuentran entregadas a todas estas prácticas.

Pretender promover la libertad sexual de las mujeres sustrayendo la prostitución y la pornografía a la dominación masculina, y a una ideología y práctica sexuales que se fundan en el odio a las mujeres, es falaz y pone a las mujeres en peligro. Y mientras que a aquéllas y aquéllos que claman a favor de la prostitución les gusta presentarse a sí mismos como “pro-sexo” y acusan a sus oponentes de ser “anti-sexo” o “puritanos”, es muy significativo que ellos no cuestionen jamás los presupuestos fundamentales del patriarcado, ni las normas y prácticas sexuales masculinas. Ello implica ser cómplice de estos presupuestos y estas prácticas, o al menos aceptar el postulado ideológico de que los hombres tienen una inmensa necesidad “natural” de sexo, incluyendo las formas citadas anteriormente, que deben ser satisfechas a cualquier precio. Una vez más, este punto de vista ignora voluntariamente la construcción social y cultural de las concepciones y comportamientos sexuales.

Ser “pro-sexo” es oponerse a la prostitución reivindicando y reconstruyendo una sexualidad que defienda la vida, el respeto al otro y el beneficio mutuo, y si es heterosexual, basada en la igualdad de género. Esta es, de lejos, la posición más revolucionaria; la posición “pro-prostitución” es pura y simplemente la de la acomodación al sistema masculino que ya está vigente.

El derecho a no ser prostituida

Los verdaderos derechos humanos que todas las mujeres deben disfrutar comienzan por el derecho a no ser discriminadas por razón de su sexo, derecho que está recogido en los principales documentos oficiales de derechos humanos. La prostitución viola este derecho, porque es un sistema de extrema discriminación de un grupo de seres humanos, que es puesto en situación de servidumbre sexual por y en beneficio de otro grupo de seres humanos, y no se puede negar que son las mujeres y las niñas, históricamente y en una creciente mayoría, quienes son prostituidas. La prostitución viola el derecho a la integridad física y moral, por la alienación de la sexualidad de las mujeres que es apropiada, envilecida y convertida en una cosa que se compra y se vende. Viola la prohibición de la tortura y de todo castigo o tratamiento cruel, inhumano o degradante, porque las prácticas de “entretenimiento” sexual y de la pornografía, así como las ejercidas por los clientes, son actos de poder y de violencia sobre el cuerpo femenino. Viola el derecho a la libertad y a la seguridad, y la prohibición de la esclavitud, del trabajo forzado y del tráfico de seres humanos, porque millones de mujeres y niñas de todo el mundo son mantenidas en régimen de esclavitud sexual para atender la demanda de sus consumidores masculinos, más numerosos que ellas aún, y para generar beneficios para los capitalistas del sexo. Viola el derecho a disfrutar de un buen nivel de salud física y mental, porque la violencia, las enfermedades, los embarazos no deseados, los abortos en condiciones insalubres y el sida, presentan riesgos graves para las mujeres y adolescentes que están en la prostitución y las impiden tener una conciencia positiva de su propio cuerpo y una relación sana con él.

Aceptar o promover la prostitución como una organización social inevitable de la sexualidad, o como un trabajo apropiado por las mujeres, supone negar los esfuerzos para alcanzar niveles más elevados en materia de derechos humanos, comprendidos los derechos humanos de las mujeres, tal y como éstos han sido enunciados, por ejemplo, en la plataforma de acción de Beijing. Y aunque incluso ahí, el lobby por el reconocimiento de categorías aceptables de prostitución ha hecho progresos, utilizando los términos de prostitución “forzada” y prostitución “libre”, el documento presentado no es totalmente consistente y evidencia una persistente falta de convicción en esa proposición. La incompatibilidad de la prostitución con la idea de libertad y de una verdadera autodeterminación sexual es claramente enunciada en la plataforma de acción : “Los derechos humanos de las mujeres incluyen su derecho a controlar y decidir de forma libre y responsable en los dominios relativos a su sexualidad, incluyendo la salud sexual y reproductiva, libre de coerción, discriminación y violencia. Las relaciones igualitarias entre hombres y mujeres en materia de sexualidad y reproducción, incluyendo el respeto a la integridad de la persona, requieren respeto mutuo, consentimiento y responsabilidad compartida en el comportamiento sexual y sus consecuencias”.

La prostitución debe ser reconocida no sólo como una parte, sino como un fundamento del sistema de subordinación patriarcal de las mujeres. Las feministas tienen el deber de imaginar un mundo sin prostitución, lo mismo que hemos aprendido a imaginar un mundo sin esclavitud, sin apartheid, sin infanticidio ni mutilación de órganos genitales femeninos. A fin de cuentas, las relaciones de género deben ser reestructuradas de tal forma que la sexualidad pueda ser una experiencia de la intimidad humana y no una mercancía que se compra y se vende.



(Artículo publicado en Manila, en agosto de 1997)
 

FUENTE: http://www.aboliciondelaprostitucion.org/textos/DO_ART_ceciliahofman97manila.doc

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01/11/2007 GMT -6

España debate sobre prostitución desde la perspectiva de género

piezasdeaocho @ 10:25

España debate sobre prostitución desde la perspectiva de género

Urgen medidas para no criminalizar a quienes la ejercen

Por Julia López

Madrid, Es, 2 oct 07 (CIMAC/AmecoPress).- En las primeras jornadas internacionales sobre Explotación sexual de mujeres en Catalunya hubo un consenso en avanzar en medidas concretas que no criminalicen a las prostitutas.

Celebradas en el colegio de Abogados de Barcelona, fueron organizadas por la Comisión de investigación de Malos Tratos a Mujeres, con el apoyo de la Plataforma de Organizaciones de Mujeres por la Abolición de la prostitución y la inauguración contó las palabras de Victoria Sau, que analizó la prostitución como uno de los pilares del sistema patriarcal.

Según las organizadoras del evento, la prostitución y la trata son dos fenómenos íntimamente ligados que merecen un debate social. Cuatro millones de mujeres y niñas al año son victimas de la trata, de las cuales más de medio millón son europeas.

El último informe de las Naciones Unidas reconoce que la demanda de prostitución es la responsable del incalculable aumento de la industria del sexo y de la explotación sexual de las mujeres.

“Estas jornadas se realizaron con motivo del Día Internacional contra la Esclavitud Sexual, para debatir entre asociaciones feministas como acabar con las relaciones de poder, desigualdad social y dominación que históricamente vienen ejerciendo los hombres contra las mujeres.

La prostitución es la principal muestra y tenemos que considerarla como un de acto de violencia machista socialmente tolerado y aceptado”. Con estas palabras definía Sara Vicente, una de las responsables de la organización, el marco de las jornadas, en las que durante dos días asistieron unas 400 personas, la mayoría, representantes de asociaciones feministas, de ONG y grupos de apoyo a las prostitutas, así como algunas representantes de asociaciones de prostitutas.

PROSTITUCIÓN COMO VIOLENCIA

Destacó la conferencia de Lee Lakeman, feminista canadiense, responsable de la asociación de centros regionales de agresión sexual, que trabaja con víctimas de violación y agresión sexual desde 1973, y un día llego a la conclusión de que “la prostitución era una forma de violencia contra la mujer, y que el feminismo tenía que actuar”.

También fue muy interesante la conferencia sobre las consecuencias de la violencia sexual contra las mujeres, de la psicoanalista y psicoterapeuta argentina, Magdalena Álvarez.

“EL CLIENTE”

La jornada de clausura del sábado se dedicó a analizar la figura del “cliente” desde el punto de vista del análisis feminista, y se inició con la conferencia de Rosario Carracedo, abogada e integrante de la plataforma por la abolición.

Esclarecedora sobre este tema fue la intervención de la médica y psicoterapeuta Consuelo Barea, en su participación en la mesa: “La construcción de la sexualidad masculina”, que como en anteriores ocasiones desmitifico muchos de los mitos de la “masculinidad”.

Igualmente interesante fue también la mesa redonda sobre este tema en la que participaban Hubert Dubois, periodista y cineasta que ha realizado algunos documentales sobre la prostitución y los clientes, y el catedrático y escritor Carlos Paris.

Lourdes Muñoz, diputada del PSC y Merce Pigem, diputada de CIU, explicaron los resultados de la Comisión de trabajo del Congreso que ha presentado el “Plan de Erradicación de la Prostitución” y que suponen se aprobará en el Parlamento dentro de dos meses.

“Han sido dos años de trabajo serio, de consultar a todos los agentes implicados en la prostitución, incluidas prostitutas -explicaba Pigem- y de estudiar a fondo los informes de investigación de la policía, la guardia civil y de los organismos de atención a las mujeres, y hemos conseguido un consenso total entre todos los partidos, menos el Partido Popular (PP), para que este plan se apruebe y se empiecen a desarrollar las medidas que prevé”.

Pigem, después de las airadas intervenciones en el posterior debate de algunas prostitutas en la sala, explicó que reconocía que su partido, Convergencia i Unió se equivocó cuando en el 2000, intento “regular” la actividad del comercio del sexo en los lugares públicos de Cataluña.

“Pero hay que tener en cuenta, como reconocerá mi compañera Lourdes Muñoz, que también se habían equivocado antes los socialistas en el 95, al despenalizar la actividad de los proxenetas”.

“Este tema ya se ha solucionado en la reforma del Código Penal del 2003, pero llevamos unos 15 años de retraso para tomar medidas efectivas, que ha provocado la proliferación de actividad, por ejemplo, en Gerona, en las carreteras y en las autopistas que salen de Francia, y en el crecimiento de actividad mediante parapetos casi legales, como hoteles y clubs de alterne”.

REGULACIÓN BENEFICIA A REDES

El tema de la “criminalización” de las prostitutas –que las lleva a una mayor marginación y vulnerabilidad– y la tolerancia e invisibilidad de los clientes provocaron numerosas intervenciones de los participantes, sobre todo, de representantes de diversas asociaciones de apoyo a la prostitución.

“La prostitución es un tema muy complejo –explicaba Lourdes Muñoz– detrás del que hay potentísimos intereses económicos.

Están en juego las actividades de una red de economía sumergida, se benefician los medios de comunicación con sus anuncios de contactos, empresas de ocio y multitud de proxenetas. Visto el panorama, las mujeres objeto de las transacciones son la minúscula parte del negocio, la que menos dinero recibe, la más débil, y la que normalmente no tiene otras alternativas de vida”.

En las jornadas aunque se habló principalmente de abolición, se puso sobre la mesa un análisis profundo de la reglamentación o de la antigua política prohibicionista (medidas legales y tajantes dirigida principalmente contra las mujeres) y de las consecuencias de una pretendida regulación.

“Reglamentarismo y prohibicionismo participan de la idea común de que la prostitución es un mal inevitable, que ocasiona daños a la moralidad, a la salud pública y a la seguridad”.

“Y siendo consideradas las mujeres, en ambos supuestos, responsables exclusivas de este mal, las previsiones del sistema legal actúan sobre y contra ellas, en el primer caso sometiéndolas a un intenso control en el ejercicio de la prostitución, en combinación con efectivas medidas de represión contra las que escapan al sistema, en el segundo ejercitando la represión contra todas ellas” dijo Asunción Miura.

Miura, experta que forma parte de la Comisión de Investigación y que defiende una intervención integral siempre teniendo en cuenta la situación y el “futuro” de las afectadas, estimuló la protesta airada de algunas de las presentes, como la de Margarita Carreras, prostituta que defiende el ejercicio libre de su actividad, muy conocida mediáticamente por sus apariciones televisivas.

“No se puede decir que se defiende a las prostitutas y tolerar a la vez la persecución y represión a la que nos someten las policías autonómicas de ayuntamientos como el de Madrid o el de Barcelona. Se nos está poniendo multas de 600 euros y se nos trata como delincuentes”, aseguró.

Miura respondió explicando que la ordenanza municipal no se dirigía específicamente contra la prostitución sino que pretendía “regular los usos de la vía pública”, y que ella también estaba de acuerdo en que la intervención debía ser en contra del proxenetismo, que “efectivamente, como ha dicho una de las presentes, se sabe perfectamente donde está”.

Algunas ponentes explicaron que el modelo reglamentarista sin excepción, incluidas las versiones más actuales, se asienta sobre el confinamiento de la prostitutas en espacios cerrados donde la prostitución es tolerada, viven aisladas, están identificadas e invisibilizadas para la sociedad.

Así se manifestaron Lara Padilla, de Alecrín o Lidia Falcón, del Partido Feminista: “Una normativa a favor del cliente y del proxeneta, que al calificar la actividad como un acto delictivo, convierte a la persona que se prostituye en delincuente, y favorece su exclusión y marginación, y las mantiene bajo control de sus contratadores, pero interesa a ciertos gobiernos, porque garantiza a la hacienda pública la participación en los beneficios económicos que derivan de la explotación sexual de las mujeres y al proxenetismo, un lavado de cara convirtiéndolos en exitosos y envidiados empresarios de ocio”.

PROFESIÓN Y FORMACIÓN PROFESIONAL

La óptica del derecho al trabajo es otra de las argumentaciones de las asociaciones que defienden la “regulación laboral de las trabajadoras del sexo”, término popularizado en algunos países latinoamericanos que reconocen que teniendo en cuenta que las opciones económicas ofrecidas a las mujeres emigrantes o nativas de países pobres son miserables, la prostitución puede ser una alternativa, y que en todo caso, “es un trabajo que no perjudica a nadie, porque las dos partes más directamente concernidas se ponen de acuerdo sobre lo que pasará en el intercambio sexual”.

Para Magdalena González, por cuya consulta han pasado cientos de prostitutas, alega que se desconoce un hecho esencial: “si las mujeres sufren frecuentemente violencias en la prostitución, no es simplemente porque las leyes no las protejan, o porque sus condiciones de trabajo no son las que debieran ser, sino porque los actos que se ve abocada a hacer en cumplimiento del deseo del cliente, la afectan físicamente, pero sobre todo a su “yo” como persona”.

En consecuencia, dijo, “la violencia y la degradación, incluso sin llegar a la acción, son condiciones inherentes a la sexualidad prostitucional. Está comprobado que la prostituta no puede decir no, y si se niega, por ejemplo, a relacionarse sin preservativo, siempre habrá alguna que accederá a esa demanda. Es por tanto otra mujer, más vulnerable, quien sufrirá los daños”.

Algunas de las presentes preguntaron por qué no se luchaba por imponer el modelo sueco, que “aunque necesitaron 20 años de presión para que se reconociera la prostitución como abusiva con respecto a la mujer, sus argumentos fueron comprendidos por la sociedad”.

Feministas y políticas argumentaban que los chicos que crecieran en una cultura en la que la prostitución fuera aceptable se formarían una opinión perjudicial y discriminatoria de la mujer y las relaciones sexuales, podrían acabar convirtiéndose en un obstáculo para la igualdad entre hombres y mujeres.

Otras, ironizaban diciendo que si “la prostitución es una profesión, tendría que diseñarse una formación profesional adecuada”.

DE INVISIBLE A RESPONSABLE, HABLA EL CLIENTE

La asignatura pendiente en nuestro país es visibilización y penalización del cliente: “¿Donde están, quiénes son, qué piensan?”, se preguntaban algunas de las presentes. “Si se calcula que 300 mil mujeres son prostituidas anualmente en España, hay alrededor de un millón y medio de hombres que diariamente consumen sexo mediante pago”.

Esta era la preocupación de uno de los ponentes del sábado, Hubert Dubois, que se preguntaba, por qué en el debate sobre la prostitución se hablaba siempre con las prostituidas, y nunca sobre los clientes, no se sabía su estatus social, su manera de pensar.

“Y hay que tener en cuenta que sin clientes no hay prostitución. Son la clave de la cuestión –precisaba Dubois– y es necesario sensibilizar, hablar con ellos, evitar que sigan siendo invisibles”.

Dubois ha realizado algunos documentales sobre el tema de la prostitución internacional para cadenas francesas de televisión, y el último que ha presentado, en el que entrevista a varios clientes, no ha sido nada bien recibido: “me comentaron que aún no era el tiempo de hablar sobre los clientes”.

Para Carlos París es una “falacia hablar del término cliente en la relación de prostitución. Hay que nombrarle como prostituidor y desenmascararlo como colaborador activo en el negocio de la prostitución. La interesada leyenda áurea y romántica sobre la prostitución ha hecho mucho daño, así como la falsa libertad de la actividad o la capciosa representación relación trabajadora-cliente”.

París protestaba por que se considerara como personas reprimidas a los defensores del sexo como algo importante, de relaciones sexuales libre entre personas. “Precisamente el convertir el sexo en un producto de consumo más, degrada a las personas, y deshumaniza a los mismos hombres, que se animalizan, se refugian tras el anonimato para desahogar sus instintos animales; ¿es eso la modernidad, volver a la vida de las cavernas?”, ironizaba París.

El debate de estas jornadas, fue rico y fructífero, y las organizadoras reconocieron que “recién” se esta empezando un activismo positivo, “queda mucho camino por recorrer”.

Pero hay que valorar que el debate sobre prostitución desde la perspectiva de género “ha conseguido abrirse paso en nuestro país, insertándose en buena parte del tejido asociativo y en el estado de la opinión pública, existiendo cada vez más ciudadanas y ciudadanos os que visualizan y analizan la prostitución como una práctica de violencia contra las mujeres y niñas y por ende una práctica de desigualdad, y que lejos de ser normalizada y amparada debe ser desmovilizada y reprobada, como lo ha sido la violencia en las relaciones de pareja”.

FUENTE: http://www.cimacnoticias.com/site/07100211-Espana-debate-sobre.30539.0.html

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