Testimonio: Entrevista a Carmen Ifrán
23 de Septiembre, Día contra la Explotación Sexual: ''La primera vez caes por la más grande de las inocencias''
Por Sonia Santoro | 27.9.2006 Artemisa Noticias
Carmen Ifrán fue una de las detenidas por las jornadas de protesta ante la Legislatura porteña del 16 de julio de 2004. Pasó catorce meses en prisión, quedó libre y ahora aguarda el comienzo del juicio oral del próximo 3 de octubre. En el marco del Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, ella cuenta su historia, sus comienzos de empleada en casa de una familia judía y su relación con un caballero muy apuesto que la enamoró para prostituirla. La fuga, la lógica del sexo como trabajo y una pregunta latente: ¿es posible pensar el fin de la protitución?
“Abrí la puerta de mi casa y habían vendido todo, desde mi ropa hasta el ultimo plato y cubierto. Con qué iban a vivir un año y dos meses”. Ese fue el tiempo en que Carmen Ifrán estuvo presa y en el que su hijo, su nuera y su nieto –todos menores de edad-, tuvieron que sobrevivir a fuerza de comerse, literalmente, su propia casa. Ifrán tiene 57 años y una vida plagada de experiencias de prostitución. Hizo la calle y vivió en las comisarías, como era costumbre cuando los edictos policiales estaban vigentes. El 16 de julio de 2004 fue a protestar a la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires en contra de la aprobación de un Código Contravencional represivo para la prostitución, entre otros temas. Fue detenida, junto a otras 14 personas, por privación ilegitima de la libertad agravada, daños agravados y coacción agravada. El 3 de octubre comienza el juicio oral, en el que se determinará el destino de esta mujer que se considera rehén y víctima del Estado: “primero por no poder elegir, y segundo por no resignarme a querer salir de la calle y tener un futuro distinto”.
Su procesamiento –como el de los demás- había sido dictado por la jueza Silvia Ramond, del Juzgado de Instrucción 37. El fallo de la Sala V de la Cámara del Crimen porteña, presidida por los jueces Guillermo Navarro, Mario Filosof y Rodolfo Pociello Argerich, confirmó lo actuado por Ramond y estableció que más allá de avalar “el derecho de expresión y de peticionar ante las autoridades”, la Constitución Nacional no ampara “la intimidación, las lesiones, la quema de edificios públicos, los daños y, claro está, no protege los hechos de violencia”. En septiembre del año pasado, el Tribunal Oral 17 los liberó. El delito más grave que se les imputó es el de coacción agravada, que contempla de 5 a 10 años de prisión.
Ifrán relató su 16 de julio varias veces. Salió de Flores junto a la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR-Capital) y cuando llegó a la Legislatura los incidentes más grandes habían terminado. Cuando se iba, la policía la detuvo junto a Marcela Sanagua, otra compañera. Estuvieron cuatro días en la cárcel de Madariaga en Lugano, sin comer, bañarse ni comunicarse con nadie. Al cuarto día las llevaron a Ezeiza.
Ifran estuvo detenida en un pabellón al que llaman “cachivache” porque es una zona de peleas frecuentes entre las veintisiete mujeres detenidas.
-¿Cómo fue llegar a la cárcel?
- Cuando llegamos al penal, tenía mucho miedo. Esa no era la calle. Nunca estuve en una cárcel.-Pero enseguida te hiciste un lugar, estabas en el pabellón más bravo…
-Sí. Pero son denominaciones que se dan. No es tan así. Cuando llegamos al penal, Marcela (Sanagua) estaba más nerviosa y yo estaba muy intranquila porque vos afuera escuchás que llegás al penal y te violan, te golpean… Después de pasar las rejas y las revisaciones -hasta ahora estoy incómoda con eso, tantas vigilantes tuvieron mi vagina en su cara-, nos paramos en el pabellón, todas camas cuchetas, todas se asomaban y nos miraban… Yo dije: “Acá a mí nadie me iba a violar pero a Marcela…”.-…Que es joven y linda
-Hermosa. Ella me agarraba de la mano y me decía: “Mami no me sueltes”. En ese momento, se paró una piba alta y nos dice: “¿De dónde vienen?” Le digo: “Venimos de los piquetes, somos las de la Legislatura”. “Ah, pero ustedes son las piqueteras”, me dijo y se levantó enseguida. Fuimos bien recibidas. Yo lo único que quería era bañarme, imaginate después de 4 días no me soportaba el olor. Enseguida llovieron jabones, toallas, mates… Salimos de bañarnos, charlamos y les explicamos y era obvio que habíamos caído por estar peleando contra la Policía Federal, así que no caímos mal; vos caés mal cuando son infanticida, buchona (que a alguna de las de adentro la hayas mandado presa). Por explotación de menores, las demás son todas delincuentes. Si hay peleas dentro del penal se originan ahí porque no me gustó tu cara, porque me tocaste la pava o porque te metiste con la pareja de alguna, que es algo que tenés que respetar a full.-¿Tuviste alguna pelea?
-Tuve una discusión con una gitana que se llamaba Moira. Viste esas personas que regentean los pabellones. Yo ya llevaba un tiempito presa y que una quiere la cama y que se la vamos a dar, que no, que sí. Entonces, yo digo: “Escuchame una cosa, esto es un penal, las camas son de la yuta”. “¿Y vos quien sos?”, me dijo. “Yo soy yo”, le dije. Entonces, la gitana agarra un zapato y se me viene con las otras dos. Yo pelé pa’l baño, arranqué la puerta y le dije “vení”, no me quedaba otra. Cuando vieron que saqué la puerta del baño y las esperaba –no hay más nada para pelear, las camas estaban atadas al piso- mis compañeras me decían que no peleara, iba a perder todo, iba a ir a un tubo. Quedó ahí. Esa fue la única pelea que tuve en el penal.
-¿Qué es lo que más sufriste?
-Todo. Sufrís las 24 horas porque estás con mucha gente con mucho dolor. A pesar de que esas personas hayan cometido o no delitos, no soy quien para juzgarlas pero el dolor ahí está escrito en las paredes. El dolor más grande es el llanto de una madre por ni siquiera poder enterrar a un hijo, y pasó varias veces. En la noche no hay detenida que no llore a su madre, a su hijo, que no hable dormida.-¿Quién te visitaba?
-Organismos de derechos humanos, mi compañera Sonia (Sánchez), dos compañeras mías de la calle y un travesti amigo.-Cuando te trasladaron a la cárcel, te enteraste de que ibas a quedar detenida hasta el juicio oral. Eso fue un golpe tremendo.
-Nosotras fuimos al penal por 10 días, eso fue lo que nos dijeron. Se transformaron en un año y dos meses.-¿Cuándo supiste que ibas a salir?
-Nunca. Unas semanas antes habíamos empezado la huelga de hambre. Porque estábamos injustamente presos. Mi sufrimiento dentro del penal fue por mi hijo y por Marcela, porque lo demás lo superaba. Yo soy un animalito de hábito, me adapto muy pronto a las pérdidas y a las ganancias. Así que yo hasta creía que íbamos a estar cinco años presas. Bueno todavía no sé qué va a pasar, solo quiero confiar. Todavía estamos con el cargo de coacción agravada.A pocos días del ansiado y temido juicio, Ifrán hizo circular una carta abierta donde plasmaba su intríngulis personal frente al oficio “desesperado” en el que trabaja desde hace casi 40 años y criticaba al Estado por llevarla presa porque protestaba por sus derechos. En la carta dejaba un teléfono, el de la Asamblea “20 de diciembre”, de Flores, un espacio donde come, trabaja y duerme desde su salida del penal 3 de Ezeiza, hace casi 13 meses.
Desde entonces, durante 6 horas diarias, atiende el teléfono. Es ella quien atiende a esta cronista y pone cita en su territorio, un barrio que conoce como pocas y del que intenta no salirse hasta que no pase el juicio. Es ella quien abre las puertas de esta casa antigua algo desvencijada. Tiene la misma voz ronca que recordaba de la cárcel, la sonrisa pronta –apenas con algunos dientes menos-, el pelo más rubio y largo e idéntica autoridad venida de quién sabe de todas las idas y las vueltas de su vida.
Su historia comenzó hace 57 años en Montevideo, Uruguay. En las cuatro paredes levantadas por una familia clase media, de padre carnicero y madre empleada de una familia “importante”, los Montserrat. Carmen fue siempre la rebelde de la familia, cuenta. Tanto, que sin haber cumplido los 17 ya estaba cruzando el charco, con los documentos de una prima mayor de edad.
Buenos Aires la recibió bien. Pronto estaba trabajando de empleada doméstica en la casa del escritor Enrique Pavón Pereira, luego en la empresa Blanco y Russo en la que preparaba comidas para los bancos. Después estuvo en la casa de una familia judía hasta que se le dio por querer trabajar con retiro, empezó a vivir en hoteles, y su historia cambió: “Ahí conocí a un caballero muy apuesto”, se ríe. “Yo veía que la hermana de él, mi cuñada, venía con plata y contaba, contaba y contaba. Hasta que pasado un tiempo él me dijo: ‘Por qué no trabajás con mi hermana así nos compramos un departamentito’; él tenía un Gordini podíamos comprarnos un Peugeot…”.
-¿El que te decía que hacía?
-Me decía que era mozo, porque a veces a la noche no venía. Yo era totalmente inocente, tenía casi 20 años. No conocía la prostitución. Y ahí empecé, ahí se me explicó de lo que iba a trabajar…-Pero cuando te lo explicó, ¿qué pensaste?
-Viste cuando estás enamorada y creés que todo es color de rosa y tenés todos los sueños. Caí. La primera vez caes con la más grande de las inocencias.-¿Cuál era el arreglo con él?
-Ninguno, que trabajáramos y juntáramos la plata, la supuesta plata de él más la mía con mi cuñada. Mi cuñada me llevó, me explicó. Era en la calle, en Constitución. Yo me paré, no sé si lo tomé primero como una gracia, instalarme con esos tacos tan altos, con aquella pollera, mi pelo largo negro, tenía 20 años y no había quién no pasara y me dijera algo, tenía juventud, lo más lindo de la vida. Me acuerdo que mi primer cliente era tan gordo y tan maloliente que me llevó a casi vomitar. Pero qué pasa, vos ese momento lo mitigas ¿con qué? Eran 5 pesos, era plata, ibas al supermercado y te comprabas todo, te comprabas ropa y te sobraba. Hice mucha plata en una noche, llegué cansada y tenía mi baño preparado, mi ropa pronta. “Querida vamos a cenar”. Íbamos a Lavalle a jugar a las maquinitas. Y él se iba a Los 36 billares. Pero pasó mucho tiempo hasta que me di cuenta que a Los 36 billares se llevaba mi plata, a las maquinitas se llevaba mi plata. Después ya empecé a estar presa. Empecé a escuchar a las chicas, a los dos meses estaba con todas las luces prendidas. Empecé a hacer preguntas, empecé a cobrar, ahí sí ya sabía que estaba siendo explotada pero entré en un marco del cual no podía salir libremente.-¿Dijiste alguna vez “basta”?
-Sí, después de tres años, y me tuve que escapar. Conocí a uno de los primeros travestis, Karina Pintarelli y otro travesti más. Me dicen “venite a vivir con nosotros” a Matheu 233. Estoy 2 o 3 meses con ellos y ahí quedé, ya no salí más de la calle. Ya estaba integrada. Ya había pasado los 21, los 21 de nosotros eran muy jugados, eran tantos días que estábamos detenidas en el Departamento Central de Policía que ya jugábamos a las cartas, era nuestra casa por 21 días. De repente salías a las 9 de la mañana con 21 días y a las 5 de la tarde ya estabas fichando de vuelta con otros 21. La prostitución y estar presa lo tomás como parte de una vida, de una cosa que estás trabajando ilegalmente, era sabido que todo era ilegal, pero a vos no te importaba porque se ganaba mucho dinero. Yo ganaba 500 o 600 diarios.-¿Eso más allá de las coimas?
-En ese momento era el momento - hasta los `90 y pico- más grande de las coimas; al Departamento Central tenía que pagar 400 pesos por semana, 300 a la comisaría, más 15 o 20 o 30 que te sacaban los móviles. Pero vos no lo sentías porque había trabajo. Aparte acá en Flores llegaríamos a las 20, con 2 travestis, porque todavía no existían, no había la competencia que hay ahora.-¿Tuviste un hijo?
-Sí, a los 38 años, a Maxi, con una relación que se habló. Yo salía con un chico muy joven y le dije que quería tener un bebé.-Pero seguiste sola
-Sí, yo no quería porque él tenía 19 y yo 38.-¿Cómo fue criarlo?
-Yo creo que nunca crié a mi hijo porque viví presa. Me perdí su primer diente, su fiebre, sus primeros pasos. Maxi siempre se crió con una señora, durante 14 años. Yo nunca le hice faltar nada, llegaba y la heladera llena, tuvo casi todo, todo, todo. Pero yo nunca estuve con él. Hasta ahora todavía no estoy con él.-Decías que a pesar de haber manejado plata siempre quedaste en cero.
-Es que ganas tanto dinero que lo gastas.-Cuando saliste de la cárcel ¿cómo pensaste en sobrevivir?
-Algunos clientes míos me llaman por teléfono, sigo ejerciendo la prostitución de alguna manera. No estoy en la calle porque estoy procesada. Pero si pudiera volver después del juicio, sí porque yo todavía tengo muchas cosas que reparar.-¿Por qué a pesar de que decís que siempre se termina pobre encontras en esto la salida?
-Es que ahora con 350 pesos que gano –y agradezco– estoy sufriendo de prohibirme mil cosas. Quiero terminar la casa de mi hijo, quiero hacer cantidad de cosas, malcriar a mis nietos, cambiar el alambrado…
-¿Nunca se jubilan las prostitutas?
-Ya soy grande, pero hacemos un recorrido por la calle y hay compañeras con 70 años.-¿Vos te pusiste una fecha tope para dejar?
-Si yo tuviera un trabajo que pasara los 700 pesos, el tope te lo digo ahora, yo ya no quiero trabajar más. Antes no me sentía obligada, pero ahora sí. Ya rechazo mi cuerpo, vamos teniendo pérdidas, incomodidades, ya no quiero estar con 3 o 4 hombres por noche porque mi cuerpo, yo, lo estoy rechazando. Y encima que el prostituyente cada vez quiere más cosas, si fuéramos un colador no nos quedaría ni el asa (risas) para que nos metan…
-Se dice que fuiste madama.
-Eso se dice, lo que pasa es que al llevar tantos años en la calle, las pibas me buscan para que las ayude cuando no las dejan trabajar. Si hubiese sido cafiola, mi casa no sería lo que es, estoy en la miseria total. Yo estuve procesada por eso, hace 7 u 8 años. Tampoco fue así. Tantos años parada en la esquina es obvio que, decidimos, tenés cierto poderío. A mí siempre me tuvieron respeto. Yo voy caminando por la calle y dicen “ahí viene la Carmen”. Siempre me planté, no te digo que soy buena peleadora porque me he llevado mis buenas palizas, pero siempre me planté, con mujeres, con cafiolos. Hasta los travestis me dicen: “Allá viene el puto Carmen”.-¿Por qué te sentís doblemente rehén del Estado?
-Una, por lo del 16 de julio, porque somos inocentes. Y otra por haber ejercido la prostitución y haber cumplido tantas condenas de 21 días sin haber existido un artículo por el cual nosotras deberíamos estar presas. Y ese 16 de julio fuimos por lo mismo, para no volver a eso.-En estos días se anunció la creación de centros sanitarios para las prostitutas de La Plata, ¿qué opinas?
-Es lo más correcto aunque mejor sería que nosotras las prostitutas tendríamos que tener conciencia de que el ginecólogo es parte de nuestro trabajo, la culpa es nuestra por no educarnos.-Pero va a ser un control sobre las prostitutas.
-Sí, me preocupa que sepan donde vivimos… Pero el problema es la mala educación.-¿Vos cómo supiste cuidarte?
-A mí me tocó una barita mágica porque el profiláctico para los años '80 y '90 no se usaba. Y no me contagié nada.-¿Te consideras trabajadora sexual? ¿Estás agrupada a alguna de las organizaciones que agrupan a quienes ejercen la prostitución?
-No, yo soy independiente. Yo creo que es un trabajo, yo digo: “Chicos, me tengo que ir a trabajar”. Mi cartera está muñida de profilácticos y las cosas que necesito para ir a trabajar, ¿vos qué llevas?, tu celular y tu lapicera, sos una periodista. Pero tengo una contradicción porque no quiero que se tome como un trabajo normal. Yo hubiera tenido más coraje si hubiese sido cartonera pero la calle me llevó y en algún punto me gustó. Tampoco hay opciones de trabajo, no hay trabajo para gente con estudios, menos va a haber para nosotros. Los travestis también tienen que ejercer la prostitución, qué otra salida laboral tienen ¿va a haber una fábrica para travestis? ¿Qué mozo de bar va a ser con pelo colorado y la cola que se le cae por los tobillos? No es lo ideal pero es.-¿Es una utopía pensar que se puede acabar con la prostitución?
-Hay que organizarse entre las prostitutas para pelear juntas pero el objetivo máximo de las organizaciones debería ser que se acabe con la prostitución.-¿Lo crees posible?
-Es un sueño. La prostitución se va a ejercer siempre. Por eso es un trabajo.-Pero es un trabajo un tanto peligroso.
-Es un trabajo pero no es un trabajo digno, es una opción desesperada. Yo hubiese preferido ser una puta con muchos amantes porque habría hecho el amor porque me gustaba, y no ser hoy una prostituta con tantos problemas, avergonzándome con mis experiencias, para qué quiero experiencia de prostituta, dónde lo cuento. Yo hasta ahora, desde que salí del penal, no tuve el coraje de preguntarle a mi hijo qué piensa de mí. No se lo voy a preguntar.-¿El nunca te dijo nada?
-El tiene 20 años. Yo antes era trabajadora, toda mi vida decía que trabajaba en geriátricos pero hoy todos saben que tiene una madre prostituta. Si se lo imaginaban antes no sé, pero ahora lo saben. Por eso digo que la prostitución es uno de los trabajos más duros. La sociedad debería comprendernos un poco.-¿Por qué crees que la sociedad condena a las prostitutas y no al que consume?
-Porque somos mujeres y somos marginadas.-¿Crees que los travestis tienen una experiencia distinta, más glamorosa?
-Yo les digo que ellos nos robaron nuestra identidad. Por eso festejan (risas). Es una broma. No, yo hablo con ellos y ellos tienen miedo de quedar solos. Ellos me han dicho: “Para una puta vieja siempre va a haber un marido, para un puto viejo no.”-¿Vos te pudiste enamorar?
-No, quién puede amar a una prostituta, no tenemos nada para dar. No hay amor para una prostituta y yo no puedo sentir amor por nadie si me tengo que ir a acostar con otros.-Tenés que jubilarte.
-Me tengo que jubilar, conseguir el amor –dice Ifrán, entre risas. Todavía no es algo de lo que pueda hablar seriamente.
FUENTE: http://www.artemisanoticias.com.ar/site/notas.asp?id=31&idnota=2900


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del.icio.us
Por Natalia Bore, corresponsal en Madrid











